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  • Gestos concretos en el último mes del Jubileo

    Católicos en Sri Lanka: Gestos concretos en el último mes del Jubileo
    de Melani Manel Perera

    Cerca de 1.000 miembros de la Asociación Sagrada Familia debatieron sobre amor y misericordia. Los católicos formaron varios grupos; de cada uno de éstos han surgido iniciativas: no marginar a los compañeros de clase; organizar misas por los enfermos; compartir las decisiones en familia. 

    Colombo (AsiaNews) – Gestos concretos a cumplir durante el último mes del Jubileo de la misericordia, de modo de difundir el amor y la misericordia de Jesús en Sri Lanka.  Es la decisión tomada por cerca de 1.000 miembros de la Asociación Sagrada Familia, que se encontraron en Wennappuwa, en la diócesis de Chilaw [sobre la costa central del país] para celebrar la Fiesta de la familia.
    El tema del encuentro fue “Tornemos vivo el rostro de la misericordia en nuestra familia”. Varias ramas de la Holy Family participaron en el evento: la rama apostólica, la de las hermanas contemplativas, los laicos, sacerdotes y los no religiosos.
    Sor Ana María, superiora general, dijo que los miembros de la Sagrada Familia “cada día, tienen la responsabilidad de aplicar la misericordia de Dios en nuestra vida. ‘Misericordia’ tiene un nexo estrecho con nuestra Asociación, por ende debemos ponerla en práctica siempre”.
    Los presentes se dividieron en varios grupos. A partir de su trabajo surgieron varias iniciativas: los niños decidieron amar el ambiente, no ignorar a los compañeros de clase que estén en dificultades, utilizar buenas palabras entre ellos, poner al servicio de los demás las capacidades propias.
    Los jóvenes se comprometieron a distribuir libros de texto, mochilas, materiales y uniformes en las escuelas de las áreas rurales que presentan mayores dificultades; organizar misas especiales por los enfermos que no pueden acudir a la iglesia; distribuir platos de comida a los mendigos; plantar árboles para seguir las indicaciones del Papa sobre el respeto por el medio ambiente; por último, entregar lo recaudado en el show de talentos juveniles al Hospital nacional, para destinarlo a tratamientos de cáncer.
    El grupo de sacerdotes alentará a los fieles a la confesión y a generar una relación de mayor cercanía con Dios.  Además, escucharán con mayor sensibilidad los sufrimientos de las personas, impulsarán a los fieles a buscar la salvación en Dios en lugar de la sed de venganza, a escuchar las necesidades del otro, a respetarlo y acogerlo.  
    Queriendo dar un buen ejemplo a los hijos, los padres decidieron promover el amor dentro de la familia, tomando las decisiones de una manera compartida, entre padre y madre, desarrollando la confianza entre los familiares y meditando continuamente la Palabra de Dios. 
     

  • MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

    MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA JORNADA MUNDIAL  DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN
    1 DE SEPTIEMBRE DE 2016
     
    Usemos misericordia con nuestra casa común
     
    En unión con los hermanos y hermanas ortodoxos, y con la adhesión de otras Iglesias y Comunidades cristianas, la Iglesia católica celebra hoy la anual «Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación». La jornada pretende ofrecer «a cada creyente y a las comunidades una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos»
    Es muy alentador que la preocupación por el futuro de nuestro planeta sea compartida por las Iglesias y las Comunidades cristianas junto a otras religiones. En efecto, en los últimos años, muchas iniciativas han sido emprendidas por las autoridades religiosas y otras organizaciones para sensibilizar en mayor medida a la opinión pública sobre los peligros del uso irresponsable del planeta. Quisiera aquí mencionar al Patriarca Bartolomé y a su predecesor Demetrio, que durante muchos años se han pronunciado constantemente contra el pecado de causar daños a la creación, poniendo la atención sobre la crisis moral y espiritual que está en la base de los problemas ambientales y de la degradación. Respondiendo a la creciente atención por la integridad de la creación, la Tercera Asamblea Ecuménica Europea (Sibiu 2007) proponía celebrar un «Tiempo para la creación», con una duración de cinco semanas entre el 1 de septiembre (memoria ortodoxa de la divina creación) y el 4 de octubre (memoria de Francisco de Asís en la Iglesia católica y en algunas otras tradiciones occidentales). Desde aquel momento dicha iniciativa, con el apoyo del Consejo Mundial de las Iglesias, ha inspirado muchas actividades ecuménicas en diversos lugares.
    Debe ser también un motivo de alegría que, en todo el mundo, iniciativas parecidas que promueven la justicia ambiental, la solicitud hacia los pobres y el compromiso responsable con la sociedad, están fomentando el encuentro entre personas, sobre todo jóvenes, de diversos contextos religiosos. Los Cristianos y los no cristianos, las personas de fe y de buena voluntad, hemos de estar unidos en el demostrar misericordia con nuestra casa común ?la tierra? y valorizar plenamente el mundo en el cual vivimos como lugar del compartir y de comunión.
    1. La tierra grita…
    Con este Mensaje, renuevo el diálogo con «toda persona que vive en este planeta» respecto a los sufrimientos que afligen a los pobres y la devastación del medio ambiente. Dios nos hizo el don de un jardín exuberante, pero lo estamos convirtiendo en una superficie contaminada de «escombros, desiertos y suciedad» (Laudato si’, 161). No podemos rendirnos o ser indiferentes a la pérdida de la biodiversidad y a la destrucción de los ecosistemas, a menudo provocados por nuestros comportamientos irresponsables y egoístas. «Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho» (ibíd., 33).
    El planeta continúa a calentarse, en parte a causa de la actividad humana: el 2015 ha sido el año más caluroso jamás registrado y probablemente el 2016 lo será aún más. Esto provoca sequía, inundaciones, incendios y fenómenos meteorológicos extremos cada vez más graves. Los cambios climáticos contribuyen también a la dolorosa crisis de los emigrantes forzosos. Los pobres del mundo, que son los menos responsables de los cambios climáticos, son los más vulnerables y sufren ya los efectos.
    Como subraya la ecología integral, los seres humanos están profundamente unidos unos a otros y a la creación en su totalidad. Cuando maltratamos la naturaleza, maltratamos también a los seres humanos. Al mismo tiempo, cada criatura tiene su propio valor intrínseco que debe ser respetado. Escuchemos «tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres» (ibíd., 49), y busquemos comprender atentamente cómo poder asegurar una respuesta adecuada y oportuna.
    2. …porque hemos pecado
    Dios nos ha dado la tierra para cultivarla y guardarla (cf. Gn. 2,15) con respeto y equilibrio. Cultivarla «demasiado» ?esto es abusando de ella de modo miope y egoísta?, y guardarla poco es pecado.
    Con valentía, el querido Patriarca Bartolomé, repetidamente y proféticamente, ha puesto de manifiesto nuestros pecados contra la creación: «Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todo esto es pecado». Porque «un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios».
    Ante lo que está sucediendo en nuestra casa, que el Jubileo de la Misericordia pueda llamar de nuevo a los fieles cristianos «a una profunda conversión interior» (Laudato si’, 217), sostenida particularmente por el sacramento de la Penitencia. En este Año Jubilar, aprendamos a buscar la misericordia de Dios por los pecados cometidos contra la creación, que hasta ahora no hemos sabido reconocer ni confesar; y comprometámonos a realizar pasos concretos en el camino de la conversión ecológica, que pide una clara toma de conciencia de nuestra responsabilidad con nosotros mismos, con el prójimo, con la creación y con el creador (cf. ibíd., 10;229).
    3. Examen de conciencia y arrepentimiento
    El primer paso en este camino es siempre un examen de conciencia, que «implica gratitud y gratuidad, es decir, un reconocimiento del mundo como un don recibido del amor del Padre, que provoca como consecuencia actitudes gratuitas de renuncia y gestos generosos […] También implica la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal. Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres» (ibíd., 220).
    A este Padre lleno de misericordia y de bondad, que espera el regreso de cada uno de sus hijos, podemos dirigirnos reconociendo nuestros pecados contra la creación, los pobres y las futuras generaciones. «En la medida en que todos generamos pequeños daños ecológicos», estamos llamados a reconocer «nuestra contribución –pequeña o grande– a la desfiguración y destrucción de la creación». Este es el primer paso en el camino de la conversión.
    En el 2000, también un Año Jubilar, mi predecesor san Juan Pablo II invitó a los católicos a arrepentirse por la intolerancia religiosa pasada y presente, así como por las injusticias cometidas contra los hebreos, las mujeres, los pueblos indígenas, los inmigrantes, los pobres y los no nacidos. En este Jubileo Extraordinario de la Misericordia, invito a cada uno a hacer lo mismo. Como personas acostumbradas a estilos de vida inducidos por una malentendida cultura del bienestar o por un «deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita» (ibíd., 123), y como partícipes de un sistema que «ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza», arrepintámonos del mal que estamos haciendo a nuestra casa común.
    Después de un serio examen de conciencia y llenos de arrepentimiento, podemos confesar nuestros pecados contra el Creador, contra la creación, contra nuestros hermanos y hermanas. «El Catecismo de la Iglesia Católica nos hace ver el confesionario como un lugar en el que la verdad nos hace libres para un encuentro». Sabemos que «Dios es más grande que nuestro pecado», de todos los pecados, incluidos aquellos contra la creación. Allí confesamos porque estamos arrepentidos y queremos cambiar. Y la gracia misericordiosa de Dios que recibimos en el sacramento nos ayudará a hacerlo.
    4. Cambiar de ruta
    El examen de conciencia, el arrepentimiento y la confesión al Padre rico de misericordia, nos conducen a un firme propósito de cambio de vida. Y esto debe traducirse en actitudes y comportamientos concretos más respetuosos con la creación, como, por ejemplo, hacer un uso prudente del plástico y del papel, no desperdiciar el agua, la comida y la energía eléctrica, diferenciar los residuos, tratar con cuidado a los otros seres vivos, utilizar el transporte público y compartir el mismo vehículo entre varias personas, entre otras cosas (cf. Laudado si’, 211). No debemos pensar que estos esfuerzos sean demasiado pequeños para mejorar el mundo. Estas acciones «provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente» (ibíd., 212) y refuerzan «un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo» (ibíd., 222).
    Igualmente, el propósito de cambiar de vida debe atravesar el modo en el que contribuimos a construir la cultura y la sociedad de la cual formamos parte: «El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión» (ibíd., 228). La economía y la política, la sociedad y la cultura, no pueden estar dominadas por una mentalidad del corto plazo y de la búsqueda de un inmediato provecho financiero o electoral. Por el contrario, estas deben ser urgentemente reorientadas hacia el bien común, que incluye la sostenibilidad y el cuidado de la creación.
    Un caso concreto es el de la «deuda ecológica» entre el norte y el sur del mundo (cf. ibíd., 51-52). Su restitución haría necesario que se tomase cuidado de la naturaleza de los países más pobres, proporcionándoles recursos financieros y asistencia técnica que les ayuden a gestionar las consecuencias de los cambios climáticos y a promover el desarrollo sostenible.
    La protección de la casa común necesita un creciente consenso político. En este sentido, es motivo de satisfacción que en septiembre de 2015 los países del mundo hayan adoptado los Objetivos del Desarrollo Sostenible, y que, en diciembre de 2015, hayan aprobado el Acuerdo de París sobre los cambios climáticos, que marca el costoso, pero fundamental objetivo de frenar el aumento de la temperatura global. Ahora los Gobiernos tienen el deber de respetar los compromisos que han asumido, mientras las empresas deben hacer responsablemente su parte, y corresponde a los ciudadanos exigir que esto se realice, es más, que se mire a objetivos cada vez más ambiciosos.
    Cambiar de ruta significa, por lo tanto, «respetar escrupulosamente el mandamiento originario de preservar la creación de todo mal, ya sea por nuestro bien o por el bien de los demás seres humanos». Una pregunta puede ayudarnos a no perder de vista el objetivo: «¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?» (Laudato si’, 160).
    5. Una nueva obra de misericordia
    «Nada une más con Dios que un acto de misericordia, bien sea que se trate de la misericordia con que el Señor nos perdona nuestros pecados, o bien de la gracia que nos da para practicar las obras de misericordia en su nombre».
    Parafraseando a Santiago, «la misericordia sin las obras está muerta en sí misma. […] A causa de los cambios de nuestro mundo globalizado, algunas pobrezas materiales y espirituales se han multiplicado: por lo tanto, dejemos espacio a la fantasía de la caridad para encontrar nuevas modalidades de acción. De este modo la vía de la misericordia se hará cada vez más concreta».
    La vida cristiana incluye la práctica de las tradicionales obras de misericordia corporales y espirituales. «Solemos pensar en las obras de misericordia de una en una, y en cuanto ligadas a una obra: hospitales para los enfermos, comedores para los que tienen hambre, hospederías para los que están en situación de calle, escuelas para los que tienen que educarse, el confesionario y la dirección espiritual para el que necesita consejo y perdón… Pero, si las miramos en conjunto, el mensaje es que el objeto de la misericordia es la vida humana misma y en su totalidad».
    Obviamente «la misma vida humana en su totalidad» incluye el cuidado de la casa común. Por lo tanto, me permito proponer un complemento a las dos listas tradicionales de siete obras de misericordia, añadiendo a cada una el cuidado de la casa común.
    Como obra de misericordia espiritual, el cuidado de la casa común precisa de «la contemplación agradecida del mundo» (Laudato si’, 214) que «nos permite descubrir a través de cada cosa alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir» (ibíd., 85). Como obra de misericordia corporal, el cuidado de la casa común, necesita «simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo […] y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor» (ibíd., 230-231).
    6. En conclusión, oremos
    A pesar de nuestros pecados y los tremendos desafíos que tenemos delante, no perdamos la esperanza: «El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado […] porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos» (ibíd., 13; 245). El 1 de septiembre en particular, y después durante el resto del año, recemos:
    «Oh Dios de los pobres,
    ayúdanos a rescatar a los abandonados
    y a los olvidados de esta tierra
    que son tan valiosos a tus ojos. […]
    Dios de amor, 
    muéstranos nuestro lugar en este mundo 
    como instrumentos de tu cariño 
    por todos los seres de esta tierra (ibíd., 246).
    Dios de Misericordia, concédenos recibir tu perdón
    y de transmitir tu misericordia en toda nuestra casa común.
    Alabado seas.
    Amen.

  • SEMANA DE “CONVERSIÓN ECOLÓGICA”

    Quiero compartir con vosotras lo vivido en la “SEMANA DE CONVERSIÓN ECOLÓGICA” que organiza José Eizaguirre y que, al final del encuentro, todas nos comprometimos a dar a conocer en nuestras comunidades y amistades.
    El Área de Justicia y Solidaridad de CONFER la motiva y difunde para que en las comunidades podamos vivir esta experiencia que ayuda a concretar acciones en la vida diaria y como expresión de nuestra conversión ecológica a la que alude el papa Francisco en la “Laudato, sí”.
    Participamos miembros de 7 familias religiosas y tres laicos. Desde el primer día pusimos en práctica el CUIDADO en todo, la utilización del agua, la energía, los productos de limpieza que elaboramos nosotros mismos, la alimentación, la oración, nuestras relacio-nes… Entre todas y todos hacíamos la comida, vege-tariana y sabrosa, y el mantenimiento de la casa que tienen los jesuitas en la periferia de Valladolid -del estilo de la nuestra de Collado- y que está rodeada de 240 huertas ecológicas que cultivan las y los jubi-lados de la ciudad.
    Dos pilares sostienen esta experiencia. Todo cambio se hace desde dentro de cada una, no desde el saber cosas, sino desde el amor a la Vida, desde la expe-riencia interior de sentirnos afectadas por el abismo de la desigualdad y el gran deterioro del Pla-neta y de la Humanidad en él. Y al mismo tiempo, desde la conciencia de que cada una somos un eslabón de la Vida porque todas y todo está conectado, estamos interrelacionadas.
    A la primera hora del día todo el grupo, -15 personas- nos instalábamos en un prado, acariciadas por el sol en las frescas mañanas de Castilla, y vivíamos una hora de oración integral, con el cuerpo y la interioridad.
    Sin prisa pero sin pausa fuimos analizando nuestro consumo desde la raíz, era como un tirar del hilo: desde dónde se genera un producto y su recorrido hasta que llega a nuestras manos. Lo concretamos descubriendo qué pasa con una camiseta de algodón, un champú, una salchicha de Frankfurt y un teléfono móvil.
    No eran charlas sino un trabajo participativo en grupos con una metodología muy dinámica que ponía al descubierto cuánta injusticia y violencia se da en los productos más corrientes que usa-mos, tanto en la Naturaleza, en los animales, como en las personas productoras. Quedaba paten te cómo muchos países permanecen empobrecidos para sostener el nivel de vida de otros, entre ellos el nuestro. Todos nuestros actos repercuten en la Naturaleza y en la Familia Humana en sentido positivo o negativo.
    También vimos en “Laudato, sí” cómo el Papa no da recetas pero sí va desgranando líneas de orientación y acción para nuestra conversión ecológica. Habla de vida sana, de solidaridad, espiri-tualidad, consumo, alimentación, transporte, información, economía, política, participación ciuda-dana.., no se deja nada.
    Analizamos cómo en general y concretamente en la vida religiosa tenemos resistencias a estos cambios. Me daba cuenta cómo nosotras tenemos en nuestros documentos y en las cartas de Ana María una moti-vación honda en este mismo sentido de ir cambiando y viviendo de otro modo. Aunque no todas podían decir lo mismo, vivimos una experiencia muy rica de diversidad entre nuestras familias religiosas y, al mismo tiempo, de unificación de todos los carismas. Los laicos manifestaron que ignoraban que hubiese una vida religiosa tan rica y actualizada.
    Con una mañana de oración y ayuno empezamos la segunda parte de la semana en la que pudi-mos escuchar experiencias de distintas personas pertenecientes a organizaciones que están ya respondiendo a estos desafíos de nuestro Hoy. Desde el abad del monasterio de Poblet, hablan-do del agua y la energía, hasta mujeres –algunas eran abuelas- y hombres comprometidos en la banca ética, en el mundo rural que se renueva, en la ecología, la justicia social, en los barrios po-pulares, en la comida saludable y la soberanía alimentaria… Diferentes y complementarios modos de CUIDAR la VIDA y poder dejar a las generaciones futuras un Planeta habitable en el que todas las personas podamos vivir con dignidad y felicidad.
    Ana Cortés. Comunidad de Florida de Liébana 

  • La vida bajo el plástico

    La vida (invisible) bajo el plástico
    La Comunidad de Campohermoso
    El pasado diciembre la REVISTA 21 publicó un artículo sobre los inmigrantes en la comarca de Níjar que es donde nosotras vivimos. Como difícilmente os podríamos describir mejor la realidad que nos rodea, hemos optado por copiar algunos párrafos de ese artículo, firmado por Silvia Melero Abascal. En él se reflejan problemas como la infravivienda, la explotación laboral, la situación de la mujer inmigrante, el racismo, los problemas de escolarización, la falta de integración…
    En España se permite el trabajo esclavo. En España hay trabajadores que viven en condiciones infrahumanas, sin agua, sin luz. Apenas son visibles. Su vida transcurre bajo el plástico. Trabajan en invernaderos de plástico y viven en chabolas de plástico. Es la mano de obra barata con la que se sustenta el sector económico agrícola en la zona.
    Son trabajadores y trabajadoras inmigrantes que sobreviven en los asentamientos de diversas localidades de Almería (El Ejido, Roquetas, Níjar). Es difícil saber cuántos son. Sólo en la comarca de Níjar hay más de 60 asentamientos en los que podrían vivir entre 3.000 y 4.000Personas.
    Un asentamiento es un poblado de chabolas, infraviviendas de plástico o pequeñas construcciones en fincas agrícolas donde vive la población inmigrante que trabaja en los invernaderos. Se calcula que cada dos o tres meses se crea uno nuevo, pero ahora mismo nadie sabe cifras.
    Conseguir dos cosas tan elementales como agua o luz pone en riesgo sus vidas. Se trasladan en bici hasta un grifo público del pueblo, a veces a tres o cuatro kilómetros, para llenar las garrafas de agua. O bien la cogen de la balsa del jefe del invernadero. Hace un año murió electrocutado un chico al intentar enganchar la luz del tendido eléctrico.
    Hay personas que trabajan 8 horas diarias por 30 euros la jornada, o incluso menos, pero Hay temporadas en las que se trabaja hasta 14 horas. Y en otras temporadas no hay trabajo en absoluto. En verano hay que trabajar bajo el plástico de los invernaderos a temperaturas de más de 50º C. Todo ello para las personas que consiguen trabajo, pues obviamente no hay trabajo para tantas personas.
    Cuando los asentamientos se crearon, la población que los empezaba a ocupar tenía un perfil de hombre adulto, pero eso ha ido cambiando y se instalan familias con menores de forma precaria. Es población subsahariana o marroquí principalmente, también población gitana del Este de Europa.
    Las primeras mujeres llegaron a los asentamientos almerienses tras trabajar en Huelva en el cultivo de la fresa. La residencia sin permiso de trabajo es una sentencia para las mujeres. Las hace dependientes del marido, no tienen opción para sobrevivir y son más vulnerables. “Sin papeles no hay trabajo, sin trabajo no hay papeles. ¿Cómo vamos a vivir?”
     
    Un informe de la Fundación Simetrías de 2014 habla de que “los menores que viven ahí están expuestos a las consecuencias sociales y sanitarias que se derivan de vivir en condiciones precarias. Problemas de salud, de escolarización, de idioma e integración, que podrían conformar otra “generación perdida” Para ir al colegio los niños tienen que caminar hasta cuarenta minutos. Si llueve y hay viento no pueden ir.
     
    En los años 90 hubo una gran demanda de mano de obra para la agricultura almeriense, un sector económico que se benefició (y se beneficia) de esta mano de obra barata. Este modelo basado en la explotación agrícola intensiva de alto rendimiento tiene un alto nivel
    de producción para el consumo nacional y la exportación. Todo el mundo sabe desde siempre que este trabajo lo sacan adelante inmi-grantes, en su mayoría sin contratar”
     
    Eva Moreno es la coordinadora del centro de Cepaim en Níjar. “Tras el daño que sufrieron las víctimas de París, ahora la población inmigrante musulmana es señalada y sufre la xenofobia. Lo poco que hemos avanzado estos años se pierde en un segundo cuando pasa algo así y se mete a toda una población en el mismo saco. El futuro es la interculturalidad, ya está aquí en nuestra sociedad. Nuestra sociedad es mezcla. Eso es riqueza. No hay nada mejor que abrirse al otro y conocerlo. Ni son el enemigo ni vienen a quitarnos nada. Huyen de problemas gravísimos en sus países de origen y hacen aquí un trabajo tremendo muy importante. Para nada es una población conflictiva. Son trabajadores. Desde hace años la agricultura la sostienen ellos en Almería”
    Organizaciones como Cepaim, Cruz Roja, Médicos del Mundo, Cáritas y las Hermanas Mercedarias de la Caridad intentan cubrir esas necesidades, pero la situación de muchas familias es muy complicada.
    Hasta aquí, párrafos del artículo. Si tenéis oportunidad, os invitamos a leerlo entero: “La
    vida (invisible) bajo el plástico”. Firmado por Silvia Melero Abascal en la REVISTA 21
    Sabemos que todo lo que se dice en el artículo es cierto, pero también comprobamos que existe otra cara de la realidad: Hay muchos propietarios de invernaderos que tratan a sus asalariados como miembros de la propia familia; miles de inmigrantes, la mayoría, viven en casas o pisos, si bien es verdad que a veces conviven ocho o diez personas en el mismo piso; también es verdad que muchos de los inmigrantes prefieren vivir en los asentamientos, donde no tienen que pagar alquiler, luz ni agua, y ahorrar ese dinero para mandarlo a su familia; muchos, marroquíes en su mayoría,tienen coche, casa y comercio propio.
    La comunidad, como podéis comprender, puede hacer poco ante estas necesidades. Desde Cáritas, ayudamos en el reparto de alimentos, damos clases de español, colaboramos con el Taller Ocupacional que las Mercedarias de la Caridad tienen en San Isidro. Y, sobre todo, intentamos escuchar, acoger, estar con ellos. Siempre se dice, pero es la pura verdad: recibimos de ellos muchísimo más de lo que podamos aportarles: Su alegría a pesar de las dificultades, su esperanza, el interés por mejorar la situación de su familia en su propio país, los muchos ejemplos de cómo se ayudan entre ellos, nos ayudan a creer en que, a pesar de todo, “el Reino de Dios está entre nosotros”

  • Fiesta de la Trinidad

    En esta fiesta de la Trinidad cuando nuestro Dios, que es Relación, nos invita a profundizar en la unidad de amor, le agradecemos su amor que tantas veces hemos experimentado en nuestro camino personal  y en el de la Sagrada Familia.
    Recordando la memoria de nuestros comienzos hoy celebramos la fiesta del amor de Dios creador, Amor encarnado en Jesús y el Espíritu que continua viviendo con nosotros y transformando nuestra vida.
    El Domingo de la Trinidad, es para la Sagrada Familia un día de alegría, de agradecimiento a Dios y a nuestro Fundador, por el don que nos dejó, en los comienzos de la Sagrada Familia.
    “Era el 27 de mayo de 1820 vigilia de la festividad de la Santísima Trinidad las tres jóvenes  empezaron a vivir juntas en el alojamiento elegido para ellas, un apartamento de tres habitaciones. El  Domingo de Trinidad comenzaron un Retiro de ocho días dirigido por el Fundador  y durante este retiro, recibieron una gracia especial, una llamada de Dios, que nunca falla a los que le escuchan … Ellas deseaban buscar a Solo Dios…El heroísmo de estas tres mujeres, que desconocían su futuro, y su destino,  la sencillez de su fe en el seguimiento de la estrella que había brillado en sus horas de oscuridad e incertidumbre;  dirigidas bajo el impulso de un sacerdote que también buscaba la gloria de Solo Dios – plantó en el campo de la Iglesia, el árbol de la Sagrada Familia que un día, tendría  numerosas ramas «.
    Marie-Bernard Flanagan: (“Un hombre bueno pasó por aquí”)

  • UISG Plenary: Una grande familia

    UISG Plenary: Una grande familia
    La Hna. Carmen Sammut, msola, presidente de la UISG dice: “Cada tres años muchos de los miembros de la UISG tenemos la ocasión de encontrarnos todos juntos. Nuestro tema es “Tejiendo la solidaridad global para vida”. Nuestro primer objetivo es conocernos entre nosotras, conocernos desde los contextos y situaciones que estamos viviendo en todos los rincones del mundo. Por ello reunirnos es tan importante; y disponemos de tiempo para compartir en grupos lingüísticos. Nuestros conferenciantes nos ayudarán a reflexionar sobre lo que vivimos y sobre todo ver cómo juntas podemos ser eficaces en nuestras acciones. Vamos a reflexionar sobre lo que significa la vida religiosa hoy, viviendo y actuando como Jesús. Tenemos un gran potencial por ser un grupo numeroso y por estar inmersas en todas las situaciones de nuestro mundo hoy. Esperamos ser capaces de reconocer donde el Espíritu Santo nos guía y decidir sobre algunas orientaciones y acciones que debemos tomar JUNTAS en favor de la vida de nuestro planeta, de los marginados, y para un compromiso más coordinado e intercongregacional como religiosas. También vamos a celebrar los 50 años de vida de la UISG y recordar con gratitud a todos los que la han conducido a su madurez actual.

    Esperamos salir de la asamblea llenas de entusiasmo por nuestra vocación, sabiendo que nunca estamos solas, porque donde quiera que estemos formamos parte de una gran familia con los mismos objetivos, el de tejer una vida mejor para todos. De hecho “para que tengan vida y la tengan en abundancia.” (Juan 10:10)
    Lee más sobre la Asamblea Plenaria
     

  • LA 50 JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

    MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
    PARA LA 50 JORNADA MUNDIAL
    DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
     
    Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo
     
    Queridos hermanos y hermanas:
    El Año Santo de la Misericordia nos invita a reflexionar sobre la relación entre la comunicación y la misericordia. En efecto, la Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar. Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos. El amor, por su naturaleza, es comunicación, lleva a la apertura, no al aislamiento. Y si nuestro corazón y nuestros gestos están animados por la caridad, por el amor divino, nuestra comunicación será portadora de la fuerza de Dios.
    Como hijos de Dios estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión. En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos. Se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre, de modo que Jesús sea conocido y amado, ese calor que da contenido a las palabras de la fe y que enciende, en la predicación y en el testimonio, la «chispa» que los hace vivos.
    La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver  personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos. Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital. Por tanto, que las palabras y las acciones sean apropiadas para ayudarnos a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio. La palabra del cristiano, sin embargo, se propone hacer crecer la comunión e, incluso cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación.
    Quisiera, por tanto, invitar a las personas de buena voluntad a descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades. Todos sabemos en qué modo las viejas heridas y los resentimientos que arrastramos pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse. Esto vale también para las relaciones entre los pueblos. En todos estos casos la misericordia es capaz de activar un nuevo modo de hablar y dialogar, como tan elocuentemente expresó Shakespeare: «La misericordia no es obligatoria, cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe» (El mercader de Venecia, Acto IV, Escena I).
    Es deseable que también el lenguaje de la política y de la diplomacia se deje inspirar por la misericordia, que nunca da nada por perdido. Hago un llamamiento sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores. Es fácil ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio. Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación. Y es precisamente esa audacia positiva y creativa la que ofrece verdaderas soluciones a antiguos conflictos así como la oportunidad de realizar una paz duradera. «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. […] Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,7.9).
    Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho. La misericordia puede ayudar a mitigar las adversidades de la vida y a ofrecer calor a quienes han conocido sólo la frialdad del juicio. Que el estilo de nuestra comunicación sea tal, que supere la lógica que separa netamente los pecadores de los justos. Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado –violencia, corrupción, explotación, etc.–, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones. Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído. El evangelio de Juan nos recuerda que «la verdad os hará libres» (Jn 8,32). Esta verdad es, en definitiva, Cristo mismo, cuya dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia. Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor (cf. Ef 4,15). Sólo palabras pronunciadas con amor y  acompañadas de mansedumbre y misericordia tocan los corazones de quienes somos pecadores. Palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa.
    Algunos piensan que una visión de la sociedad enraizada en la misericordia es injustificadamente idealista o excesivamente indulgente. Pero probemos a reflexionar sobre nuestras primeras experiencias de relación en el seno de la familia. Los padres nos han amado y apreciado más por lo que somos que por nuestras capacidades y nuestros éxitos. Los padres quieren naturalmente lo mejor para sus propios hijos, pero su amor nunca está condicionado por el alcance de los objetivos. La casa paterna es el lugar donde siempre eres acogido (cf. Lc 15,11-32). Quisiera alentar a todos a pensar en la sociedad humana, no como un espacio en el que los extraños compiten y buscan prevalecer, sino más bien como una casa o una familia, donde la puerta está siempre abierta y en la que sus miembros se acogen mutuamente.
    Para esto es fundamental escuchar. Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. La escucha nos permite asumir la actitud justa, dejando atrás la tranquila condición de espectadores, usuarios, consumidores. Escuchar significa también ser capaces de compartir preguntas y dudas, de recorrer un camino al lado del otro, de liberarse de cualquier presunción de omnipotencia y de poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común.
    Escuchar nunca es fácil. A veces es más cómodo fingir ser sordos. Escuchar significa prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro. En la escucha se origina una especie de martirio, un sacrificio de sí mismo en el que se renueva el gesto realizado por Moisés ante la zarza ardiente: quitarse las sandalias en el «terreno sagrado» del encuentro con el otro que me habla (cf. Ex 3,5). Saber escuchar es una gracia inmensa, es un don que se ha de pedir para poder después ejercitarse practicándolo.
    También los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición. Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos. El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral. Pido que el Año Jubilar vivido en la misericordia «nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae vultus, 23). También en red se construye una verdadera ciudadanía. El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada. La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común.
    La comunicación, sus lugares y sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes para muchas personas. Esto es un don de Dios, y es también una gran responsabilidad. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad». El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra. En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad.
    Vaticano, 24 de enero de 2016
    Francisco
     

  • Jesús lloró

    Una imagen que recientemente me ha impresionado mucho es la de Jesús llorando. En los Evangelios encontramos varias veces a Jesús llorando. Cuando contemplaba la ciudad de Jerusalén dijo llorando: «Si también tú conocieras hoy lo que conduce a la paz” (Lucas 19, 41). Lloró por la muerte de su amigo Lázaro y por el dolor que su muerte ocasionó a sus hermanas, María y Marta. (Juan 11,35). Lloró por la traición de Judas: «Judas, ¿con un beso, traicionas al Hijo del Hombre?» (Lucas 22,48).
    No hay duda de que Él sigue llorando por nuestro mundo, donde cientos de miles de personas están desplazadas, huyendo de la guerra, la destrucción y la muerte; donde los niños pequeños son abusados ??y mueren de hambre y crecerán sin haber experimentado una infancia segura y protegida; donde las bombas llueven a diario sobre poblaciones inocentes, destruyendo sus casas y masacrando a sus seres queridos. Ciertamente, Jesús llora. ¿Lloramos nosotras? ¿Podemos dejar de llorar? Cuando vemos las terribles imágenes en las pantallas de televisión y leemos desgarradores relatos en los periódicos, nos preguntamos: «¿Qué podemos hacer?» Jesús respondió al joven en el Evangelio, que hizo la misma pregunta: «… anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres… y sígueme.» (Mateo 19, 21). ¿Qué hemos de «vender» para seguir a Jesús y construir la comunión entre nosotras y entre los que nos rodean? ¿Qué tenemos que dejar fuera para detener la violencia?
    Podemos hacer muy poco para detener las bombas que caen sobre las poblaciones inocentes, pero el seguimiento de Jesús modela nuestras vidas y podemos detener la violencia que logra colarse en nuestros propios corazones. Podemos poner fin a las pequeñas, pero dolorosas maneras de actuar, con las que causamos dolor. Podemos hacer un compromiso negándonos a agregar más sufrimiento al que ya existe en nuestro mundo. Eso sí que lo podemos hacer. La imagen de Jesús llorando nos recuerda que Él ama a cada uno de nosotros. Sufre cuando traicionamos nuestra llamada a vivir y promover la comunión; cuando no somos capaces de «practicar la entrega gozosa de nosotras mismas, la aceptación incondicional, la atención, el diálogo, el perdón y las relaciones genuinas» (Carta de Ana María-febrero 2016).
    Tal vez, si contemplamos el llanto de Jesús, vamos a dar la espalda a todo lo que está destruyendo la comunión entre nosotras. Que las lágrimas de Jesús fundan nuestros corazones y nos muevan a ser mejores. Si contemplamos el Jesús que llora, podemos cambiar  y  resucitar con Jesús a una nueva forma de vida, con un compromiso renovado para vivir «como testigos visibles y proféticos de la misericordia de Dios en la Iglesia y en el contexto del mundo en que vivimos» (Carta de Ana María-febrero 2016).
    Gemma
    (Líder de la Unidad de Gran Bretaña/Irlanda)
     
     

  • Los colegios de la Sagrada Familia de Burdeos en España se incorporan a la FESD

    La Fundación Educativa Santo Domingo y la Congregación Religiosa de la Sagrada Familia de Burdeos emitieron ayer el siguiente comunicado:
    Los colegios de la Sagrada Familia de Burdeos en España se incorporan a la Fundación Educativa Santo Domingo (FESD).
    Los seis colegios en España de la Congregación de la Sagrada Familia de Burdeos, que se encuentran en Aranjuez, Getafe, Madrid, Málaga, Pinto y Valencia, se incorporan a la Fundación Educativa Santo Domingo (FESD), tras llegar a un acuerdo entre ambas instituciones por el que la Congregación cede la titularidad de sus centros a la Fundación.
    Esta incorporación garantiza la continuidad de los centros educativos manteniendo su ideario de escuelas católicas al servicio de la educación integral de las personas.
    La Fundación Educativa Santo Domingo fue creada en 2006 por ocho instituciones de la Familia Dominicana con el objetivo de promover un proyecto educativo de calidad, que impulsara una renovación de sus centros, con carácter innovador en lo pedagógico y en lo pastoral.
    Los centros integrados hasta ahora en la Fundación han generado una estructura común de organización en red que facilita y garantiza la incorporación eficaz de estos nuevos seis colegios.
    Desde el próximo septiembre de 2016 la Fundación Educativa Santo Domingo integrará y gestionará 21 colegios, con unos 15.000 alumnos y alrededor de 1.400 profesores y personal de administración y servicios, con un proyecto común de educación de calidad y valores cristianos.
    Los colegios de la Sagrada Familia que se incorporan a la FESD son:
     Sagrada Familia en Aranjuez (Madrid)
     San José en Getafe (Madrid)
     Nuestra Señora de Loreto en Madrid
     Sagrada Familia El Monte en Málaga
     Sagrada Familia en Pinto (Madrid)
     Nuestra Señora de Loreto en Valencia

  • los emigrantes que han logrado salvar su vida

    Es el tercer año que Cartagena organiza este acto. Desde la Organización se convocó a miembros de los distintos grupos para preparar este acto – Petri participó de parte de la comunidad – y se nos pidió que contestáramos a algunas preguntas. A nosotras nos tocó: “¿Qué encuentran en Europa los emigrantes que han logrado salvar su vida en las fronte-ras?”
    En el segundo encuentro cada miembro convocado, llevaba sus repuestas, pero al estilo jurídico. Entonces nos dimos cuenta de que eso era lo que pensamos los europeos, pero ¿qué es lo que realmente han vivido y viven los supervivientes?
    Se organizó una gran movida entre nosotros investigando por todo Cartagena. Y las respues-tas nos las dieron los mismos protagonistas.
    El acto estuvo ameniza-do, por cantos árabes (Marruecos), el poema cantado decía, (según nos tradujo, una marroquí del barrio) que un super-viviente que se había vado en las fronteras, al encontrar tantas des en Europa, se arrojó al mar, para unirse a sus compañeros ahogados. También hubo cantos en francés: “Libertad para África, queremos libertad para África”, entre los que can-taban en Kikongo, había una joven de Idiofa, cantaron una plegaria por los 3.771 inmi-grantes ahogados en el mar, en el año 2.015, de ellos más de 1.000 eran niños. La plega-ria repetía: Sambu na Beto na Nzambi: Roguemos a Nuestro Dios.

    ¿Qué reacción ha tenido este acto entre la gente?
    Sirvan de muestra dos testimonios dirigidos a Antonio Sicilia, el que introdujo “El círculo del Silencio” en Cartagena
    1. “Gracias a ti y al Circulo del Silencio, por hacer posible que nos paremos tod@s pa-ra reflexionar y visualizar este gran drama humano y a liderar estas CONCEN-TRACIONES. Estoy de acuerdo en que ha sido un acto muy bonito, hecho desde el corazón, con la voz de todos y con una especial y delicada forma de llamarnos a la reflexión y a lo que hacemos ante esta situación. Los diferentes agentes sociales, políticos presentes y la ciudadanía, nos debe de hacer pensar que vamos CAM-BIANDO algunas cuestiones y que lancemos más SALVAVIDAS. Gracias a ti, An-tonio, por hacer posible que nos unamos en una sola voz”
     
    2. Antonio, todavía me queda la miel en los labios, para decirte con alegría:»MUCHAS GRACIAS». Así me han pedido que lo hiciera, las 15 mujeres, las 5 jovencitas, y los 5 niños Marroquís, emigrantes del barrio “Los Mateos”.
    Creo que también se hicieron presentes un grupo de hombres, de los Mateos, pero no sé exactamente el número.
    Sentí que no pudieran leer, las tres jovencitas, a las que les había prometido que iban a leer, quedaron muy decepcionadas. Yo estaba henchida de alegría, por todas y cada una , no sabía cómo daros las gracias…, grité con toda mi alma. Además el canto que cantaron en Kikongo, lo entendía todo, y viví visceralmente, el proyecto de Jesús, que es el Reino de Dios para todos. Petri.
    Y también habló Antonio Sicilia Velasco, Sacerdote, organizador del encuentro:
    “Hemos vivido la experiencia, muy positiva, de pensar juntos, preocuparnos juntos y trabajar juntos en algo que a todos nos duele, preocupa y ocupa a diario. Todo salió muy bien según habíamos planeado. No alcanzamos la perfección, ni la pretendemos. Siempre tiene que haber algún «pero» para que podamos superarlo a la próxima. Lo que sí es cierto es que las opiniones que hemos ido recogiendo han sido muy positivas. Y estoy seguro de que tod@s nos sentimos content@s. La vida es larga, el trabajo continúa y la experiencia de coordinación no sólo es positiva, sino necesaria a todos los niveles y me-rece la pena continuarla.
    Solamente quería deciros eso. No pretendo felicitaros, sino felicitarnos porque de ésta salimos mejores que entramos, crecimos y se fortalecieron los lazos de nuestra amis-tad en orden a trabajar mejor en favor de la gente más vulnerable.
       
    Un abrazo. Antonio
    Comunidad de Cartagena