«Todo nuevo comienzo trae consigo la gracia particular que Dios concede a quienes lo acogen con el corazón, la mente y la voluntad abiertos» (Circular poscapitular, 321).
El 12 de mayo de 2026, la Hna. Ana María Alcalde, Superiora General, inauguró oficialmente la Oficina General de la Procura Misionera en la Casa General de Roma. La Hna. Subhashini Raja Raj ha sido nombrada por el Consejo General como responsable de dicha Oficina a nivel del Instituto. Esta iniciativa surgió de la llamada del Capítulo General de 2021 y de la Sesión de Ecónomas de 2024 para establecer la sostenibilidad financiera de la misión del Instituto.
La ceremonia se llevó a cabo en presencia del Consejo General, de los miembros de la Comunidad Local y de las Hermanas Contemplativas. Agradecemos a la Hna. Subha su valiente «SÍ» a este nuevo servicio. Que Dios siga bendiciéndola y le conceda sabiduría y conocimiento en el desempeño de esta misión por el bien común y la GRAN FAMILIA de PBN.
Autor: AdminWp
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Inauguración de la Oficina General de la Procura Misionera…
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Nacidos del sepulcro abierto, la flor de las ruinas y de los sepulcros
En la fe cristiana, el sepulcro vacío nunca es una simple constatación de ausencia. No significa que Dios se haya retirado, sino que se ha abierto o se ha dado otra forma de estar presente. Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia percibieron que la Resurrección escapa a las pruebas inmediatas para ofrecerse como una experiencia que hay que acoger. Gregorio de Nisa se atreve con esta imagen impactante: «Esta tumba, que recibió la muerte, se ha convertido en el seno de la vida; ha dado a luz a aquel que es la Vida» (Discurso sobre la Resurrección de Cristo). Lo que parecía cerrado se convierte en paso, lo que parecía estéril se vuelve fecundo.
Esta intuición ha encontrado un eco contemporáneo en François Nault, cuando habla no solo de un sepulcro vacío, sino de un sepulcro abierto. En L’ouvert de la révélation (2004), subraya que el vacío pascual no es la nada, sino «la presencia de un vacío que hace posible algo». La tumba es una brecha, un entre dos, un espacio donde Dios ya no se impone, sino que llama a consentir. La Resurrección no colma inmediatamente, sino que abre, desplaza, pone en marcha.
Asumir este vacío supone un despojo interior libremente consentido. San Agustín lo había comprendido: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón no tiene descanso hasta que descansa en ti» (Confesiones, I, 1). Pedro Bienvenido Noailles (PBN) vivió esta dinámica pascual en su conversión y su formación. En la oración, le pedía a Dios que le «hiciere comprender toda su insignificancia», para no confiar «más que en Aquel que debe ser su luz y su fuerza» (Oración al levantarse). El carisma de la Sagrada Familia, «buscar solo a Dios en todas las cosas», cobra aquí todo su sentido: hacer espacio, aceptar el vacío, renunciar a las falsas seguridades para dejar que Dios actúe. Aún hoy, se anima a la comunidad a vivir esta pobreza interior: fidelidad a la oración, silencio, discernimiento, humildad en las relaciones y las responsabilidades.
Pero el vacío pascual nunca es inmovilidad. La piedra removida en la mañana de Pascua no está ahí para liberar al Resucitado, sino para permitir a los discípulos entrar y ver de otra manera. La Resurrección es una fuerza en movimiento que transforma el miedo en audacia. En Issy, en medio de la fragilidad de los medios y la incertidumbre, Noailles se atreve a emprender una obra sin garantías humanas. La misión nace ahí, en la confianza en la Providencia más que en el dominio de los proyectos. Hoy, el carisma sostiene esa misma audacia: avanzar incluso cuando los medios son limitados, creer que Dios actúa en lo que parece pequeño o frágil.
Al fin, del sepulcro vacío brota el testimonio. En Santa Eulalia, junto a los pobres, la Resurrección se convierte en presencia, en resurgimiento, en dignidad restaurada. San Ireneo de Lyon lo recuerda: «La gloria de Dios es el hombre vivo» (Contra las herejías, IV, 20, 7). Noailles hablará de la Sagrada Familia como «la flor de las ruinas y de los sepulcros» (Reglas generales, 1844). Aún hoy, la comunidad está llamada a ser ese signo pascual: allí donde la vida está herida, creer que el vacío nunca es el final, sino el espacio donde Dios hace nacer lo nuevo.
¡Feliz Pascua a todos!
Ab. Pascal Djeumegued,
Sacerdote asociado
Diócesis de Rimouski (Canadá)
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Nuevo capítulo de la Sagrada Familia en Kenia
The words of the General Chapter 2021 echo in each of our hearts: “Let us go over to the other shore.” These echoes led us to bring this call into reality by bringing our Holy Family presence to a different land. A new chapter of the Holy Family emerged in Kenya through the dream and vision of the African Continental Leaders, with the approval of the General Leadership Team, whose constant support, collaboration, and enthusiasm made it possible to spread the Charism of PBN in the soil of Nandi Hills. Srs. Micheline Kenda, the Unit Leader of Rwanda and Uganda, Matilda Lazarus from Malawi and Jesmin Fernando, General Councillor, visited the area at different times to study its possibilities. During the Enlarged General Council of 2024, the proposal was approved, opening a new horizon for a new community.
A seed of the Holy Family was put into the soil of Nandi Hills on 1st September 2025 with four Sisters: Selvathy Malachias from Jaffna – Sri Lanka, Saira Anjum from Pakistan, Angela Molapo from Lesotho, and Agnès Ongwisa from Congo. Our presence is a “Genesis” – a new creation of international solidarity. Together, we step into the light of this mission, eager to serve the local community while modelling the beauty of global sisterhood.
Before the dawn broke in Kenya, there were long and testing nights. Our community did not merely arrive; we emerged from a gruelling pilgrimage through Rwanda and Uganda. Every trial of pioneer life and every lack of facility became preparation, shaping a resilient, multicultural heart. Guided by Providence, we finally struck root in Nandi Hills, where the sun now rises on a new chapter of Holy Family service.
Our mission found its home in the Diocese of Kapsabet, in the Parish of Our Lady of Peace, under the guidance of Fr. Michael Langat. Nestled within the emerald embrace of the Nandi Hills, this land is both a geographic destination and a spiritual sanctuary. Here, the peace of our patroness meets the vibrant energy of the Nandi people. After our long migration, we realized we had been placed exactly where the Holy Family is needed.
The dawn of our mission was marked by the challenges of pioneering, but these dissolved when we secured a home. The hospitality of the local Church and the people of Nandi Hills made us feel we had reached a promised land. Our early days were strengthened by the tireless presence of Sr. Jesmin who worked relentlessly for one month to secure and equip our residence. With her encouragement and the parish’s support, our settling-in became a sacred planting of roots. Today, with Fr. Michael Langat, we joyfully begin our pastoral work, transforming pioneer hardships into a ministry of presence and peace.
To enter the heart of Nandi Hills, we first entered its language, dedicating ourselves to Kiswahili. Our ministry is one of presence – as choir members, catechists, and companions to the youth in the PMC- Pontifical Missionary Children and MYM – Missionary Youth Movements. We share life through Small Christian Communities, funerals, and parish activities. Our focus now turns to the domestic church. In Kisowyo village, we visit homes, especially separated and fractured families, where there is a deep hunger for reconciliation and where the Holy Family Charism truly flourishes.
After four months of preparation and prayer, our mission is in full bloom. We teach English, Religion, and Catechism, and guide students toward the heart of the school day – the Holy Mass.
As we cross the threshold into 2026, we move forward with the quiet confidence that the Holy Family is walking beside us. We lean heavily on the intercession of our Founder, asking for the wisdom to discern and the knowledge to inspire. Though the path ahead may hold its trials, we are resolved to face every challenge with courage, ensuring that our Charism is not just a concept but a living, breathing reality in every soul we encounter. In this sacred landscape, our journey has only just begun; like the rising sun over the hills, we carry a light that no shadow can diminish, committed to serving wherever the Spirit leads.
Sr. Selvathy Malachias
Nandi Hills, Kenya -
MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV PARA LA CUARESMA 2026
Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.
Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
Escuchar
Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.
Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.
Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.
Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».
Ayunar
Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos». El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios». En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».
Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.
Juntos
Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).
Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.
Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.
Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.
Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.
LEÓN XIV PP.
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“Solo Dios es nuestra esperanza”
Al conmemorar el 204 aniversario de la Bendición Milagrosa, se nos invita a contemplar el misterio de la presencia de Dios entre nosotros. Esta conmemoración no es simplemente el recuerdo de un acontecimiento ocurrido hace 204 años en Burdeos, sino un testimonio vivo de que Dios sigue actuando entre nosotros, guiándonos con su providencia y amor.
El lema “Solo Dios es nuestra esperanza” resuena profundamente en nosotros, miembros de la Familia Pedro Bienvenido Noailles. La esperanza, en sentido teológico, no es un optimismo frágil ni una negación del sufrimiento. Es la expectativa confiada arraigada en la fidelidad de Dios.
Milady Peychaud testificó después de la Bendición Milagrosa de 1822 que no vio nada, pero oyó a alguien decirle: “Yo soy el que soy”. Al igual que la auto-revelación de Dios a Moisés en la zarza ardiente: “YO SOY EL QUE SOY” (Éxodo 3,14). El mismo Dios nos acompaña como nuestra esperanza, mientras proclamamos al mundo que “la Comunión es posible”. Caminamos por la fe y escuchamos las mismas palabras una y otra vez: Dios nos dice a cada uno: “Yo soy el que soy, espera en mí y vivirás”.
La Iglesia acaba de concluir el Año Jubilar de la Esperanza. El Papa León XIV, durante su homilía en la Epifanía de 2026, afirmó que el Año Jubilar ha concluido, pero que la búsqueda espiritual continúa. En un mundo a menudo sacudido por la incertidumbre, el conflicto y la desesperación, el 204 aniversario de la Bendición Milagrosa nos llama a reencontrarnos con Aquel que nunca falla. La Bendición Milagrosa es señal de que la gracia de Dios es suficiente. Incluso cuando flaquean las fuerzas humanas, “solo Dios sigue siendo nuestra esperanza”. En 1822, la fe de nuestras fundadoras fue ratificada por Dios, en el “Yo soy”, y así afrontaron los desafíos de su tiempo con renovada esperanza. También nosotras estamos llamadas a vivir con confianza y esperanza profundas, entregando nuestros miedos y aspiraciones al Señor, el único que asegura nuestro futuro.
La Hna. Macrina Wiederkehr, en su libro “Contempla tu vida: Una peregrinación a través de tus recuerdos”, nos invita a ver nuestra vida como un territorio sagrado, donde cada recuerdo es un paso hacia una comunión más profunda con Dios. La Hna. Macrina señala que somos peregrinus en camino con Dios y para Dios. Dice: “Una peregrinación es un viaje ritual con un proyecto sagrado. Cada paso del camino tiene un significado…”. Al contemplar la Bendición que recibimos el 3 de febrero de 1822, tenemos la certeza de que somos peregrinas cuya fe está profundamente arraigada en la promesa de que Solo Dios basta.
Leemos en las Constituciones de las Hermanas de la Sagrada Familia de Burdeos (Art. 42) que Dios nos guía a través del Espíritu Santo “a la plenitud de nuestra vocación… Dios nos ayuda a descubrir su voluntad y a aceptarla de todo corazón”. Dios se nos revela cada día y estamos eternamente agradecidas: “Solo Dios sigue siendo nuestra esperanza”. Que este 204 aniversario renueve nuestra valentía para caminar con fe, servir con amor y proclamar con nuestras vidas que Solo Dios es nuestra esperanza. Que seamos faros de esperanza para quienes servimos y portadoras de la Buena Nueva al mundo.
¡Feliz 204 aniversario a todos!
Hna. Clementine MAMPHETELI SEKANTSI
Sudáfrica -
«Un nuevo año con María, Madre de Dios»
El 1 de enero 2026 iniciamos el año civil o calendario gregoriano; nuestra Iglesia Católica nos propone celebrar la Solemnidad de SANTA MARIA, MADRE DE DIOS.
Es consolador para las/os creyentes que el Año Nuevo que Dios nos regala, comience con esta fiesta tan querida, de María Madre nuestra. Es una buena protección, una manera segura de comenzar el Año Nuevo, a seguir la vida.
Haciendo un breve recuento sobre el tema a continuación:
En Lc16-23, se nos recuerda: “María…conservaba todas estas cosas en su corazón…” como buena Madre a pesar de su edad.
Jesucristo nos dio a su Madre desde la Cruz: «Hijo, he ahí tu madre; madre, he ahí tu hijo» (Juan 19, 26-27), estableciendo esta relación filial con María, extendiendo hasta nuestros días.
La iglesia en el concilio de Éfeso (431 d. C), reconocieron a María como la THEOTOKOS (Madre de Dios).
“No se entristezca tu corazón… ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”, le dijo la Virgen de Guadalupe al afligido Juan Diego un 12 de diciembre de 1531.
En Familia nuestro querido fundador PBN, nos recomendaba a acercarnos con confianza maternal a María, “Como nuestra Sra. de todas las Gracias”. Entre otros motivos para ver a María como Madre de Dios y madre nuestra; tenemos saberes para reconocer con ojos de fe que María Madre nuestra camina con y entre su pueblo.
En el primer día del año iniciamos con muchas expectativas, proyectos, sueños a realizar…sobre todo con fe y esperanza para recibir y entrar en él. Esperando que Santa María Madre de Dios, ella que está en el umbral de esta “puerta temporal” nos dé la bienvenida a los días venideros. Así mismo nos impulse a comprometernos como ella a cuidar y proteger la vida en todas sus formas y lugares, cuidando nuestro planeta tierra donde se encuentre en más peligro. En una sociedad donde la vida no vale nada, solo si consume o destaca en “producir como máquinas”
La Madre de Dios, sigue siendo para nuestros días aquella mujer que incondicionalmente nos ama, cuida, protege, ayuda a crecer, a entregar la vida por el Reino de Dios como lo hizo ella misma, enseñando así a su querido hijo Jesucristo; igual se esmera para los miembros de la Familia Cristiana. En una sociedad donde las familias jóvenes no quieren tener hijos, menos cuidarlos porque estas ocupaciones postergan sus proyectos personales, se sienten sin libertad para alcanzar sus sueños.
Ella nos convoca a ser familia inclusiva, a ver nuestras diferencias como una gran riqueza que nos hace fuertes contra cualquier adversidad de la vida; a unirnos para hacer una fuerza que apostemos por la vida en nuestro planeta y en bien de ella en cualquier circunstancia.
También nos llama a hacer posible hagamos del mundo una gran familia de Dios, comprometiéndonos a tratarnos como hermanos donde reine la justicia, el amor, perdón, la paz entre nosotros/as. Cambiando nuestros corazones acompañados/as de María Madre de Dios, podemos hacer nuestro mundo más humano y fraterno para este Nuevo Año. Vivir agradecidos/as por este tiempo nuevo que nos regala. Dejemos nos transformar por la venida de nuestro Salvador, Cristo Jesús.
Igualmente, en este día el Papa León convoca a la Jornada mundial por la Paz (XXIX), ya que al comenzar el año siempre se celebra esta jornada por la paz, cuyo mensaje no puede ser ignorado por los creyentes cristianos que debemos trabajar incansablemente por la paz amenazada en las familias, en nuestro planeta.
A ti que estas leyendo este mensaje: “El Señor te bendiga y te guarde, ilumine su rostro sobre ti y te sea propicio, El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz” (Números 6, 22-27)
¡FELIZ AÑO 2026, con María Madre de Dios!
Hna Rubeni PEJERREY
Perú -
Ve a Nazaret y contempla…
Al finalizar el año civil, en este tiempo de Navidad la Iglesia nos propone contemplar a la Sagrada Familia como modelo e inspiración a todos los cristianos del mundo, pero para nosotros miembros de la Familia de Pedro Bienvenido Noailles, aun todavía es un momento más significativo.
Nuestro fundador nos hizo una invitación a cada uno, “id a Nazaret a contemplar”, pero esta llamada debe seguir resonando en cada uno de nuestros corazones cada día, y no es solo para conmovernos con las imágenes que en este tiempo podemos contemplar en los pesebres que inundan nuestras casas, o dejarnos encandilar en la luces que inundan las calles de nuestras ciudades, nuestro carisma nos invita a ir más allá, a volver nuestro corazón a Nazaret y descubrir e inspirarnos en la vida ordinaria de la familia de Jesús, una familia en la que se respiraba a “Solo Dios” en todas las cosas como experiencia de vida .
Desde este espíritu en este tiempo de Navidad, en este tiempo de familia, puede ser un buen momento para pararnos, mirar atrás, ver cómo ha trascurrido nuestra vida en este año que ya se nos acaba, descubrir lo vivido, los acontecimientos que han marcado nuestro camino, los que nos han inspirado para salir de nosotros y como Dios ha estado presente en cada momento, en la alegría o en el dolor. Y en esta mirada, ser también conscientes de como los valores, las actitudes de la familia de Nazaret nos han inspirado en nuestro caminar y son los motores que nos impulsan a buscar en nuestras relaciones, en nuestras formas de hacer ese espíritu de “Solo Dios” en todas las cosas, al estilo de Jesús María y José.
Pues sigamos adelante, con ánimo renovado, caminando junto a Jesús María y José, descubriendo la autenticidad de su vida, inspirándonos en las actitudes y valores de la familia de Nazaret para seguir siendo testigos de Dios en nuestro mundo.
Luis Jesús García-Lomas
Asociado Laico, España
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Mensaje de Navidad – Hermana Ana María Alcalde, Superiora General
Que esta Navidad, con el Jubileo como telón de fondo, sea un tiempo de renovación, gracia y alegre peregrinación hacia Aquel que es Emmanuel: Dios con nosotros.
Navidad es una invitación a mirar «con los ojos de Dios» para descubrir y redescubrir «que Él ha elegido el camino de la pequeñez para descender en medio de nosotros». (El Papa a los cristianos en Estambul – noviembre 2025).
Este niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre, es el fundamento de nuestra esperanza pues en Él, todas las promesas de Dios se cumplen. Él es el sí de Dios a la humanidad. En Él, Dios nos dice de nuevo que camina con nosotros, que nuestra realidad mundial no le es indiferente y que contamos con Él para continuar dando pasos de transformación, gestando con dolores de parto una humanidad nueva, reconciliada consigo misma y con toda la creación.
Él nos invita a ser actores, no espectadores y a “encargarnos de la realidad” con todos los desafíos y oportunidades que nos ofrece, allí donde estamos en nuestra vida cotidiana.
Por más comercial que estemos haciendo la Navidad, todas las luces, los mensajes, los encuentros… ¿no son la señal de que este Niño del pesebre trae un mensaje de “paz a la humanidad que Dios ama”? La Navidad nos recuerda el Proyecto que Dios tiene para nosotros: Un proyecto de filiación y fraternidad (de Familia), de concordia y de paz, sobre todo para cuidar e integrar a los excluidos.
De cada uno y de todos nosotros depende que este clima navideño permanezca cada día del Año Nuevo.
¡Feliz Navidad! ¡Feliz fiesta de la Sagrada Familia! -
Cruzando a la otra orilla: la Esperanza supera la comodidad…
Este año, nos sentimos conmovidos con una sola palabra que resuena en toda la Iglesia: ESPERANZA. Durante el Año Jubilar, estamos llamados a vivir como peregrinos de la esperanza, redescubriendo una virtud que da sentido a nuestra fe y valor a nuestra misión.
Pero ¿qué es esta esperanza que la Iglesia celebra con tanta intensidad? Es más que optimismo o ilusión. La esperanza es una perspectiva confiada y espiritual del cumplimiento de las promesas de Dios, arraigada en la fe en Cristo y su Resurrección. Nos da fuerza en las pruebas, nos sostiene en el sufrimiento y nos mantiene firmes en la convicción de que el amor y la vida triunfarán sobre el pecado y la muerte. La esperanza es un estado del corazón, fundado no en las circunstancias, sino en la fe. Como nos recuerda San Pablo: “La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones”.
Abrir nuestros corazones a la esperanza
En nuestra comunidad de la Casa General, estas palabras han cobrado vida en lo cotidiano. Hemos visto cumplidas las promesas de Dios cuando le hemos abierto nuestros corazones, a Él y a los demás. Este año, nuestra experiencia de esperanza encontró su expresión más hermosa al acoger a la Iglesia Joven en nuestro hogar, durante el Jubileo de los Jóvenes (del 25 de julio al 9 de agosto). Fue un tiempo lleno de alegría, oración y renovación, un encuentro vibrante con una nueva generación de creyentes, llenos de vida y fe. Vinieron de España, Perú, Lesoto y Polonia, compartieron con nosotras cantos, bailes, risas y oraciones. Nos transmitieron luz, energía y esperanza, recordándonos que la fe que atesoramos seguirá floreciendo cuando nosotras nos hayamos ido.
Esta experiencia fue una respuesta concreta a la llamada del Capítulo General de 2021: “… salir de nuestra zona de confort y cruzar a la otra orilla”. Al mismo tiempo, las palabras del Papa Francisco … “¡Levántense del sofá!” … resonaron en nosotras. Y eso fue lo que hicimos. Dejamos de lado nuestras vacaciones y abrimos nuestras puertas para acoger a peregrinos de esperanza. Algunos días, recibimos hasta treinta personas en nuestra casa. Les ofrecimos nuestro tiempo, nuestra escucha atenta y nuestro amor. Compartimos sus alegrías, sus reflexiones e incluso su cansancio tras largas jornadas de celebración y oración. En su compañía, redescubrimos que la verdadera esperanza no nace de la comodidad, sino del encuentro.
En esta experiencia jubilar nos ha conmovido también la perseverancia de los participantes mayores que, a pesar de la enfermedad o la fragilidad, caminaban con alegría por las concurridas calles de Roma, incluso con muletas. Su valentía fue un testimonio vivo de que todo es posible con Dios.
Abrir nuestra casa no fue simplemente un acto de hospitalidad; fue una peregrinación del corazón. Podríamos haber optado fácilmente por la comodidad, pero decir que sí nos transformó. Nuestro hogar se convirtió en un lugar de oración, risas y encuentro de fe. No fue solo hablar de esperanza, la vivimos.
Jubileo de la Vida Consagrada
Nuestro camino de esperanza continuó durante el Jubileo de la Vida Consagrada, que tuvo lugar del 8 al 12 de octubre de 2025. Recibimos en la Casa General a hermanas de Polonia, Francia y Madagascar.
Más de 16.000 personas consagradas de casi 100 países se reunieron en Roma, formando un vibrante mosaico de fe y devoción. Entre ellas había religiosos y religiosas, monjes y contemplativos, miembros de institutos seculares, consagrados del Orden de las Vírgenes, ermitaños y representantes de nuevas formas de vida consagrada. Todos participamos en este magnífico, profundo e histórico acontecimiento con todas nuestras fuerzas.
Este jubileo, organizado por el Dicasterio para la Promoción de la Evangelización y el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada, se inauguró con una peregrinación que pasó la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, poderoso símbolo de gracia y renovación. El día estuvo lleno de oraciones, himnos y reconciliación, marcando el inicio de una semana de reflexión y encuentro. La vigilia de oración inicial, presidida por el Cardenal Ángel Fernández Artime SDB, se centró en la esperanza en el sufrimiento, la paciencia en la vida cotidiana y la misión como forma de vida. En su homilía, encomendó la vida consagrada a María, imagen viva de la fe, la esperanza y la paz.
Al día siguiente, el Papa León XIV celebró la Eucaristía en la Plaza de San Pedro, invitando a todos los consagrados a vivir las Bienaventuranzas y la llamada del Evangelio, a pedir, buscar y llamar: pedir con humildad, buscar la santidad y llamar realizando un servicio con amor.
A lo largo de la semana, la ciudad de Roma se convirtió en un vivo testimonio de esperanza. Las Comunidades se reunieron para orar, compartir y conectar en torno a los temas de fraternidad, escucha y cuidado de la creación. El cardenal George Jacob Koovakad, presidió la Eucaristía en el Aula Pablo VI, donde la hermana Simona Brambilla MC ofreció una hermosa imagen: la vida consagrada como un yobel, que es un instrumento de viento cuyas múltiples notas crean una sinfonía de esperanza. Actuaciones artísticas y testimonios celebraron la alegría de la misión y la unidad. El padre Giacomo Costa SJ, invitó a todos a pasar del “yo” al “nosotros”, acentuando la importancia de la comunión sobre el individualismo. Más tarde, el papa León XIV nos recordó que la sinodalidad -caminar juntos y compartir la propia vocación- es la expresión viva de la esperanza de la Iglesia.
El último día se dedicó a la paz. El cardenal Ángel Fernández Artime exhortó a todos a ser “profetas de la esperanza y portadores de agua viva”. La hermana Teresa Maya CCVI, alentó la creación de comunidades compasivas y no violentas al servicio de los marginados. Los talleres de mediación y diálogo ofrecieron comportamientos concretos de vivir la paz en el día a día.
Para concluir la celebración del Jubileo, los participantes se reunieron en la Basílica de San Pablo Extramuros, donde aproximadamente 4.000 consecrados renovaron sus votos, comprometiéndose a caminar como “peregrinos de la esperanza por el camino de la paz”. La Hermana Brambilla concluyó con estas conmovedoras palabras: “Emprendamos, peregrinos de la esperanza, el camino de la paz, llevando con nosotros la experiencia vivida y compartiéndola con todos aquellos con quienes nos encontremos”.
La esperanza que transforma
Este Jubileo ha revelado que la vida consagrada -arraigada en la esperanza y comprometida con la paz- tiene el poder de renovar comunidades e inspirar al mundo. La esperanza no es espera pasiva, sino confianza activa. Nos impulsa a salir de nuestras zonas de confort para encontrarnos con los demás, a ir más allá de nuestros límites para tender la mano a los demás. Es la valentía de cruzar a la otra orilla, donde Dios nos espera con nuevas posibilidades. Como peregrinos de la esperanza, seguimos caminando juntos, con el corazón abierto y las manos dispuestas a servir. Que el Dios Trino nos guíe por los caminos de la esperanza y la paz, para que la gracia recibida renueve la Iglesia y el mundo.
Sr. Barbara SYGITOWICZ
Generalate local community, Rome
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Un hombre de esperanza
Con alegría conmemoramos el 232º aniversario del nacimiento de un hombre de esperanza: nuestro querido fundador de la Sagrada Familia, Pedro Bienvenido Noailles. Nacido en Burdeos, Francia, el 27 de octubre de 1793, entró a formar parte de una familia de comerciantes muy cariñosa, la del Sr. Pedro Noailles y la Sra. Madeleine Richard, un hogar lleno de ternura, fe y unidad, que esperaba con ilusión a su octavo hijo de entre diez.
Eran tiempos difíciles para Francia, que aún se recuperaba de la Revolución Francesa de 1789. Como relata el historiador Peyrous B. (2005): “Todas las clases sociales sufrieron enormemente las perturbaciones causadas por las doctrinas revolucionarias. Mientras que el clero fue proscrito y perseguido, la nobleza se enfrentó al patíbulo y el comercio quedó destruido, sumido en la ruina financiera y el caos”.
En medio de esta agitación, el nacimiento de Pedro Bienvenido Noailles se produjo de forma discreta, pero con un propósito divino. Dios tenía un plan para él y, gracias a las fuerzas moldeadoras de la familia y el tiempo, se convirtió en un verdadero «hombre de esperanza»: para su propia época, para la familia espiritual que más tarde fundaría y para innumerables personas hoy en día. Sus escritos y su incansable dedicación a la fundación de la Sagrada Familia dan testimonio de esta esperanza.
Consideremos sus propias palabras, llenas de compasión e inspiración:
“Acudís junto a nuestro Padre. ¿Qué queréis? ¿Qué buscáis? Los que están en tinieblas buscan la luz, los turbados piden paz. Todos quieren ser fieles a su vocación, conocer sus deberes, alimentar sus esperanzas…” (Guía Espiritual #149).
Y sus reflexiones sobre la vida sencilla e íntima de la Sagrada Familia:
“Sagrada Familia, a quien me gusta contemplar cuando, terminadas las tareas de la jornada os reuníais para orar, para trabajar… en la sencilla casa de Nazaret. En ese momento una mirada, una palabra, una caricia del Niño Jesús, aliviaba a María de las fatigas domésticas y a San José de su penosa tarea. Quiero poner en vuestras manos, como una ofrenda agradable, todos los pensamientos, todos los deseos, palabras y acciones de este día. Quiero comportarme siempre como un hijo, imitaros en todo y vivir siempre vuestra misma vida” (Guía Espiritual #172)
La esperanza de Pedro Bienvenido Noailles también se hizo evidente en sus primeras acciones como sacerdote. El 8 de enero de 1820, tres jóvenes expresaron su deseo de dedicar sus vidas a Dios. El 28 de mayo de ese mismo año, él había fundado con ellas la primera comunidad de la Sagrada Familia (Un Hombre Bueno pasó por aquí, 1984). Este humilde comienzo sentó las bases de la familia espiritual que conocemos hoy, que acoge diversas vocaciones bajo su guía.
Al celebrar su vida, damos gracias a Dios por bendecir a la Iglesia con un hombre de virtudes, dones y valores excepcionales. Su legado nos desafía como miembros de la Familia PBN: ¿Estamos viviendo como personas de esperanza, difundiendo activamente la espiritualidad de la comunión en nuestro mundo?
En este día, en el Año Jubilar de la Iglesia Universal, reflexionamos sobre la visión y la misión de nuestro Fundador, que siguen guiándonos como pueblo peregrino, caminando juntos con una sola voz y un solo corazón. Nos preguntamos: ¿Qué invitación nos ofrece su vida para avanzar como una familia carismática y vibrante de esperanza?
Hna Rubeni PEJERREY
Peru