Autor: AdminWp

  • ‘La comunidad cristiana sea acogedora, no una secta exclusiva’.

    El papa Francisco llegó este miércoles a la plaza de San Pedro en el jeep abierto, para la catequesis con miles de peregrinos que allí le esperaban para la audiencia, con cantos, saludos y sobre todo entusiasmo.  Invitó a reforzar el vínculo entre parroquia, familia y comunidad.
    El buen tiempo, después de un verano que en Europa fue muy caluroso, favoreció el encuentro. Como es costumbre el vehículo del Santo Padre pasó entre los corredores, saludando y en varias ocasiones haciendo detener el jeep para bendecir a algún niño.
    El Pontífice latinoamericano recordó a los presentes que en los evangelios, la asamblea de Jesús toma la forma de una familia acogedora, no el de una secta exclusiva para privilegiados. Y que la “familia y la parroquia son dos lugares en los que se realiza aquella comunión de amor que encuentra su última fuente en el mismo Dios”.
    En sus palabras en español el Francisco dijo: “Esta mañana reflexionamos sobre la íntima relación que hay entre la familia y la comunidad cristiana: la Iglesia es una familia espiritual, casa de los que creen en Jesús y viven según sus enseñanzas, y la familia, una pequeña Iglesia doméstica, escuela de amor a Dios y al prójimo”.
    “De los grandes eventos de la historia del mundo solo queda el recuerdo en los libros. La historia de los afectos de las personas, en cambio, se conserva en el corazón de Dios y se inicia en la familia. Esa es la historia que cuenta”.
    “Así lo experimentó Jesús, Hijo de Dios, que nació en una familia y en ella, por 30 años, aprendió la condición humana, en la sencillez de una dura vida de trabajo, en una aldea insignificante”.
    “Cuando inició su vida pública, quiso formar a su alrededor una comunidad, una ‘Asamblea’, una con-vocación de personas: esa es la Iglesia. No la quiso como una secta para privilegiados, sino como una familia hospitalaria, una casa donde todos, sin exclusión, fueran acogidos y amados. Es indispensable, pues, que la Iglesia y la familia caminen juntas como testigos de la comunión de amor, cuya fuente última es Dios mismo”.
    A continuación saludó “a los peregrinos de lengua española, a todos los grupos provenientes de España y de otros países latinoamericanos, en particular al grupo de la Academia Superior de la Policía de Colombia. Roguemos al Señor, por intercesión de María, Madre del Buen Consejo, que renueve y fortifique con su gracia el vínculo entre la familia y la comunidad cristiana, para que sigan ofreciendo esperanza y alegría a nuestra sociedad actual, que a menudo no les da el valor suficiente. Muchas gracias”.
    Ciudad del Vaticano, 09 de septiembre de 2015 (ZENIT.org) Sergio Mora

  • Apertura Encuentro de Pastoral Vocacional Europa Martillac, 15 a 19 de julio de 2015

    Mis primeras palabras son de acogida y agradecimiento a cada uno/a por haber aceptado la convocatoria y estar aquí para participar de este encuentro. Deseamos vivir durante estos días una experiencia de Familia y reavivar juntos el Don que hemos recibido. Lo hacemos en el lugar geográfico de nuestros orígenes y bajo la mirada de Ntra. Sra. de Todas las Gracias, del  Fundador y de los primeros miembros de nuestra Familia. El contexto en sí mismo nos es favorable.
    Tenemos algunos objetivos para estos días:
    Evaluar el recorrido que hemos hecho desde 2013 
    Tener un espacio de reflexión sobre nuestra vivencia del Don (Carisma)
    Tomar conciencia de nuestra responsabilidad como miembros de la Familia.
    Sensibilizarnos y animarnos en la urgencia de transmitir nuestro Carisma
    Quiero comentar este último objetivo: “Sensibilizarnos y animarnos en la urgencia de transmitir nuestro Carisma”.
    Pienso que esta sensibilización y animación tienen que venir de dentro de cada uno de nosotros hacia fuera, de lo contrario podemos permanecer, aun dentro de este encuentro,  como “consumidores” o “espectadores” de lo que nos ofrezca el Equipo que lo  ha preparado. Si conseguimos pasar de ser espectadores a “participantes activos”, esto cambiará todo. Cuando lo que está en juego nos afecta directamente, cuando toca nuestra  historia, los deseos profundos, los valores que dan sentido a la vida, el futuro… entonces, la manera de vivirlo y de participar será muy diferente.
    Puedo preguntarme  ya desde el comienzo con relación al Carisma Sagrada Familia,  ¿me siento personalmente “tocado” por el Carisma?  ¿Me considero responsable de este Don?
    Creo que todos hemos experimentado en algunas circunstancias, haber pasado de ser espectadores a ser protagonistas. Cuando dimos ese salto, todo cambió. Pasamos de teorizar sobre… a sentirnos implicados porque nos afectaba directamente.
    Con el Carisma puede sucedernos algo semejante. Puedo mantenerme en una distancia prudente donde no estoy fuera pero tampoco muy dentro. Asumir propuestas sin entrar a fondo. Elegir aquello que me resulta interesante, sugerente o práctico… Esta postura no basta y no satisface porque el Carisma, que es nuestro  modo específico de vivir el Evangelio,  es una Buena Noticia que cambia la vida, la transforma y da sentido a nuestra Misión en el mundo situándonos de una determinada manera como personas y como Familia.
    En este punto podemos preguntarnos si nuestro Carisma – nuestra vocación – es una cosa a más entre las muchas que ya ocupan nuestro día a día o si es la referencia  que, de diversas formas lo colorea todo, lo articula todo.
    La Sagrada Familia nació para dar respuestas nuevas a una sociedad en cambio, a abrir un camino nuevo, a responder ágilmente a necesidades que no podían esperar. La prontitud del Fundador y de los primeros miembros de la Familia para responder a las necesidades de su tiempo es remarcable. ¿Sentimos nosotros  la misma urgencia para responder, allí donde estamos,  a las necesidades de la sociedad? ¿Tenemos hoy  el mismo ardor apostólico, la misma disponibilidad, la misma implicación que ellos tuvieron entonces? ¿Cómo está nuestro deseo de compartir el Don del Carisma del que no somos propietarios exclusivos? Siempre tenemos que recordarnos de que el Carisma es Don a compartir con otros.
    Esto no quiere decir que tenemos que hacer proselitismo.  Los que por gracia estamos llamados  a vivir este Don y a compartirlo,  lo tendremos que hacer,  sobre todo por “contagio”, por nuestra calidad de vida, presencia y actuación allí donde estamos. Tenemos que ser como “ascuas” que aún debajo de las cenizas contagian su fuego y calor a lo que les rodea. Conocemos cuál es el contexto social en que nos movemos.  Es ahí donde somos llamados a ser “ascuas”.
    No es cuestión de número sino de que los que estamos y los que vengan, seamos los más coherentes posible con lo que decimos ser, es decir con los valores evangélicos que inspiran nuestra espiritualidad al contemplar  la Sagrada Familia – Dulce imagen de la Trinidad – y las primeras comunidades cristianas. “Ser y hacer Familia”, como lo comprendemos hoy –  abrazando todo lo creado –  es una dimensión ineludible cuando asumimos la Misión recibida y escuchamos los gritos de la Humanidad y del Planeta.
    La revitalización viene de la pertenencia, de la apropiación personal y colectiva de este Don, de la llamada común a ser UNA “Familia” que abraza todo lo creado. La vitalidad vendrá también de compartir el Don con otros y otras que se sientan llamados.
    ¿Me descubro apasionado por lo que vivo y comparto con los otros miembros de la Familia de PBN? ¿Me siento comprometido, implicado en el proyecto común? ¿Tengo expectativas, sueños, propuestas para esta Familia?
    Si vivimos con pasión  lo que somos, tenemos condiciones  de contagiar y transmitir el Don recibido.
    Nuestra tarea no es crear la Familia de Dios, de esto Dios se encarga, lo nuestro es hacerla visible ya.
    Anna Maria Alcalde

  • «Sean testigos del amor misericordioso de Jesús», el Papa a los religiosos de Bolivia

    En el discurso, que el Papa había preparado con anterioridad para este momento, reflexionó sobre el Evangelio de Marcos donde se lee la experiencia del ciego y mendigo Bartimeo que llamó a Jesús a gritos y recuperó la vista:…Y en el relato del Evangelio de Marcos hemos escuchado también la experiencia de otro discípulo, Bartimeo, que se unió al grupo de los seguidores de Jesús. Fue un discípulo de última hora. Era el último viaje, que el Señor hacía de Jericó a Jerusalén adónde iba a ser entregado. Ciego y mendigo, Bartimeo estaba al borde del camino, más exclusión imposible, marginado, y cuando se enteró del paso de Jesús, comenzó a gritar, se hizo sentir, como esa buena hermanita que con la batería se hacía sentir y decía: “!aquí estoy!”. Te felicito, tocas bien.
    En torno a Jesús iban los apóstoles, los discípulos, las mujeres que lo seguían habitualmente, con quienes recorrió durante su vida los caminos de Palestina para anunciar el Reino de Dios. Y una gran muchedumbre. Si traducimos esto forzando el lenguaje, en torno a Jesús iban los obispos, los curas, las monjas, los seminaristas, los laicos comprometidos, todos los que lo seguían, escuchando a Jesús, y el pueblo fiel de Dios.
    Dos realidades aparecen con fuerza, se nos imponen. Por un lado, el grito, el grito de un mendigo y por otro, las distintas reacciones de los discípulos. Pensemos las distintas reacciones de los obispos, los curas, las monjas, los seminaristas a los gritos que vamos sintiendo o no sintiendo. Parece como que el evangelista nos quisiera mostrar, cuál es el tipo de eco que encuentra el grito de Bartimeo en la vida de la gente y en la vida de los seguidores de Jesús. Cómo reaccionan frente al dolor de aquél que está al borde del camino, que nadie le hace caso, no más le dan una limosna, de aquél que está sentado sobre su dolor, que no entra en ese círculo que está siguiendo al Señor.
    Son tres las respuestas frente a los gritos del ciego, y  hoy también estas tres respuestas tienen actualidad. Podríamos decirlo con las palabras del propio Evangelio: Pasar, Cállate, Ánimo, levántate.
    1. Pasar, pasar de largo y algunos porque ya no escuchan. Estaban con Jesús, miraban a Jesús, querían oír a Jesús, no escuchaban. Pasar es el eco de la indiferencia, de pasar al lado de los problemas y que éstos no nos toquen. No es mi problema. No los escuchamos, no los reconocemos. Sordera, eh. Es la tentación de naturalizar el dolor, de acostumbrarse a la injusticia, y sí, hay gente así: yo estoy acá con Dios, con mi vida consagrada, elegido por Jesús para el ministerio y sí, es natural que haya enfermos, que haya pobres, que haya gente que sufre, entonces ya es tan natural que no me llama la atención un grito, un pedido de auxilio.  Acostumbrarse y nos decimos: es normal, siempre ha sido fue así, ‘mientras a mí no me toque’, pero eso entre paréntesis, ¿no? Es el eco que nace en un corazón blindado, en un corazón cerrado, que ha perdido la capacidad de asombro y por lo tanto, la posibilidad de cambio. ¿Cuántos seguidores de Jesús corremos este peligro de perder nuestra capacidad de asombro, incluso con el Señor? Ese estupor del primer encuentro como que se va degradando, y eso le puede pasar a cualquiera, le pasó al primer Papa: ¿adónde vamos a ir Señor si tú tienes palabras de vida eterna? y después lo traicionan, lo niega, el estupor se le degradó. Es todo un proceso de acostumbramiento. Corazón blindado. Se trata de un corazón, que se ha acostumbrado a pasar sin dejarse tocar; una existencia que, pasando de aquí para allá, no logra enraizarse en la vida de su pueblo, simplemente porque está en esa “elite” que sigue al Señor.
    Podríamos llamarlo, la espiritualidad del zapping. Pasa y pasa, pasa y pasa pero nada queda. Son quienes van atrás de la última novedad, del último best seller pero no logran tener contacto, no logran relacionarse, no logran involucrarse incluso con el Señor que están siguiendo porque la sordera avanza ¿eh?.  
    Ustedes me podrán decir: «Pero esa gente estaba siguiendo al Maestro, estaban atentos a las palabras del Maestro. Lo estaban escuchando a él». Creo que eso es de lo más desafiante de la espiritualidad cristiana. Como el evangelista Juan nos lo recuerda, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? (1 Jn 4, 20b). Ellos creían que escuchaban al maestro pero también traducían, y las palabras del Maestro pasaban por el alambique de su corazón blindado. Dividir esta unidad –entre escuchar a Dios y escuchar al hermano- es una de las grandes tentaciones que nos acompañan a lo largo de todo el camino de los que seguimos a Jesús. Y tenemos que ser conscientes de esto. De la misma forma que escuchamos a nuestro Padre es como escuchamos al Pueblo fiel de Dios. Si no lo hacemos con los mismos oídos, con la misma capacidad de escuchar, con el mismo corazón, algo se quebró.
    Pasar sin escuchar el dolor de nuestra gente, sin enraizarnos en sus vidas, en su tierra, es como escuchar la Palabra de Dios sin dejar que eche raíces en nuestro interior y sea fecunda. Una planta, una historia sin raíces, es una vida seca.
    2. Segunda palabra: Cállate. Es la segunda actitud frente al grito de Bartimeo. Cállate, no molestes, no disturbes, que estamos haciendo oración comunitaria, que estamos en una espiritualidad de profunda elevación, no molestes, no disturbes. A diferencia de la actitud anterior, esta escucha, esta reconoce, toma contacto con el grito del otro. Sabe que está y reacciona de una forma muy simple, reprendiendo. Son los obispos, los curas, los monjes, los Papas del dedo así, ¿eh? En Argentina decimos de las maestras del dedo así, ésta es como la maestra del tiempo de Irigoyen que estudiaban la disciplina muy dura. Y pobre pueblo fiel de Dios, cuántas veces es retado, por el mal humor o por la situación personal de un seguidor o de una seguidora de Jesús. Es la actitud de quienes frente al pueblo de Dios, lo están continuamente reprendiendo, rezongando, mandándolo callar. Dale una caricia, por favor, escúchalo, dile que Jesús lo quiere: “no, eso no se puede hacer, señora, saque al chico de la iglesia que está llorando y yo estoy predicando”. Como si el llanto de un chico no fuera una sublime predicación.
    Es el drama de la conciencia aislada, de aquellos discípulos y discípulas que piensan que la vida de Jesús es sólo para los que se creen aptos. En el fondo hay un profundo desprecio al santo pueblo fiel de Dios: “este ciego qué tiene que meterse que se quede ahí”. Parecería lícito que encuentren espacio solamente los «autorizados», una «casta de diferentes» que poco a poco se separa, diferenciándose se diferencia de su pueblo. Han hecho de la identidad una cuestión de superioridad. Esa identidad que es pertenencia se hace superior, ya no son pastores sino capataces: “yo llegué hasta acá, ponte en tu sitio”. Escuchan pero no oyen, ven pero no miran. Me permito un anécdota que viví hace como.. – año 75, en tu diócesis, en tu arquidiócesis- yo le había hecho una promesa al Señor del Milagro de ir todos los años a Salta en peregrinación para El Milagro si mandaba 40 novicios. Mandó 41. Bueno, después de una concelebración – porque ahí es como en todo gran santuario, misa tras misa, confesiones y no paras- yo salía hablando con un cura que me acompañaba, que estaba conmigo, había venido conmigo, y se acerca una señora, ya a la salida, con unos santitos, una señora muy sencilla, no sé, sería de Salta o habrá venido de no sé dónde, que a veces tardan días en llegar a la capital para la fiesta de El Milagro: “Padre, me lo bendice” -le dice al cura que me acompañaba-.  Señora usted estuvo en misa: sí padrecito. Bueno, ahí la bendición de Dios, la presencia de Dios bendice todo, todo, las… Si, padrecito, sí padrecito.. Y después la bendición final bendice todo. Si, padrecito, si padrecito”. En ese momento sale otro cura amigo de éste pero que no se habían visto, entonces: ¡Oh! vos acá – se da vuelta y la señora que no sé cómo se llamaba, digamos, la señora ‘si padrecito’ me mira y me dice: “Padre, me lo bendice usted”. Los que siempre le ponen barreras al pueblo de Dios, lo separan.  Escuchan pero no oyen, le echan un sermón, ven pero no miran. La necesidad de diferenciarse les ha bloqueado el corazón. La necesidad, consiente o inconsciente, de decirse: yo no soy como él, no soy como ellos, los ha apartado no sólo del grito de su gente, ni de su llanto, sino especialmente de los motivos de alegría. Reír con los que ríen, llorar con los que lloran, he ahí, parte del misterio del corazón sacerdotal y del corazón consagrado. A veces hay castas que nosotros con ésta actitud vamos haciendo y nos separamos. En Ecuador, me permití decirle a los curas que por favor – también estaban las monjas- que por favor pidieran todos los días la gracia de la memoria, de no olvidarse, de no olvidarse, de dónde te sacaron, te sacaron de detrás del rebaño, no te olvides nunca, no te la creo, no niegues tus raíces, no niegues esa cultura que aprendiste de tu gente porque ahora tienes una cultura más sofisticada, más importante. Hay sacerdotes que les da vergüenza hablar su lengua originaria y entonces se olvidan de su quechua, de su aymara, de su guaraní: “porque no, no, ahora, hablo en fino”. La gracia de no perder la memoria del pueblo fiel y es una gracia. El Libro del Deuteronomio, cuántas veces Dios le dice a su Pueblo: “no te olvides, no te olvides, no te olvides. Y Pablo a su discípulo predilecto, que él mismo consagró obispo, Timoteo, le dice: “Y acuérdate de tu madre y de tu abuela, ¿eh?”. O sea.
    3. La tercera palabra: Ánimo, levántate. Y este es el tercer eco. Un eco que no nace directamente del grito de Bartimeo, sino de la reacción de la gente que mira cómo Jesús actuó ante el clamor del ciego mendicante. Es decir, aquellos que no le daban lugar al reclamo de él, no le daban paso o alguno que lo hacía callar. Claro, cuando ve que Jesús reacciona así, cambia. Levántate, te llamo.
    Es un grito que se transforma en Palabra, en invitación, en cambio, en propuestas de novedad frente a nuestras formas de reaccionar ante el Santo Pueblo fiel de Dios.
    A diferencia de los otros, que pasaban, el Evangelio dice que Jesús se detuvo y preguntó qué pasa, ¿quién toca la batería? Se detiene frente al clamor de una persona. Sale del anonimato de la muchedumbre para identificarlo y de esta forma se compromete con él. Se enraíza en su vida. Y lejos de mandarlo callar, le pregunta: decime ¿Qué puedo hacer por vos? No necesita diferenciarse, no necesita separarse, no le echa un sermón, no lo clasifica y le pregunta si está autorizado o no para hablar. Tan solo le pregunta, lo identifica queriendo ser parte de la vida de ese hombre, queriendo asumir su misma suerte. Así le restituye paulatinamente la dignidad que tenía perdida, al borde del camino y ciego. Lo incluye. Y lejos de verlo desde fuera, se anima a identificarse con los problemas y así manifestar la fuerza transformadora de la misericordia. No existe una compasión. Una compasión, no una lástima. No existe una compasión que no se detenga. Si no te detienes, no padeces con, no tienes la divina compasión. No existe una compasión que no escuche. No existe una compasión que no se y solidarice con el otro. La compasión no es zapping, no es silenciar el dolor, por el contrario, es la lógica propia del amor, el padecer con. Es la lógica que no se centra en el miedo sino en la libertad que nace de amar y pone el bien del otro por sobre todas las cosas. Es la lógica que nace de no tener miedo de acercarse al dolor de nuestra gente. Aunque muchas veces no sea más que para estar a su lado y hacer de ese momento una oportunidad de oración.
    Y esta es la lógica del discipulado, esto es lo que hace el Espíritu Santo con nosotros y en nosotros. De esto somos testigos. Un día Jesús nos vio al borde del camino, sentados sobre nuestros dolores, sobre nuestras miserias, sobre nuestras indiferencias. Cada uno conoce su historia antigua. No acalló nuestros gritos, por el contrario se detuvo, se acercó y nos preguntó qué podía hacer por nosotros. Y gracias a tantos testigos, que nos dijeron: «ánimo, levántate», paulatinamente fuimos tocando ese amor misericordioso, ese amor transformador, que nos permitió ver la luz. No somos testigos de una ideología, no somos testigos de una receta, o de una manera de hacer teología. No somos testigos de eso. Somos testigos del amor sanador y misericordioso de Jesús. Somos testigos de su actuar en la vida de nuestras comunidades.
    Y esta es la pedagogía del Maestro, esta es la pedagogía de Dios con su Pueblo. Pasar de la indiferencia del zapping al «ánimo, levántate, el Maestro te llama» (Mc 10,49). No porque seamos especiales, no porque seamos mejores, no porque seamos los funcionarios de Dios, sino tan solo porque somos testigos agradecidos de la misericordia que nos transforma.

  • IX Asamblea Plenaria de la Federación Bíblica Catolica – Nemi

    Participé de la Novena Asamblea Plenaria de la Federación Bíblica Católica, Internacional (FEBIC) que ha tenido lugar en el Centro Ad Gentes (SVD) en Nemi (Italia), del 18 a 23 de junio de 2015.
    La Asamblea Plenaria es la instancia suprema de gobierno de la Federación. Se trató de un encuentro de delegados/as que representan a los miembros plenos y asociados y que normalmente se convoca cada seis años. Implica al mismo tiempo una parte administrativa y otra sobre un tema específico.
    El tema que nos convocó fue: La Escritura: Fuente de evangelización   ”Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos”  (1 Jn 1,3)
    Un pasaje de la primera Carta de san Juan, se enmarca en la reflexión sobre la Sagrada Escritura como fuente de evangelización, al cumplirse el quincuagésimo aniversario de la promulgación de la Constitución dogmática sobre la Divina Revelación Dei Verbum.
    Hemos participado 136 delegados de la FEBIC, representando a nuestras respectivas Instituciones. El Informe presentado por cada Región, nos ayudó a conocer el trabajo que realizan al servicio de la Palabra de Dios, en diferentes partes del mundo y las realidades dolorosas (guerras, censuras, prohibiciones…)  por las que atraviesan algunos países.
    Nos encontramos mujeres y hombres, (laicas/os, consagradas/os, sacerdotes, obispos y el Cardenal Luis Antonio Tagle, arzobispo metropolitano de Manila (Filipinas), actual presidente de FEBIC) llegados de los cinco continentes. La pluralidad de participantes le dio un matiz colorido, de mucha riqueza, que nos hizo experimentar y celebrar la unidad en la diversidad.

    Entre otras cosas, tuvimos la alegría de ver y escuchar al Papa Francisco quien nos ha recibido el viernes 19 de junio, por la mañana en la Sala del Consistorio.
    Esta asamblea, desarrollada en un clima de familiaridad y cercanía, ha significado un gran impulso para que la Biblia continúe siendo fuente de vida y de evangelización. 
    Agradezco de corazón haber podido participar de esta Asamblea, representando a la Conferencia Argentina de Religiosas y Religiosos (CONFAR).
    Hna. Zulema Frank, Comunidad de Bs. As., Argentina

  • ¿QUÉ OIMOS EN FLORIDA DE LIÉBANA?

    Florida de Liébana, Salamanca, es la última fundación que la provincia de España ha hecho en una zona rural. Las hermanas llevan allí unos cuantos meses y comparten con nosotras sus primeras impresiones.
    En estos pocos meses que llevamos viviendo hemos oído diferentes sonidos, unos vienen del exterior, otros se perciben interiormente.
     
    Encima del campanario está el gran nido que la cigüeña ha hecho ramita a ramita. Nos han dicho que llevan unos años que, por el cambio climático, ya no emigran. Cuando “castañea” o “macha el ajo” es decir, abre y cierra el pico fuertemente semejante a un ruidoso aplauso en los días que está incubando, significa que le pide a la cigüeña macho que le lleve comida. Ahora tienen dos crías y es un placer ver cómo les da de comer.
    Oímos el viento, con frecuencia fuerte, que hace ondular los campos de trigo y de colza hasta hace poco de un amarillo intenso; los otros cultivos, garbanzos y sobre todo maíz están de pocos centímetros.
    Oímos los pájaros con una algarabía alegre en las mañanas y las tardes; algunos tienen sus nidos en nuestro tejado.
    Hemos oído, en los encuentros de formación, la crudeza de los planes económicos, agrarios y comerciales que solo buscan favorecer las empresas transnacionales y las ganancias con los bienes comunes de la humanidad necesarios para la vida y que tanta muerte conllevan. Y al mismo tiempo constatamos el caudal de resistencia a nivel local y global que promueve la defensa de la Tierra y la soberanía de los pueblos, con movilizaciones, campañas informativas y de presión en los organismos internacionales que solo sirven a los intereses de poder y, sobre todo, vivir de otro modo.
    Estamos oyendo Voces de Mujeres. En el día de Homenaje a la Mujer Rural vimos cómo las mujeres han sostenido históricamente la vida en todos los pueblos y concretamente en esta zona descubrimos los oficios que han sustentado la vida: silleteras (haciendo sillas), hilanderas de lana, costureras, parteras, valeadoras (en la trilla), las que recogían las gavillas, llamadas atiñas, las reposteras, en la matanza del cerdo, además de todas las tareas cotidianas.
    En algunos pueblos que visitamos se oye la soledad de los mayores, con calles desiertas y casas cerradas, pero una vez que entramos en contacto oímos cómo las historias del pasado, las familiares y sociales, con memorias alegres y dolorosas y con sus fotos, son vivencias que dan sentido. Algunas veces los hij@s que viven lejos, no se hacen presentes como ellos quisieran. Percibimos cómo el pueblo es como una familia, sienten la compañía entre vecinas, saben de sus penas y alegrías y, si pueden, se ayudan. Además de lo local, oyéndoles, descubrimos también que tienen criterios sobre la situación que vivimos en nuestro país. Siempre son conversaciones vitales.
     
    En un encuentro de formación para consolidar las redes de productor@s y consumidor@s, vimos el documental titulado, “La sabiduría de la Tierra. Mujeres 9 baserritarras” que os invitamos a ver, fácilmente se encuentra con el buscador de internet: https://www.youtube.com/watch?v=3e5Ns3IsaIA. Descubrimos el proceso de concienciarse, empoderarse y llevar a cabo diferentes proyectos productivos.
     
    Cada vez vamos escuchando más cómo hemos de ir creando nuevas relaciones entre el mundo urbano y el rural, una realidad ya en algunos lugares. Hay una historia ocultada pero real, que no sale en los medios de comunicación habituales, que nosotras hemos de buscarla y descubriremos las causas que impiden la vida, como hemos expresado en la Asamblea de la Unidad. En otros videos de pocos minutos como “Mujeres campesinas y andaluzas. Entre la tradición y la lucha” o en “Campesinas, semillas de cambio”, en Centroamérica, podemos disfrutar al ver y oír procesos interiores que valoran otra forma de vivir y todas, aquí y allí, gozan y gozamos en la vida cotidiana.
     
    Como iglesia de Salamanca estamos en un proyecto de tres años, la Asamblea diocesana. En nuestro pueblo hemos empezado la primera fase con una llamada a una renovación espiritual y lo que se pretende es llegar a la renovación pastoral y estructural, una buena noticia donde esperamos que las voces de las mujeres sean escuchadas.
     
    Hace unos años expresamos la prioridad de ir evolucionando hacia la nueva cosmovisión en donde se nos despiertan esos sentidos a veces dormidos, la Tierra habla y, en el medio privilegiado que es el mundo rural, la estamos oyendo. Desde la llamada a vivir en actitud de éxodo permanente, estamos explorando nuevas posibilidades para implicarnos en iniciativas a favor de la vida y como expresión de nuestro carisma de comunión.
    25 de mayo de 2015
    Comunidad de Florida de Liéba

  • Mis 25 años de júbilo en Filipinas

    Realmente ¡el tiempo vuela! ¡Me parece que llegué ayer à Filipinas! ‘Tempus fugit’- ¡Es verdad!  Las Hermanas de mi Provincia natal decían que yo huía. Me preguntaron por la razón de mi decisión, tratando de adivinar. Pero se equivocaban.
    Cuando yo era joven religiosa nunca pensé en ir a un país de misión, como les ocurre a otras Hermanas. Viví con las misioneras; aprendiendo de ellas; apreciando sus personalidades y su dedicación al pueblo de Dios, a nosotros los nativos de cualquier categoría o tierra de donde proviniéramos. A finales de los años 70, las hermanas de las dos Provincias de Sri Lanka se propusieron ir al Pakistán como misioneras. Me preguntaba acerca de su decisión, y apreciaba la puesta en común de sus experiencias vividas, pero nunca pensé en ser una de ellas. Coincidió que, en 1987, cuando Pushpam Gnanapragasam, que entonces era Consejera General organizó una sesión “Noailles” en Wennappuwa de un mes de duración. Aunque no tenía gran interés, decidí participar. Durante esos días, me entregué por completo al estudio, la reflexión de las «Fuentes» y a escuchar a las Hermanas.
    En una reunión se nos pidió seleccionar una de las características de nuestro querido fundador Pedro Bienvenido Noailles. Me impresionó su unión con Dios y su «desprendimiento», de sí mismo y de todo lo que estaba cerca y querido de su corazón. Llegaron a la superficie mis pequeños y grandes apegos a mi trabajo, a las personas, al buen nombre y a la fama. Tuve una fuerte sensación de que debía hacer algo heroico para probar a Dios mi amor y mi adhesión a Él. «Deja todo y ves», fue la suave voz que me impulsó desde dentro durante todo el tiempo. Pero, ¿dónde y cómo? Oré y oré,  y finalmente opté por las misiones. Aunque, la primera vez, se rechazó mi petición, lo solicité por segunda vez y se me concedió. Ese fue el comienzo de mi largo camino. Mary SLAVEN, entonces nuestra Líder General, durante una de sus visitas, me preguntó si tenía alguna objeción para ir a Filipinas. En mi fuero interno yo prefería algún país africano. «¿Por qué debo elegir»? Me dije a mí misma, y estuve de acuerdo en ir a Filipinas en octubre 1989. Pero no era tan fácil de dejar todo lo que yo había atesorado en mi corazón.
    Aunque me mantuve firme, valiente en mi decisión, tenía un miedo enorme de realizar este salto en la oscuridad y hacia lo desconocido. Sin embargo, también tenía esperanza de que el mismo Señor que siempre había estado junto a mí, continuaría caminando conmigo. El proceso de mi integración fue impactante: el color de la gente, la lengua que hablaban, etc. hacía que me sintiera aturdida. Pero lo que hizo que realmente me considerara pequeña y humilde fue, que la gente, incluso sabiendo que yo era todavía nueva, me hablaba en tagalo. ¡Sentí como si el mundo se  derrumbara! Sin embargo, el espíritu acogedor, las gentilezas encantadoras del pueblo filipino y, sobre todo, la compañía de nuestras Hermanas era algo muy consolador. Me di cuenta de que necesitaba ser paciente conmigo misma y con los demás.
    BULAN fue mi primera Comunidad, con otras dos Hermanas Eithne y Vivian como pioneras. Vivíamos en una casa alquilada y después de un año, nos mudamos a otra casa, construida en un terreno del “CEMENTERIO” asignado únicamente a los ocupantes ilegales, con quienes compartimos nuestra vida. En tal ambiente era posible establecer relaciones simples, para llegar a conocer a las personas, sus creencias, valores y todo lo demás. Teníamos un montón de tiempo, pero no sabíamos qué hacer con nosotras mismas, lo cual fue una experiencia muy frustrante durante bastante tiempo.
    La suerte fue tener un buen pastor, Fr. Anghel. Era nuestro párroco que  nos dijo que las tres podíamos unirnos a los Moderadores Pastorales para hacer la ronda visitando las subestaciones, pero sin hacer nada especial.  Con el tiempo pudimos participar en algunas actividades e ir tomando gradualmente la plena responsabilidad del Ministerio de Catequesis, y la formación de 180 catequistas. Recuerdo los días en que fuimos de casa en casa para pedir algo de dinero y arroz para alimentar a los catequistas durante sus seminarios mensuales. Seguí realizando el Ministerio de la Catequesis en las 4 Comunidades donde me asignaron.
    Estudié el idioma, aunque interesante, cuando se trataba de la conversación, a menudo me quedaba atascada. Dudaba en abrir la boca hasta que tenía toda la frase perfectamente correcta de acuerdo con la gramática, mientras que algunas de mis compañeras, bien o mal, se expresaban. Hubo momentos en que solíamos cometer errores horribles y después nos reíamos. Una vez, cuando una Hermana me preguntó el nombre de mi maestra compañera  de viaje en el barco, en lugar de decir la señora Hermosa, me recuerdo a mí misma diciendo «Mrs. Tsismis- «, que significa la señora “chisme». Todas tuvimos la oportunidad de estudiar la lengua oficial hablada en todo el País. Pero después de estudiar el nuevo idioma con toda la ilusión, nos enviaron a otra Región, donde se hablaba un dialecto. ¡Fue algo frustrante! ¡Paciencia! ¡Paciencia!
    Yo solía disfrutar en las reuniones que se hacían para seminarios,  celebraciones y acontecimientos como bodas y funerales, donde nos reuníamos y conocíamos a mucha gente. Los filipinos son personas de corazón muy cálido, y una vez que confían en ti, comparten sus alegrías y tristezas, y son fieles hasta el final.
    Filipinas es un país en el que casi el 87 por ciento de la población se declaran católicos, pero la mayoría de ellos son católicos de nombre incluso sin los conocimientos básicos de la doctrina cristiana. El número de sacerdotes y religiosos no está en proporción con el gran número de laicos. De ahí la necesidad de que haya más laicos capacitados para ministerios pastorales y catequéticos. Se espera que las Comunidades Eclesiales de Base,  respondan a estas necesidades.
    Los filipinos son muy conocidos por su hospitalidad y generosidad. Independientemente de que se trate de ricos o pobres siempre se da la bienvenida al extranjero. Especialmente durante las fiestas, todos son bienvenidos a participar en la comida familiar, incluso sin ser invitado. Hay un dicho que expresa la generosidad filipina: «el cielo es el límite». Allí aprendí la Espiritualidad de la «espera» y la celebración de la vida, aunque posean pocas cosas, viven llenos de alegría y gratitud diciendo: ‘Salamat sa Dios’ (Gracias a Dios) ‘Sa awa ng Dios’ (Por la misericordia de Dios) son las palabras que a menudo se oyen caer de sus labios. Su piedad y fe son muy simples. Puede que no sepan bien el Catecismo, pero aman al Señor y a su Madre bendita como si todavía estuvieran vivos y los vieran con sus ojos.
    Es difícil poner en unas pocas páginas lo que he experimentado en un cuarto de siglo. No he perdido nada por estar en las Misiones, pero he ganado todo lo que no tendría si hubiera realizado mi ministerio tradicional. Hay un tiempo para todo. Todas las cosas buenas llegan a su fin, como nuestra vida terrenal. Ahora, al volver a mi Provincia de origen, mi equipaje no me pesaba mucho, pero sí mi corazón, lleno de todo tipo de recuerdos del país de Misión. Mi camino continuará como había sido planeado desde la eternidad. Un misionero no es más que un peregrino, esta es mi experiencia. En medio de todo tipo de situaciones y sentimientos, la llamada es: buscar a Solo Dios en todo y en cada situación.
     
    Salamat sa iyo O Dios, Mabuhay Pilipinas!
    Sr. Aquinas

  • Una experiencia “fuera”, ha cambiado mi vida.

    Soy Jean MARILAG, una chica muy sencilla que provengo de una familia humilde de la ciudad de San Isidro. Mis padres son agricultores. Mi madre me enseñó el temor de Dios y a no olvidarme de Él en mi vida diaria, suceda lo que suceda. Pero yo no tenía ni idea de quién es Dios. Sólo sabía que Jesús sacrificó todo por el pueblo, pero yo no sabía por qué. Entré en el convento cuando tenía 17 años, sin ningún conocimiento de la Biblia ni de la vida religiosa. En aquel momento sentí que estaba como flotando en el aire y pensé en mi familia que se enfrenta a problemas en casa. Por lo tanto, pedí salir.
    He pasado tres años fuera sin tener la menor idea de lo que iba a hacer. Fui a trabajar, porque mi hermano lo necesitaba  para poder estudiar. En mi puesto de trabajo, como dependienta de ventas, me encontré con mucha gente y conversaba con ella todos los días. Fue una experiencia  que me hizo paciente, humilde, atenta, aprendí a estar presente, a ser consciente en mis palabras, en mis acciones, a ser realista en mi vida, a tener lealtad y confianza en mí misma. Gané en conocimiento y comprensión, lo que me hizo madurar. Tuve que afrontar diferentes retos  que me fortificaron. La gente que he ido conociendo son ahora mis amigos. Veo que Dios quiere que yo sea una mujer sólida. Es el modo que Dios me ofrece para que vaya aprendiendo más cosas sobre la realidad de la vida.
    Muchas veces, durante este periodo, pensé si yo estaría hecha para la vida religiosa. Mis pensamientos me llevaron a hablar con Dios sobre mi vida. Siempre le dije: Jesús, yo seré lo que tú quieres que sea. Mi experiencia laboral me ayudó a aprender a controlarme, en cualquier circunstancia y sobre todo aprendí a tomar tiempo para pensar antes de actuar. El trabajo me ayudó a sostenerme sobre mis propios pies, a ser valiente, firme y a estar siempre preparada para enfrentar los retos que se me presentaran. Experimenté mucha libertad porque sabía lo que quería. Pero eso no me dio la felicidad.  Comprendí los signos de Dios que me invitaban a orar, a ir a la iglesia y visitar el Santísimo Sacramento. Poco a poco, esos momentos fueron preciosos para mí y me dieron la paz.
    Cuando llegó el momento en que me di por vencida, reconocí la voz de Dios que me llamaba, era difícil y muy duro, porque yo no sabía cómo hacer lo que Dios me pedía. Pero Él, por medio de algunas personas, me ayudó y pude dejar a un lado toda ansiedad, hizo que mi corazón se sentirse satisfecho y feliz buscando solo a Dios.
    Sí, Dios me eligió, me vació, me fue quitando todos los obstáculos, y me ayudó a decirle ‘Sí’. Mis tres años de estancia “fuera” han sido realmente una preparación para que yo entregue todo mi ser a Dios, que nunca me abandonó, todo lo contrario, me ha ayudado a ser fuerte y ha guiado mi camino, me ha protegido y me ha fortificado para ser sólida y madura para poder enfrentarme con la vida.
    De este modo, Dios me ha hecho comprender que Él está verdaderamente vivo y trabaja por medio de cada uno de nosotros. Él está presente, es fiel. Su amor es para siempre. Mi vida tiene sentido. El amor de Dios no puede compararse con nada de este mundo. He cambiado a causa del amor de Dios. Siento su presencia y que Él está caminando conmigo.
    Ahora he decidido firmemente volver a la Sagrada Familia de Burdeos. Cuando lo decidí, sentí una gran felicidad en mi corazón, porque Dios realmente entró en mi vida. Estoy muy agradecida a esta Familia por recibirme de nuevo en la vida religiosa. Dios ha trabajado por medio de personas y esas personas son las Hermanas de la Sagrada Familia, que han influido en mi vida y me han cambiado. Sin las Hermanas, yo nunca sería lo que soy ahora. Me ayudaron a conocer a Dios y a tener una relación íntima con Él, no sólo aceptándome, sino que me han ayudado a entender quién es Dios para mí en este momento de mi vida.
    Sé que esto es sólo el comienzo del camino de mi vida con Jesús y la Sagrada Familia. Haré todo lo que esté de mi parte para tener una buena base y para que mi fe sea cada vez más sólida y así decir ‘sí’ a Dios una y otra vez, hasta que mi vida, sea más fructuosa para la Sagrada Familia de Burdeos y brille en las Filipinas ¡Todo por la gloria de Solo Dios!
       Jean MARILAG
        (Pre-Novicia)
     

  • La Sagrada Familia “despierta” en Lesoto

     
     

    El 150 aniversario de la llegada de las Hermanas de la Sagrada Familia a Lesoto coincide felizmente con el Año de la Vida Consagrada. El Papa Francisco dijo a las mujeres y hombres religiosos «despertad al mundo».
    Realmente se puede decir que esta ocasión ha sido un despertar para las hermanas de la Sagrada Familia en Lesoto. Desde el comienzo del año, se habían comprometido a visitar todas las misiones católicas del país y contar la historia de la Sagrada Familia a las personas que asistían a la Misa dominical. Fueron bienvenidas en todas partes y la gente escuchaba con gran atención lo que contaban, sobre la fundación de la Asociación de la Sagrada Familia, su espíritu motivador y su objetivo. También fue una oportunidad para que las mismas hermanas profundizaran su propia comprensión de la rica herencia legada por Pedro Bienvenido Noailles a nosotras y a la Iglesia.
    La gente ofreció espontáneamente regalos en dinero y en especie, para ayudar a celebrar el día grande que fue el 25 de abril. En todo el país, cuando se hacía la más mínima mención del acontecimiento, resonaba el grito, «Jubileeee!». Era una exclamación de niños y adultos, llegó a convertirse en un grito de guerra por todas partes. Las Hermanas hablaron por la televisión y la radio, hubo entrevistas de Religiosas y Laicos Asociados de la Sagrada Familia. La celebración no hubiera sido completa sin la presencia de los “ex trabajadores” de la viña de Lesoto. Tuvimos la gran alegría y el privilegio de estar allí: Lil Meagher y yo misma de Gran Bretaña e Irlanda, Sheila Griffiths de Pakistán. En todas partes, nos recibieron con gritos de júbilo. Uno de nuestros primeros compromisos fue una entrevista en la emisora ??de radio católica, Spes Nostra, llevada a cabo por una vibrante joven, extremadamente competente que también  transmitió la celebración del gran día, 25 de abril.
    La conexión de Lesoto con Gran Bretaña e Irlanda se remonta a principios del siglo XX, cuando la Hermana Damase (Lucille) Gicquel llegó de Jersey. Hubo otra generación que comenzó en 1952 con Ellen Butler, que la conocían en Lesoto como ‘Me Philipi, en 1957 llegó Síle McGowan y más tarde Teresa Edwards y Lil Meagher, todas estuvieron allí durante un período considerable de tiempo. También podemos incluir  aquí a Martina Devane. A partir de entonces, las que iban eran voluntarias a corto plazo (no fueron en el orden que indico a continuación): Enfermeras Catalina McNulty, María de Lourdes Phelan, Agnes Davis, profesoras Elizabeth Murphy, Frances Darragh, Sheila Griffiths, Luisa María Scullin y Bernadette Scanlon, que aportaron mucho, tanto a la educación en las escuelas secundarias como en la atención sanitaria, y también en la Escuela de Formación llevada por las Hermanas de la Sagrada Familia. Se prepararon enfermeras en el hospital de la misión y en las clínicas, y así las hermanas nativas pudieron estudiar y prepararse para asegurar la sucesión en estos ministerios que estaban en constante evolución.
    Durante la semana que Lil y yo pasamos en Lesoto, antes de la celebración, Hyacintha, líder de la Provincia, puso un coche y un chofer a nuestra disposición para que pudiéramos visitar nuestros antiguos lugares de ministerio. Fue maravilloso ver cómo han florecido, aumentado el número y de edificios para escuelas y clínicas, con excelentes resultados.
     
    Se respiraba la seguridad de que el espíritu de la Sagrada Familia está vivo y que es una fuerza motivadora para el personal laico, gracias al liderazgo de las Hermanas. Un nuevo trabajo apostólico: por primera vez la Sagrada Familia se ocupa del cuidado y educación de los niños con discapacidades auditivas y de habla. Esta primera escuela, llamada Kananelo (Bienvenido en sesotho), fue construida, poco a poco, con la ayuda de donaciones de varias organizaciones benéficas, incluyendo la Sagrada Familia, y ahora es reconocida por el Departamento de Educación. Las siete escuelas de la Sagrada Familia, 5 secundarias y 2 primarias, participaron activamente en la celebración eucarística solemne del 25 de abril. Las alumnas del centro de sordomudos rezaron el Padre Nuestro en lenguaje de signos. Necesitaría mucho tiempo y espacio para describir los logros de las últimas décadas, por lo que lo dejaremos para otro momento.
     
    El año había sido muy “lleno” y la última semana todavía más, pero se hizo todo con mucha serenidad, incluso cuando se acercaba el día y los preparativos de última hora. Fue una fiesta de 2 días.  El viernes, 24 de abril, fue especial para Roma y Santa María, donde todo había comenzado. Las estudiantes cantaron, muy de corazón, en una Misa especial de Acción de Gracias. Se les entregó certificados de premio a las Hermanas y laicos que habían trabajado durante los últimos años. ¡Fue un momento de gran alegría! Después de la Misa, fuimos en procesión al cementerio para honrar a quienes habían sentado las bases para los “obreros de hoy”. Pensamos especialmente en la madre Marie-Joseph Angot, líder del grupo de fundadoras que llegó hace 150 años. Mientras tanto se hacían los preparativos para la celebración del día siguiente: se erigieron tiendas de campaña, sillas, una exposición, se preparó la comida para alimentar a la multitud que se esperaba.
    Lo que ocurrió durante las siguientes 24 horas es demasiado rico en significado y lleno de acontecimientos, para mencionarlo solamente con unas breves palabras. Lo dejamos para otro momento, para escribirlo o para narrarlo anecdóticamente, especialmente para aquellas que tienen recuerdos vívidos, y para las que las alumnas, amigos, pacientes…
    El pueblo basoto tiene una gran memoria y un corazón muy leal.
    “Khotso! Pula! Nala!”

    Sile McGowan
     

  • Vaticano: hoy hay más espacio para el diálogo con los musulmanes

     
     
    El Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso recuerda que la mayoría de los seguidores del islam no se reconoce en la barbarie a la que asistimos.
    «Los acontecimientos de los últimos tiempos hacen que muchos nos pregunten: ¿Hay todavía espacio para el diálogo con los musulmanes? La respuesta es: sí, más que nunca». Con esta contundente afirmación comienza el comunicado del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso publicado este miércoles en el cual recuerdan que la gran mayoría de los musulmanes no se reconoce en la barbarie a la que asistimos.
     
    De este modo, el dicasterio vaticano señala que por desgracia, hoy en día la palabra «religión» se asocia a menudo con la palabra «violencia». En cambio –afirma– los creyentes deben demostrar que las religiones están llamadas a ser portadoras de paz y no de violencia.
    “Matar, invocando una religión, no es sólo una ofensa a Dios, sino también una derrota para la humanidad”, asegura el comunicado.
    Por otro lado, recuerdan que el 9 de enero de 2006 el papa Benedicto XVI, dirigiéndose al Cuerpo Diplomático y hablando sobre el peligro del choque de civilizaciones y, en particular del terrorismo organizado, afirmó que “ninguna circunstancia puede justificar esta actividad criminal, que llena de infamia a quien la realiza y que es mucho más deplorable cuando se apoya en una religión, rebajando así la pura verdad de Dios a la medida de la propia ceguera y perversión moral”.
     
    A continuación, el Pontificio Consejo lamenta de que en los últimos días “asistimos a una radicalización del discurso comunitario y religioso, que lleva aparejado el riesgo de un aumento del odio, de la violencia, del terrorismo y de la creciente y banal estigmatización de los musulmanes y de su religión”.
     
    Por eso, se sienten llamados a “fortalecer la hermandad y el diálogo. Los creyentes constituyen un formidable potencial de paz, si creemos que el hombre fue creado por Dios y que la humanidad es una sola familia y más aún, si consideramos, como cristianos, que Dios es Amor”.

    Seguir dialogando –asegura el texto– incluso cuando se experimenta la persecución, puede convertirse en signo de esperanza. “No es que los creyentes quieran imponer su visión de la persona y de la historia, sino proponer el respeto de las diferencias, la libertad de pensamiento y de religión, la protección de la dignidad humana y el amor a la verdad”, prosigue la nota.
    Del mismo modo, se afirma que “debemos tener el coraje de replantearnos la calidad de la vida familiar, los métodos de enseñanza de la religión y de la historia, el contenido de los sermones en nuestros lugares de culto. Sobre todo la familia y la escuela son las claves para que el mundo del futuro se base en el respeto mutuo y en la fraternidad”.
    Para finalizar su mensaje, el dicasterio para el Diálogo Interreligioso cita las palabras que el papa Francisco pronunció en Ankara el pasado mes de noviembre: “la violencia que busca una justificación religiosa merece la más enérgica condena, porque el Todopoderoso es Dios de la vida y de la paz. El mundo espera de todos aquellos que dicen adorarlo, que sean hombres y mujeres de paz, capaces de vivir como hermanos y hermanas, no obstante la diversidad étnica, religiosa, cultural o ideológica”.  

  • AGRADECIMIENTO A LAS HERMANAS DE LA SAGRADA FAMILIA

     
     

    Por iniciativa de los antiguos miembros de la Asociación de los «Padres de familia» que administraban la única Escuela Materna de Martillac (filial de la escuela católica La Sauque, en La Brède) el 11 del pasado mes de abril, se inauguró una placa de agradecimiento, delante del nuevo Jardín de Infancia de Martillac.

                     En recuerdo de las Hermanas de 
    la Sagrada Familia
                                     Que trabajaron desde 1912 hasta 1998
                                                         Con los niños de Martillac
                                                           En la Escuela Materna
                                                        Legado de la Familia Vayssières

    Varias  personas de Martillac, que asistieron en su día a la Escuela “de las Hermanas»,  se reunieron con las comunidades de la Gironde, volviendo a ver con gran alegría a la Hermana Marie-Thérèse (Beatrice Fontaneda) y a la hermana Paulette Coupé. ¡Cuántos recuerdos! …Lucette, Bethléem y Denise que no pudieron acudir, sin duda las oyeron compartir este feliz reencuentro.
    El Alcalde  (también ex alumno de la escuela) y su consejo, quisieron que este evento fuera una oportunidad para entrelazar el pasado y el presente. Por lo tanto, después de inaugurar la placa de agradecimiento, nos dirigimos hacia los nuevos módulos adaptados a las necesidades de las nuevas generaciones: juegos para niños del Jardín de Infancia, la “ciudad-estadio” (voleibol, baloncesto) una clase y la ampliación de la cafetería escolar.
     
    Este «paseo» bajo el sol de primavera, que ofrecía un aspecto de «niño bueno» permitió encontrar amigos y conocidos, apreciando la dinámica de un municipio que crece enormemente.
    Después de los discursos, se vivió un momento de gran regocijo compartiendo un encuentro cálido y familiar. Una copa de amistad clausuró esta gran iniciativa.

    Gracias, a nuestras hermanas que nos han permitido celebrar:

                                    «Una canción a la vida, a la creación, a la comunión,
                                    “que acoge la diversidad, la inclusión,
                                    “y las inter-relaciones de todo lo que existe,
                                    “consiguiendo así una armonía,
                                    “que solo podemos imaginar en Dios.
     
                                                                                      Escoge la Vida (página 9)