Autor: AdminWp

  • Pasos hacia la paz

    John Mpaliza nació en Bukavu, República Democrática del Congo. Es  ingeniero informático. Tiene 45 años y ha vivido en Italia durante 21 años.
    Hasta mayo de 2014, trabajó como programador en el municipio de Reggio Emilia, en el norte de Italia. Decidió dejar el trabajo deseando realizar un proyecto mucho más amplio que la satisfacción personal de cubrir sus gastos y ganar un salario a fin de mes. Comenzó a “caminar” por la paz en la República Democrática del Congo, en particular, y en el mundo entero, ‘Peace Walking Man’.

    John es un activista enérgico, con objetivos muy ambiciosos. Es consciente de que caminar por la paz significa sufrir física, moral y psicológicamente; independientemente del calor, el frío, la lluvia o la nieve. Es muy significativo para él seguir caminando aunque no tenga dinero o esté cansado porque lo que busca es llegar a su destino. En su camino, conoce  personas a quienes les gusta escuchar este mensaje de paz o que se asocian con él. John hace 35/45 km al día.

    ¿Cuál es su objetivo?
    John quiere educar para la paz. Nos dice: «Empecé a sensibilizar al público sobre la tragedia del pueblo congoleño: un país muy rico, pero la gente se está muriendo por la miseria». Congo-Kinshasa es un país rico en agua dulce, su tierra es fértil, con una biodiversidad única. Un país que podría considerarse una «maravilla» por la riqueza de su subsuelo: oro, cobalto, diamantes, estaño, etc.
    La falta de atención de los medios de comunicación de la República Democrática del Congo, ha impulsado a John a iniciar este camino para sensibilizar también a los medios, a los inversores y a los políticos. Después de visitar Canadá en 2009, John decía: «Me sentí atormentado por lo que vi y escuché. Entonces, decidí ya no guardar silencio. Perdí a muchos amigos durante las guerras. Hay 8 millones de congoleños que han muerto, alrededor de 4 millones de mujeres están siendo maltratadas, y nadie  piensa hacer algo al respecto. Yo no quería formar parte de ese silencio que mata”.
     Los problemas del Congo en el contexto africano son también los problemas de otras naciones que sufren de tiranía y explotación por parte de las multinacionales y de los países industrializados, a menudo con la complicidad de los líderes locales, que hábilmente han seleccionado y se han impuesto. El hecho de hablar sobre los problemas diarios de estos países, de mi Congo, creo que puede ayudar a ver las injusticias que les rodean, con la esperanza de que, en un futuro, el Congo y África puedan resurgir.
    Principio del formulario
    John camina pacíficamente con modestia y alegría. Dice también: «Me gusta pensar que la manera de llevar un mensaje de paz a todas las personas que encuentro en mi camino, es explicar que, a pesar de toda la corrupción, las guerras, el hambre, la injusticia que conocemos o vivimos cotidianamente, el mundo no está condenado. Estoy convencido de que, trabajando por la paz, podemos vivir en un mundo socialmente justo”.

    Han pasado cuatro años desde que John comenzó a caminar por la paz de la República Democrática del Congo y de todo el mundo. Vive con lo estrictamente necesario, pensando en los miles de personas que sufren en el mundo y en su país de origen.
    Esta marcha está estimulada por el sufrimiento de las personas, de un pueblo, y su falta de democracia.
    En 2016, durante un mes, John caminó por Italia (Reggio Emilia, donde vive) y  Bélgica (Bruselas) para denunciar a la Unión Europea, la matanza de Beni (en el Este del Congo), en particular y la alarmante situación en toda la República Democrática del Congo.
    Este año, del 1 al 29 de octubre de 2017, John Mpaliza caminó desde Reggio Emilia (norte de Italia) hasta Roma para decirle al mundo que la situación está empeorando en la República Democrática del Congo. La última semana de esta marcha (del 23 al 29 de octubre), organizó muchas actividades: conferencias, testimonios y, por supuesto, continuó caminando. De acuerdo con su espíritu, estas actividades siempre están abiertas a todas las personas de buena voluntad.
    Yo me uní, durante dos días: primero en la marcha del viernes 27 de octubre. Caminamos de 15,00 a 17,00 horas (desde la Piazza del Popolo al Vaticano (a la entrada de la Plaza de San Pedro) acompañados por la policía italiana para mayor seguridad. Durante el camino íbamos cantando himnos de nuestro país en diferentes idiomas nacionales, para expresar nuestra compasión por nuestra gente. Me recordó el Salmo 136. “En los ríos de Babilonia nos sentamos para llorar, acordándonos de Sion…” Las canciones iban acompañadas por la guitarra.
    El domingo, último día del programa, fui con el grupo a la Plaza de San Pedro para el Ángelus del Papa. Con banderas de la República Democrática del Congo y tiras sobre las que estaba escrito: «Paz – Pace» John  quería decir al mundo y a la Iglesia que es urgente una solución rápida para la crisis del Congo.
    Queridos hermanos y hermanas, gracias por orar por la alarmante situación de la República Democrática del Congo.

    El 23 de este mes, a las 17,30 h, en la Basílica de San Pedro, el Papa orará por Sudán del Sur y la República Democrática del Congo.

    Marie-Pierre, Comunidad local, C. General

     
     

  • Familias Fuertes Amor y Límites

    Es el título del programa de entrenamiento del cual hemos participado, en la ciudad de Lima, Perú los días 8 al 11 de octubre del presente año. Hemos sido invitadas por la Secretaria nacional anti drogas (SENAD) del Paraguay, en conexión con  DEVIDA Perú. (Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas)
    Es un trabajo basado en  evidencias. Desarrollado inicialmente en  (E.E.U.U) en 1992 y posteriormente adaptado a nuestro contexto latinoamericano, por la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS). Viene implementándose en el Perú desde el 2005.
    Este programa viene muy acorde y oportuno para el trabajo que desde marzo hemos iniciado en Paraguay, en el marco de la prevención de adicciones. Nos llena de esperanza y motivación para continuar en ésta línea.
    El objetivo de éste programa, es trabajar en la Prevención empoderándole al niño o adolescente,  para hacer frente a las presiones de grupo que encuentra a diario. Así como fortalecer el diálogo en la familia.
    La experiencia nos confirma que el consumo de las drogas es un flagelo actual en la sociedad, arrasando sin compasión todo lo que encuentra. En Paraguay el consumo de drogas va en aumento e iniciándose cada vez, a más temprana edad. Es un problema que hace sufrir no solo al usuario, sino con él o ella a toda su familia. Es un clamor que espera respuesta. Podemos recordar aquí el texto del Gn. 4: ¿Dónde está tu hermano? ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano? Nuestro Carisma de Comunión nos recuerda que todos somos hermanos en ésta gran familia cósmica, todo está interconectado, lo que hago o dejo de hacer repercute en los demás…
    Nuestro proyecto de trabajar en la prevención surgió justamente de la angustia con la cual venían a solicitarnos orientación y ayuda tantas familias, especialmente las madres. Y también algunos adolescentes.
    Sentíamos  que como miembros de la Sagrada Familia no podíamos quedarnos indiferentes ante tanto sufrimiento. Tenemos un regalo muy valioso que compartir que es nuestro Carisma de comunión. Y eso no podemos guardarlo.  El inicio no fue fácil ya que es un tema nunca tratado en nuestra propia comunidad, por momentos tuvo lugar el temor que caracteriza a lo desconocido y con ello la incertidumbre… Hoy luego de unos meses de haber iniciado, vamos haciendo camino al andar. Contamos con la financiación de la Fundación Pedro Bienvenido y la colaboración de muchas personas que ofrecen sus servicios profesionales o no. Todos van sumando. Compartimos algunos de los trabajos que realizamos:
    Hemos formado un equipo  coordinador integrado por jóvenes y adultos. Con quienes nos reunimos semanalmente, los sábados.
    También contamos actualmente con tres grupos de guitarras, tres veces por semana, en dos niveles: principiantes y el nivel de avanzados.
    Trabajamos en conexión con la escuela de fútbol Cerrito, que cuenta con 300 niños y adolescentes de 7 a 17 años de edad.
    En todos estos grupos tenemos algunos espacios para trabajar a nivel de valores, conocimiento personal, autoestima, presión de grupo y otros temas.
    Tanto de colegios, como de grupos juveniles, nos solicitan impartir jornadas con temas en ésta línea.
    Otro espacio es el de la infancia y adolescencia misionera. Distribuidos en 5 centros albergando a 300 niños y adolescentes.
    Por otra parte hemos facilitado la atención Psicopedagógica y Psicológica para niños y adolescentes. Así como también atención Psicológica para adultos. Una Abogada y una trabajadora social también nos brindan sus servicios.
    Acompañamiento a las madres (mientras sus hijos estudian guitarra)
    Dentro del Programa también tiene lugar la pastoral de la escucha.

    Nada de esto hubiera sido posible si no hubiésemos contado con la solidaridad de tantas personas de nuestro entorno.
    Somos conscientes que el proyecto es un gran desafío y a la vez  es solo un grano de arena en la lucha contra ésta epidemia social.  Sin dudas es un problema muy complejo que posee varias aristas, entre ellos el desempleo, la falta de estudios…La sociedad incita al consumismo desenfrenado ofertando todo y al mismo tiempo niega la posibilidad de que los jóvenes desarrollen sus potencialidades. A esto podemos añadir que Paraguay hasta hace unos años era solo país de tránsito de las drogas, hoy se sabe que es productor y consumidor a la vez. Agudizando aún más la situación.
    Ante toda esta realidad nos anima el Espíritu que inspiró a nuestro Fundador, así como sus propias palabras: Nada podrá detener su carrera, sigan adelante.
    La formación realizada en Perú nos ha proporcionado nuevas herramientas para trabajar con las familias de nuestro contexto. Con los padres o tutores y con adolescentes de 10 a 14 años.
    Estamos muy agradecidas por la posibilidad que nos brindaron de participar de este programa de entrenamiento. Nos hemos comprometido a de seguir trabajando con las familias a partir de lo que hemos aprendido. Seguras que también ellas nos enseñarán.
    Agradecemos a las hermanas de Perú por tantos gestos de delicadeza que han tenido con nosotras. En Paraguay acostumbramos a decir  Ñande Jara tapende rovasá jo’a  jo’a (Dios las bendiga abundantemente)
     Ramona Chappe –  Selva Encina
    Cdad de Ñemby – Paraguay

  • Marea verde por Sri Lanka

    En el Colegio SAFA El Monte FESD de Málaga durante la segunda semana del mes de mayo se han realizado una diversidad de actividades tanto educativas y de concienciación, como recaudatorias a nivel económico, de cara a colaborar con el Proyecto Humanitario del Bicentenario en Sri Lanka.
    La participación de los alumnos y las familias, así como la implicación de los profesores ha sido magnífica. Se percibe el cariño hacia un proyecto de la Familia, aun cuando la titularidad del colegio está ya en manos de la Fundación Educativa Santo Domingo que la ha asumido este mismo curso.
     
    http://saintefamillebordeaux.org/200ans/es/news/marea-verde-por-sri-lanka
     

  • Mensaje del Santo Padre Francisco

     
    I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES
    Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
    19 de noviembre de 2017
    No amemos de palabra sino con obras
     
    1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).
    Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo. Así, la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.
    2. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación. Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).
    «Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados. El apóstol Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? […] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).
    3. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres.
    Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.
    No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).
    Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.
    4. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).
    Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida.
    5. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.
    Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.
    Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.
    6. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras comunidades, se añada esta, que aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres.
    Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna.
    7. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua.
    En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.
    8. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.
    9. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo.
    Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.
    Vaticano, 13 de junio de 2017
    Memoria de San Antonio de Padua
    Francisco

  • DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO

    DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
    A LOS JEFES DE ESTADO Y DE GOBIERNO DE LA UNIÓN EUROPEA
    PRESENTES EN ITALIA PARA LA CELEBRACIÓN 
    DEL 60 ANIVERSARIO DEL TRATADO DE ROMA

    Viernes 24 de marzo de 2017
    Distinguidos invitados
    Les doy las gracias por su presencia aquí esta tarde, en la víspera del 60 aniversario de la firma de los Tratados constitutivos de la Comunidad Económica Europea y la Comunidad Europea de la Energía Atómica. Quiero manifestarles el afecto de la Santa Sede hacia sus respectivos países y al conjunto de Europa, y a cuyos destinos, por disposición de la Providencia, se siente inseparablemente unida. Dirijo un especial agradecimiento al Honorable Paolo Gentiloni, Presidente del Consejo de Ministros de la República Italiana, por las deferentes palabras que ha pronunciado en nombre de todos y por el trabajo que Italia ha realizado para organizar este encuentro; así como al Honorable Antonio Tajani, Presidente del Parlamento Europeo, que ha dado voz a las esperanzas de los pueblos de la Unión en este aniversario.
    Volver a Roma sesenta años más tarde no puede ser sólo un viaje al pasado, sino más bien el deseo de redescubrir la memoria viva de ese evento para comprender su importancia en el presente. Es necesario conocer bien los desafíos de entonces para hacer frente a los de hoy y a los del futuro. Con sus narraciones, llenas de evocaciones, la Biblia nos ofrece un método pedagógico fundamental: la época en que vivimos no se puede entender sin el pasado, el cual no hay que considerarlo como un conjunto de sucesos lejanos, sino como la savia vital que irriga el presente. Sin esa conciencia la realidad pierde su unidad, la historia su hilo lógico y la humanidad pierde el sentido de sus actos y la dirección de su futuro.
    El 25 de marzo de 1957 fue un día cargado de expectación y esperanzas, entusiasmos y emociones, y sólo un acontecimiento excepcional, por su alcance y sus consecuencias históricas, pudo hacer que fuera una fecha única en la historia. El recuerdo de ese día está unido a las esperanzas actuales y a las expectativas de los pueblos europeos que piden discernir el presente para continuar con renovado vigor y confianza el camino comenzado.
    Eran muy conscientes de ello los Padres fundadores y los líderes que, poniendo su firma en los dos Tratados, dieron vida a aquella realidad política, económica, cultural, pero sobre todo humana, que hoy llamamos la Unión Europea. Por otro lado, como dijo el Ministro de Asuntos Exteriores belga Spaak, se trataba, «es cierto, del bienestar material de nuestros pueblos, de la expansión de nuestras economías, del progreso social, de posibilidades comerciales e industriales totalmente nuevas, pero sobre todo (…) [de] una concepción de la vida a medida del hombre, fraterna y justa»[1].
    Después de los años oscuros y sangrientos de la Segunda Guerra Mundial, los líderes de la época tuvieron fe en las posibilidades de un futuro mejor, «no pecaron de falta de audacia y no actuaron demasiado tarde. El recuerdo de las desgracias del pasado y de sus propias culpas parece que les ha inspirado y les ha dado el valor para olvidar viejos enfrentamientos y pensar y actuar de una manera totalmente nueva para lograr la más importante transformación […] de Europa»[2].
    Los Padres fundadores nos recuerdan que Europa no es un conjunto de normas que cumplir, o un manual de protocolos y procedimientos que seguir. Es una vida, una manera de concebir al hombre a partir de su dignidad trascendente e inalienable y no sólo como un conjunto de derechos que hay que defender o de pretensiones que reclamar. El origen de la idea de Europa es «la figura y la responsabilidad de la persona humana con su fermento de fraternidad evangélica, […] con su deseo de verdad y de justicia que se ha aquilatado a través de una experiencia milenaria»[3]. Roma, con su vocación de universalidad[4], es el símbolo de esa experiencia y por eso fue elegida como el lugar de la firma de los Tratados, porque aquí –recordó el Ministro holandés de Asuntos Exteriores Luns– «se sentaron las bases políticas, jurídicas y sociales de nuestra civilización»[5].
    Si estaba claro desde el principio que el corazón palpitante del proyecto político europeo sólo podía ser el hombre, también era evidente el peligro de que los Tratados quedaran en letra muerta. Había que llenarlos de espíritu que les diese vida. Y el primer elemento de la vitalidad europea es la solidaridad. «La Comunidad Económica Europea –declaró el Primer Ministro de Luxemburgo Bech– sólo vivirá y tendrá éxito si, durante su existencia, se mantendrá fiel al espíritu de solidaridad europea que la creó y si la voluntad común de la Europa en gestación es más fuerte que las voluntades nacionales»[6]. Ese espíritu es especialmente necesario ahora, para hacer frente a las fuerzas centrífugas, así como a la tentación de reducir los ideales fundacionales de la Unión a las exigencias productivas, económicas y financieras.
    De la solidaridad nace la capacidad de abrirse a los demás. «Nuestros planes no son de tipo egoísta»[7], dijo el Canciller alemán Adenauer. «Sin duda, los países que se van a unir (…) no tienen intención de aislarse del resto del mundo y erigir a su alrededor barreras infranqueables»,[8] se hizo eco el Ministro de Asuntos Exteriores francés Pineau. En un mundo que conocía bien el drama de los muros y de las divisiones, se tenía muy clara la importancia de trabajar por una Europa unida y abierta, y de esforzarse todos juntos por eliminar esa barrera artificial que, desde el Mar Báltico hasta el Adriático, dividía el Continente. ¡Cuánto se ha luchado para derribar ese muro! Sin embargo, hoy se ha perdido la memoria de ese esfuerzo. Se ha perdido también la conciencia del drama de las familias separadas, de la pobreza y la miseria que provocó aquella división. Allí donde desde generaciones se aspiraba a ver caer los signos de una enemistad forzada, ahora se discute sobre cómo dejar fuera los «peligros» de nuestro tiempo: comenzando por la larga columna de mujeres, hombres y niños que huyen de la guerra y la pobreza, que sólo piden tener la posibilidad de un futuro para ellos y sus seres queridos.
    En el vacío de memoria que caracteriza a nuestros días, a menudo se olvida también otra gran conquista fruto de la solidaridad sancionada el 25 de marzo de 1957: el tiempo de paz más largo de los últimos siglos. «Pueblos que a lo largo de los años se han encontrado con frecuencia en frentes opuestos, combatiendo unos contra otros, (…) ahora, sin embargo, están unidos por la riqueza de sus peculiaridades nacionales»[9]. La paz se construye siempre con la aportación libre y consciente de cada uno. Sin embargo, «para muchos la paz es de alguna manera un bien que se da por descontado»[10] y así no es difícil que se acabe por considerarla superflua. Por el contrario, la paz es un bien valioso y esencial, ya que sin ella no es posible construir un futuro para nadie, y se termine por «vivir al día».
    La unidad de Europa es fruto, en efecto, de un proyecto claro, bien definido, debidamente ponderado, si bien al principio todavía muy incipiente. Todo buen proyecto mira hacia el futuro y el futuro son los jóvenes, llamados a hacer realidad las promesas del mañana[11]. Los Padres fundadores, por tanto, tenían clara la conciencia de formar parte de una empresa colectiva, que no sólo traspasaba las fronteras de los Estados, sino también las del tiempo, a fin de unir a las generaciones entre sí, todas igualmente partícipes en la construcción de la casa común.
    Distinguidos invitados:
    A los Padres de Europa he dedicado esta primera parte de mi intervención, para que nos dejemos interpelar por sus palabras, por la actualidad de su pensamiento, por el apasionado compromiso en favor del bien común que los ha caracterizado, por la convicción de formar parte de una obra más grande que sus propias personas y por la amplitud del ideal que los animaba. Su denominador común era el espíritu de servicio, unido a la pasión política, y a la conciencia de que «en el origen de la civilización europea se encuentra el cristianismo»[12], sin el cual los valores occidentales de la dignidad, libertad y justicia resultan incomprensibles. «Y todavía en nuestros días ?afirmaba san Juan Pablo II? el alma de Europa permanece unida porque, además de su origen común, tiene idénticos valores cristianos y humanos, como son los de la dignidad de la persona humana, del profundo sentimiento de justicia y libertad, de laboriosidad, de espíritu de iniciativa, de amor a la familia, de respeto a la vida, de tolerancia y de deseo de cooperación y de paz, que son notas que la caracterizan»[13]. En nuestro mundo multicultural tales valores seguirán teniendo plena ciudadanía si saben mantener su nexo vital con la raíz que los engendró. En la fecundidad de tal nexo está la posibilidad de edificar sociedades auténticamente laicas, sin contraposiciones ideológicas, en las que encuentran igualmente su lugar el oriundo, el autóctono, el creyente y el no creyente. En los últimos sesenta años el mundo ha cambiado mucho. Si los Padres fundadores, que habían sobrevivido a un conflicto devastador, estaban animados por la esperanza de un futuro mejor y con una voluntad firme lo perseguían, para evitar que surgieran nuevos conflictos, nuestra época está más dominada por el concepto de crisis. Está la crisis económica, que ha marcado el último decenio, la crisis de la familia y de los modelos sociales consolidados, está la difundida «crisis de las instituciones» y la crisis de los emigrantes: tantas crisis, que esconden el miedo y la profunda desorientación del hombre contemporáneo, que exigen una nueva hermenéutica para el futuro. A pesar de todo, el término «crisis» no tiene por sí mismo una connotación negativa. No se refiere solamente a un mal momento que hay que superar. La palabra crisis tiene su origen en el verbo griego crino (κρ?νω), que significa investigar, valorar, juzgar. Por esto, nuestro tiempo es un tiempo de discernimiento, que nos invita a valorar lo esencial y a construir sobre ello; es, por lo tanto, un tiempo de desafíos y de oportunidades.
    Entonces, ¿cuál es la hermenéutica, la clave interpretativa con la que podemos leer las dificultades del momento presente y encontrar respuestas para el futuro? Evocar las ideas de los Padres sería en efecto estéril si no sirviera para indicarnos un camino, si no se convirtiera en estímulo para el futuro y en fuente de esperanza. Cada organismo que pierde el sentido de su camino, que pierde este mirar hacia delante, sufre primero una involución y al final corre el riesgo de morir. ¿Cuál es la herencia de los Padres fundadores? ¿Qué prospectivas nos indican para afrontar los desafíos que nos aguardan? ¿Qué esperanza para la Europa de hoy y de mañana?
    La respuesta la encontramos precisamente en los pilares sobre los que ellos han querido edificar la Comunidad económica europea y que ya he mencionado: la centralidad del hombre, una solidaridad eficaz, la apertura al mundo, la búsqueda de la paz y el desarrollo, la apertura al futuro. A quien gobierna le corresponde discernir los caminos de la esperanza –este es su cometido: discernir los caminos de la esperanza–, identificar los procesos concretos para hacer que los pasos realizados hasta ahora no se dispersen, sino que aseguren un camino largo y fecundo.
    Europa encuentra de nuevo esperanza cada vez que pone al hombre en el centro y en el corazón de las instituciones. Considero que esto implica la escucha atenta y confiada de las instancias que provienen tanto de los individuos como de la sociedad y de los pueblos que componen la Unión. Desgraciadamente, a menudo se tiene la sensación de que se está produciendo una «separación afectiva» entre los ciudadanos y las Instituciones europeas, con frecuencia percibidas como lejanas y no atentas a las distintas sensibilidades que constituyen la Unión. Afirmar la centralidad del hombre significa también encontrar el espíritu de familia, con el que cada uno contribuye libremente, según las propias capacidades y dones, a la casa común. Es oportuno tener presente que Europa es una familia de pueblos[14] y, como en toda buena familia, existen susceptibilidades diferentes, pero todos podrán crecer en la medida en que estén unidos. La Unión Europea nace como unidad de las diferencias y unidad en las diferencias. Por eso las peculiaridades no deben asustar, ni se puede pensar que la unidad se preserva con la uniformidad. Esa unidad es más bien la armonía de una comunidad. Los padres fundadores escogieron precisamente este término como punto central de las entidades que nacían de los Tratados, acentuando el hecho de que se ponían en común los recursos y los talentos de cada uno. Hoy la Unión Europea tiene necesidad de redescubrir el sentido de ser ante todo «comunidad» de personas y de pueblos, consciente de que «el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas»[15], y por lo tanto «hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos»[16]. Los Padres fundadores buscaban aquella armonía en la que el todo está en cada una de las partes, y las partes están ?cada una con su originalidad? en el todo.
    Europa vuelve a encontrar esperanza en la solidaridad, que es también el antídoto más eficaz contra los modernos populismos. La solidaridad comporta la conciencia de formar parte de un solo cuerpo, y al mismo tiempo implica la capacidad que cada uno de los miembros tiene para «simpatizar» con el otro y con el todo. Si uno sufre, todos sufren (cf. 1 Co 12,26). Por eso, hoy también nosotros lloramos con el Reino Unido por las víctimas del atentado que ha golpeado en Londres hace dos días.  La solidaridad no es sólo un buen propósito: está compuesta de hechos y gestos concretos que acercan al prójimo, sea cual sea la condición en la que se encuentre. Los populismos, al contrario, florecen precisamente por el egoísmo, que nos encierra en un círculo estrecho y asfixiante y no nos permite superar la estrechez de los propios pensamientos ni «mirar más allá». Es necesario volver a pensar en modo europeo, para conjurar el peligro de una gris uniformidad o, lo que es lo mismo, el triunfo de los particularismos. A la política le corresponde esa leadership ideal, que evite usar las emociones para ganar el consenso, para elaborar en cambio, con espíritu de solidaridad y subsidiaridad, políticas que hagan crecer a toda la Unión en un desarrollo armónico, de modo que el que corre más deprisa tienda la mano al que va más despacio, y el que tiene dificultad se esfuerce para alcanzar al que está en cabeza.
    Europa vuelve a encontrar esperanza cuando no se encierra en el miedo de las falsas seguridades. Por el contrario, su historia está fuertemente marcada por el encuentro con otros pueblos y culturas, y su identidad «es, y siempre ha sido, una identidad dinámica y multicultural»[17]. En el mundo hay interés por el proyecto europeo. Así ha sido desde el primer momento, como demuestra la multitud que abarrotaba la plaza del Campidoglio y los mensajes de felicitación que llegaban de otros Estados. Aún más interés hay hoy, empezando por los Países que piden entrar a formar parte de la Unión, como también de los Estados que reciben las ayudas que, con gran generosidad, se les ofrecen para afrontar las consecuencias de la pobreza, de las enfermedades y las guerras. La apertura al mundo implica la capacidad de «diálogo como forma de encuentro»[18] a todos los niveles, comenzando por el que existe entre los Estados miembros y entre las Instituciones y los ciudadanos, hasta el que se tiene con los muchos inmigrantes que llegan a las costas de la Unión.  No se puede limitar a gestionar la grave crisis migratoria de estos años como si fuera sólo un problema numérico, económico o de seguridad. La cuestión migratoria plantea una pregunta más profunda, que es sobre todo cultural. ¿Qué cultura propone la Europa de hoy? El miedo que se advierte encuentra a menudo su causa más profunda en la pérdida de ideales. Sin una verdadera perspectiva de ideales, se acaba siendo dominado por el temor de que el otro nos cambie nuestras costumbres arraigadas, nos prive de las comodidades adquiridas, ponga de alguna manera en discusión un estilo de vida basado sólo con frecuencia en el bienestar material.  Por el contrario, la riqueza de Europa ha sido siempre su apertura espiritual y la capacidad de platearse cuestiones fundamentales sobre el sentido de la existencia. La apertura hacia el sentido de lo eterno va unida también a una apertura positiva, aunque no exenta de tensiones y de errores, hacia el mundo. En cambio, parece como si el bienestar conseguido le hubiera recortado las alas, y le hubiera hecho bajar la mirada. Europa tiene un patrimonio moral y espiritual único en el mundo, que merece ser propuesto una vez más con pasión y renovada vitalidad, y que es el mejor antídoto contra la falta de valores de nuestro tiempo, terreno fértil para toda forma de extremismo. Estos son los ideales que han hecho a Europa, la «península de Asia» que de los Urales llega hasta el Atlántico.
    Europa vuelve a encontrar esperanza cuando invierte en el desarrollo y en la paz. El desarrollo no es el resultado de un conjunto de técnicas productivas, sino que abarca a todo el ser humano: la dignidad de su trabajo, condiciones de vida adecuadas, la posibilidad de acceder a la enseñanza y a los necesarios cuidados médicos. «El desarrollo es el nuevo nombre de la paz»[19], afirmaba Pablo VI, puesto que no existe verdadera paz cuando hay personas marginadas y forzadas a vivir en la miseria. No hay paz allí donde falta el trabajo o la expectativa de un salario digno. No hay paz en las periferias de nuestras ciudades, donde abunda la droga y la violencia.
    Europa vuelve a encontrar esperanza cuando se abre al futuro. Cuando se abre a los jóvenes, ofreciéndoles perspectivas serias de educación, posibilidades reales de inserción en el mundo del trabajo. Cuando invierte en la familia, que es la primera y fundamental célula de la sociedad. Cuando respeta la conciencia y los ideales de sus ciudadanos. Cuando garantiza la posibilidad de tener hijos, con la seguridad de poderlos mantener. Cuando defiende la vida con toda su sacralidad.
    Distinguidos invitados:
    Con el aumento general de la esperanza de vida, los sesenta años se consideran hoy como el tiempo de la plena madurez. Una edad crucial en la que estamos llamados de nuevo a revisarnos. También hoy, La Unión Europea está llamada a un replanteamiento, a curar los inevitables achaques que vienen con los años y a encontrar nuevas vías para continuar su propio camino. Sin embargo, a diferencia de un ser humano de sesenta años, la Unión Europea no tiene ante ella una inevitable vejez, sino la posibilidad de una nueva juventud. Su éxito dependerá de la voluntad de trabajar una vez más juntos y del deseo de apostar por el futuro. A vosotros, como líderes, os corresponde discernir el camino para un «nuevo humanismo europeo»[20], hecho de ideales y de concreción. Esto significa no tener miedo a tomar decisiones eficaces, para responder a los problemas reales de las personas y para resistir al paso del tiempo.
    Por mi parte, renuevo la cercanía de la Santa Sede y de la Iglesia a Europa entera, a cuya edificación ha contribuido desde siempre y contribuirá siempre, invocando sobre ella la bendición del Señor, para que la proteja y le dé paz y progreso. Hago mías las palabras que Joseph Bech pronunció en el Campidoglio: Ceterum censeo Europam esse ædificandam, por lo demás, pienso que Europa merezca ser construida.
    Gracias.

  • Premio al trabajo de las religiosas por la paz.

    En los periódicos leemos el siguiente título: Una monja recibe la condecoración MBE por su trabajo en favor de la paz. Esta noticia apareció en los diarios locales del Ulster, cuando, con motivo del año nuevo 2017, se presentó la Lista de personas premiadas. La monja en cuestión es de la Sagrada Familia y se llama Sr Rose DEVLIN. Actualmente es un miembro de la comunidad de Magherafelt. El MBE (Miembro de la Orden del Imperio Británico) lo otorga la Reina Isabel de Inglaterra a quien ha procurado un beneficio o servicio excepcional a la comunidad, si este servicio ha tenido un impacto significativo a largo plazo, se subraya como ejemplo para los demás.
    Sr. Rose ha sido galardonada con un MBE por su trabajo comunitario en escuelas de Irlanda del Norte. Se comprometió en el trabajo por la paz y reconciliación hace más de 20 años. En el Movimiento de Educación Cristiana (CEM), trabajó junto a los Presbiterianos. Su trabajo consistió en organizar, facilitar y pronunciar conferencias para niños de escuelas secundarias de diferentes orígenes religiosos. Los temas generales de estas conferencias fueron, asumir las diferencias y celebrar la diversidad, tratando de romper las tensiones de la comunidad. Durante los días oscuros de dificultades y «problemas», recorría las escuelas de la provincia, para ello estaba a menudo en la carretera muy temprano, a las 6.30 de la mañana. Los Directores y Jefes de Educación Religiosa la acogían muy bien, había verdadera comprensión mutua y todo esto unido a las amistades que se desarrollaron hicieron que todo su esfuerzo valiera la pena.
    Esta gratificación es bienvenida, porque se trataba de una mujer y una religiosa católica, en un grupo que, hasta entonces, sólo constaba de hombres. El premio fue una sorpresa inesperada, pero agradable, para Rose. Ella lo aceptó, en nombre de aquellos que la habían apoyado en su trabajo, entre ellos sus propias Hermanas de la Sagrada Familia y Asociados laicos, la gente de Ballinascreen y los ayudantes de SPRED (Educación Religiosa de Necesidades Especiales).
    Aunque la hermana Rose ya no participa en el trabajo de las escuelas, cree que necesita continuar. «Rezando diariamente», dice: «por una mayor comprensión mutua, no sólo entre los jóvenes, sino especialmente entre los adultos, cuya influencia es inmensa».
    Nos regocijamos con Sor Rose y damos gracias a Dios por su talento mientras esperamos la ceremonia de entrega del premio que tendrá lugar en Buckingham Palace el 2 de marzo de 2017.
    (Adaptado de Derry Post y Mid Ulster Mail, Tomado de la publicación de la Sagrada Familia de Burdeos – Gran Bretaña e Irlanda)

  • La historia es el lugar donde se enraíza la Fidelidad al presente.

    El 20 de noviembre de, 2016, la comunidad contemplativa celebró el 50 aniversario de su retorno a La Soledad. Ahora compartimos esa alegría con los testimonios de tres Hermanas que vivieron aquel acontecimiento:
    Sor Teresa nos habla de la vuelta a La Soledad:
    Sentimos una gran alegría en nuestra comunidad de Santa Elena, cuando Sr. Claire JULIEN – Superiora General – nos habló de su intención de que «las Solitarias” volvieran a La Soledad, lugar de su nacimiento, donde vivió la primera y Comunidad Contemplativa de la Sagrada Familia. Se fijó la fecha para el 28 de octubre de 1966, víspera de Cristo Rey.
    La Soledad estaba todavía en obras, pero ¿a quién le importaba eso? Había mucho que ver en este lugar sagrado, buscado por el Buen Padre para dar cabida a todos los miembros de su Familia. Poco a poco, comenzó la vida ordinaria … Tuvimos que aprender a cocinar, a llevar una despensa, la ropería, el trabajo de la huerta, la recolección de vegetales, frutas, el mantenimiento de los locales y el servicio de sacristía para nuestra oración litúrgica y la adoración eucarística … Muchos cambios … pero estábamos ¡tan contentas!
    El primer año, hicimos la vendimia. Éramos religiosas jóvenes «bien formadas» nos pusimos a trabajar con seriedad y aplicación. Teníamos que aprender a trabajar, con un ritmo diferente, porque trabajábamos en equipo y debíamos adaptarnos ¡a las capacidades de las demás! Una buena formación para la vida comunitaria, ¿no es así? Recuerdo que me quedé admirada, por la mañana, al ver el sol mañanero sobre las uvas rojas cubiertas de gotas de rocío… Eran como perlas que nos invitaban a trabajar con alegría.
    Realizábamos nuestra tarea con toda libertad en la cocina y hacíamos conservas de frutas y verduras, con productos de la huerta, elaborábamos pasteles… ¡Las ‘normas sanitarias’ actuales no existían! Sr Marie Mélanie iba por la mañana temprano al mercado internacional de Brienne en Burdeos… Sr Felicidad trabajaba, con algunas de nosotras, en la cocina y nos ayudaba mucho con su extraordinaria calma y paciencia… ¡Aunque hubiera imprevistos, o los grupos fueran más -o menos- numerosos de lo anunciado! Actualmente, nos preguntamos cómo podíamos hacer todo ese trabajo, sin mermar los tiempos de oración. ¡Era todo tan diferente: espacio, ritmo, ambiente…!
    También teníamos momentos de relax, sin duda diferentes de los que habíamos tenido en nuestro pequeño y bonito jardín de Santa Elena… paseos, picnics en el bosque, en el «Valle de los Ángeles». La visita a la Isla en barco, con el «Buen Ángel» que entonces todavía existía. También se podía vivir un día de soledad en la Isla, solas con el Buen Padre y Nuestra Señora de Todas las Gracias. Entonces no existía el puente actual. Para cruzar se arrastraba el barco con una cadena y se ataba en un poste al llegar.
    ¿Cómo no ser feliz y agradecida a nuestro Buen Padre por haber creado este «lugar santo»: La Soledad con la Isla de Nuestra Señora de Todas las Gracias? Nuestras raíces están aquí desde la fundación de la comunidad de las primeras Solitarias en 1859.
    En el Convento de Santa Elena vivimos muy felices y nuestros primeros años en La Soledad también lo fueron, aunque fue, para cada hermana y para toda la comunidad, un período de grandes cambios, y de adaptación. ¡Un momento de abandono y esperanza!
    Sor Teresita nos da testimonio con estas pocas frases:
    Ya en la comunidad de Santa Elena, me sentí plenamente llamada a la vida contemplativa Sagrada Familia. Estaba como pez en el agua, me encontraba muy bien. Al venir aquí a La Soledad, necesité tiempo de humilde oración para adaptarme, no perder terreno y así afianzarme en lo esencial. Era un momento en que la Iglesia invitaba a la vida religiosa a volver a sus raíces. Me hice consciente de que toda vida, con sus exigencias propias, solo se puede vivir a nivel del corazón.
    Actualmente me gusta mucho la Misa del domingo, por la proximidad que supone de los cristianos del sector ‘des Graves’. Al ver cómo se saludan antes de la ceremonia, digo: es una familia reunida en el nombre del Señor.
    Cuando estábamos en Santa Elena, vivíamos nuestra pertenencia y comunión en la vida y misión de la Familia de Pedro Bienvenido Noailles, por la información, las visitas de las hermanas de la Casa general. Aquí, en La Soledad, nos encontramos con diferentes miembros de la Sagrada Familia de todo el mundo. Las reuniones son muchas y variadas. Vivimos cerca del mundo entero por su presencia en nuestra oración y esto llama e interpela nuestra dimensión Misionera/ Contemplativa.
    ¿50 años de vida en La Soledad? Sigo como pez en el agua ¡más feliz que nunca! Y doy gracias al Señor porque Él hizo su camino con cada una de las que vinimos de Santa Elena y con las que se han unido a nosotras durante los últimos años. A las jóvenes les digo, vivid en confianza, porque ¡todo es gracia! El Señor siempre estará con vosotras y os hará felices.
    Sor Elena da testimonio con alegría:
    Como Abraham, que salió de su tierra sin saber a dónde iba, llegamos a La Soledad. Un nuevo espacio de vida para todas nosotras. No sabíamos por dónde empezar nuestra instalación, aquí ¡en La Soledad! era una situación nueva para todas nosotras.
    Me sentía muy fuerte por la presencia de nuestro Buen Padre y era para mí una llamada a vivir más profundamente como hija de la Sagrada Familia, en este lugar donde comenzó nuestra vida contemplativa.
    Era como un momento de renacimiento, de confianza y de entrega al Señor. Nuestros días estaban llenos de diferentes actividades, necesarias para la vida cotidiana de la comunidad y para nuestra vocación: la oración personal y comunitaria, adoración del Santísimo, día y noche, tiempo de trabajo, de recreo, y en todo vida de oración… Cada momento era diferente y rico. Sentía que Dios es amor y que nos conducía a todas y cada una por el buen camino. Nos necesitaba.
    ¡Ahora celebramos los 50 años de vida en La Soledad! Hoy, en mi habitación de la enfermería, rodeada de mis hermanas, me abandono al Señor. Y le agradezco la fuerza y la vida que Él me ha dado siempre, para seguirlo fielmente con alegría y agradecimiento.
    Os ofrezco tres sencillas palabras:
    • Vivid de Dios
    • Vivid para Dios
    • Vivid con Dios
    Es el camino de toda una vida.
    «Ser heredera de una historia, es tener el deseo y la voluntad de prolongarla con creatividad y fecundidad. »

  • El Congo nuevamente en llamas

    Asalto y saqueo de un Seminario en el Congo
    El Congo nuevamente en llamas
    Vatican Insider/Aleteia .
    22 febrero, 2017
    Fue el mismo Papa Francisco quien, al margen del Ángelus del pasado domingo 19 de febrero, lanzó un grito de alarma por las persistentes «noticias de enfrentamientos y encuentros violentos» que llegan desde cada rincón de la República Democrática del Congo.
    En la última semana las milicias Mai-Mai Mazembe han decapitado 25 civiles hutu en la devastada provincia del norte Kivu, mientras que serían más de 100 las víctimas de los enfrentamientos que se han verificado en la región de Kasai, desde donde el obispo de Luiza denunció «atrocidades inimaginables contra ciudadanos tranquilos». La misma ciudad de Kinshasa ha sido escenario de violencias y de asaltos.
    Un ejemplo de ello es lo ocurrido en el seminario de Malole en Kananga. El sábado 18 de febrero lo asaltaron y saquearon.
    Los seminaristas y las monjas carmelitas, que viven en el convento «Enfant Jesus» cercano al Seminario, pudieron evacuar las instalaciones antes del ataque. “No se produjeron muertos ni heridos pero los milicianos entraron en las habitaciones y salas destruyendo, quemando y robando documentos, ordenadores, impresoras, ropa, muebles y motos”, informan desde el  Seminario.
    Los coches se salvaron pues los sacerdotes pudieron llevárselos. «Los milicianos rompieron sistemáticamente las puertas de las habitaciones y destruyeron todo lo que había dentro. Entraron en las habitaciones de los maestros y quemaron su equipaje», ha declarado a Radio Okapi, el rector del seminario, el padre Richard Kitenge.
    “Horas más tarde, el ejército del gobierno congoleño y los cascos azules de la ONU recuperaron las instalaciones pero los milicianos volvieron a saquear el recinto eclesiástico cuando se redujo la presencia militar, quemando incluso los pabellones”, afirman.
     
    Grave inestabilidad política
    La base de estos nuevos focos de violencia en muchas regiones del gran país africano es la profunda inestabilidad política en la que el Congo cayó después de que Joseph Kabila se negara a dejar el poder.
    Su mandato, según los dictámenes constitucionales, habría debido terminar en diciembre del año pasado. Pero Kabila, que llegó al poder después del asesinato de su padre Laurent-Désiré (presidente de 1997 a 2001), argumentando razones de seguridad, primero declaró que habría cambiado la constitución y después se enrocó en el palacio presidencial rechazando cualquier negociación.
    En el clima turbulento que se creó con esta situación surgieron con cada vez mayor fuerza algunos grupos y grupitos que se han vuelto protagonistas de la violencia y de los enfrentamientos con las fuerzas gubernamentales.
    Entre ellos destacan los Bundu dia Kongo (una especie de secta militar que opera principalmente en la zona de la capital, que es dirigida por el líder carismático Ne Muanda Nsemi) o la milicia Kamuina Nsapu (inspirada en su difunto líder) muy activa en Kasai.
    El acuerdo pre-navideño, pues, que permitía soñar con una nueva fase pacífica, parece perder a gran velocidad su fuerza e influencia. En esta atmósfera de vacío institucional, llegó la muerte de Etienne Tshisekedi (el primero de febrero), figura histórica de la política congoleña y punto de referencia de gran parte de la oposición.
    Joseph Mumbere, provincial en el Congo, se encuentra en Roma para participar en un congreso de los Superiores Combonianos y ofreció a Vatican Insider su visión sobre los eventos que se viven en el país, entre esperanzas de pacificación y los terrores de caer en el abismo de la guerra civil: «El problema general es institucional. Kabila, en estos largos años, ha creado malestar y el malestar genera reacciones. Surgen grupos armados por todas partes. Hay dos tipos de lucha por el momento: la que llevan a cabo quienes todavía creen en un camino político y luchan por un Congo con instituciones fuertes que respeten la Constitución, y la lucha de los movimientos que usan las armas y la violencia.
    Los terribles enfrentamientos que se están verificando en la provincia de Kasai tienen diferentes orígenes. Entre ellos está la petición de una parte política que ha participado en las negociaciones para el acuerdo del 5 de diciembre, que esperaba obtener un papel político inmediatamente. Ahora, con la consigna “Kabila no es congoleño”, está atizando la violencia en toda la región.
    Y luego, principalmente en el este del país, hay grupos que combaten por intereses geopolíticos y económicos; otros provienen del extranjero, por ejemplo el Adf/Nalu, que cuenta con el apoyo de fuerzas ugandesas y de rebeldes de Ruanda que llegaron durante el genocidio.
    El país también vive en el caos porque falleció Etienne Tshisekedi, el símbolo de la oposición a Kabila (padre e hijo), que era capaz de reunir un consenso político transversal en los diferentes grupos. Por ahora no existe ningún verdadero líder que sea capaz de tomar las riendas de la lucha anti-Kabila».
    Sin embargo, a finales del año pasado crecían nuevas esperanzas. «El acuerdo –explicó Mumbere– fue un signo de esperanza. La firma llevó a una tregua y se puso en marcha un plan que establecía el final del mandato de Kabila en diciembre de 2017 y una serie de medidas prácticas: el nombramiento de un nuevo Primer ministro, una comisión que habría debido vigilar que se siguiera el acuerdo.
    Pero no se logran poner de acuerdo sobre los nombres, sobre la naturaleza de la comisión. Mientras tanto murió el único líder capaz de inculcar respeto y de mantener juntos los grupos de la oposición. El acuerdo dio esperanzas, pero, por el momento, todo está detenido».
    Desde hace tiempo, la Iglesia juega un papel decisivo en el país. Ha asumido un perfil político con todas sus letras.
    «La Iglesia siempre ha estado muy activa en el ámbito social y político, es la única institución presente en todo el país, en todos los rincones», afirmó el provincial. «El mismo Kabila –añadió–, después del fracaso de las negociaciones que guió Edem Kodjo, se dirigió al presidente de la Cenco (la Conferencia Episcopal) Marcel Utembi para dialogar con las oposiciones. Hasta entonces ninguno de los partidos anti-Kabila había participado en las negociaciones. Gracias a la intermediación de la Iglesia se abrió la estación del diálogo y se llegó al único acuerdo en el que ha participado todos».
    «Los misioneros Combonianos se encuentran en las zonas más críticas del Congo, por ejemplo en Butembo, en Kivu o en la región de Uele, en el noreste, o en otras zonas en donde las comunidades viven bajo constantes presiones. Nosotros estamos precisamente en medio de ellas: lo que elegimos es permanecer entre la gente, en los lugares de los que las personas huirían, quedarnos ahí y ayudarlas a que se queden también. Es un compromiso que hemos hecho nuestro, sobre todo en las regiones más inaccesibles, en las que las calles no existen, en las que las infraestructuras no existen: nos ocupamos de las escuelas, de los hospitales o estamos, simplemente, presentes al lado de las personas».
    Cuando le preguntamos al padre Joseph cuáles eran sus temores y esperanzas, respondió de esta manera: «La primera esperanza está en la juventud. Muchos jóvenes han cobrado conciencia de la lucha por el cambio. Si hemos llegado al punto en el que Kabila aceptó no cambiar la Constitución y convocar, aunque sea dentro de un año, nuevas elecciones, también se lo debemos a ellos. Algunos de estos jóvenes han incluso perdido la vida por sus ideales. Pero temo que justamente estos mismos chicos puedan ser utilizados: el desempleo es muy elevado, hay muchos malestares, y podría surgir más violencia. El riesgo de una guerra civil es real».
     

  • Tráfico

     
    ¿EN QUÉ CONSISTE ESTE TRÁFICO?
    Una definición internacionalmente aceptada, se encuentra en el Protocolo de la ONU para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente de mujeres y niños, que complementa la Convención de la Naciones Unidas contra la delincuencia organizada transnacional, que dice así:
    Tráfico de personas significa reclutar, trasladar, desplazar, ocultar o recibir personas, por medio de amenazas, uso de la fuerza u otras formas de coacción, secuestro, fraude, engaño, abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad así como el acto de dar o recibir cualquier tipo de retribución o beneficios con el fin de conseguir el consentimiento de una persona que tenga dominio sobre otra, con el propósito de ejercer una explotación.
    LA INMENSIDAD DEL PROBLEMA
    ¿Con quiénes se trafica?
    Las mujeres y los niños son el principal objetivo de este tráfico, sobre todo por su marginación, por su falta de recursos materiales y porque pertenecen, en mayor número, a los sectores sociales que son «invisibles». También son víctimas potenciales aquellas personas que proceden de familias empobrecidas y con pequeños ingresos en las zonas rurales y urbanas marginadas, especialmente las mujeres que se dedican a la agricultura a pequeña escala, la venta ambulante, las jornaleras, limpiadoras y otros trabajos y servicios no cualificados.

    Los miembros de minorías étnicas, de poblaciones indígenas, de tribus aisladas, los refugiados y emigrantes ilegales. Las personas con bajo nivel de cultura, poca escolarización o muy elemental, analfabetos. Las jóvenes que se han escapado de casa, o aquellas cuyas familias esperan que la hija les ayude económicamente son, con frecuencia, un objetivo fácil para los traficantes. Quienes no conocen sus derechos o que no tienen conciencia de vivir una situación de explotación, y que carecen, también, de la posibilidad de solucionar sus problemas. Las mujeres y los niños de todas las edades, desde los bebés de poco meses, hasta mujeres de más de setenta años.
    ¿Qué pretende este tráfico?
    Existe una gama muy amplia de objetivos: un gran porcentaje corresponde a la prostitución y a la industria del espectáculo; pero, también se pueden citar las industrias ilegales o de economía sumergida; la adopción de niños; el trasplante de órganos; los matrimonios por coacción; el servicio doméstico; ciertos trabajos duros, coma la construcción; el tráfico de drogas; la mendicidad; otras formas de explotación por el trabajo.
    ¿Expectativas?
    Tener mayores ingresos; mejorar la situación económica; ayudar a los padres y familiares que viven en las aldeas; escapar a situaciones conflictivas.
    Ambiente de Trabajo:
    Las condiciones físicas son deplorables, con frecuencia están muy por debajo de los niveles aceptables; las condiciones de trabajo y el trato físico corresponden a unos niveles de verdadera esclavitud; generalmente, viven en un aislamiento y reclusión forzada; tienen unos horarios de trabajo, muy prolongados, poco descanso o tiempo de relax; salarios muy bajos, si tienen algún salario; muchas veces, desconocen cuáles son sus verdaderos ingresos, porque los traficantes o patronos se los retienen; no tienen posibilidades de pagar sus deudas con los traficantes, los patronos, los dueños de los burdeles y, además, tampoco conocen los términos de esta deuda; están sometidas a trabajos peligrosos, tienen un mínimo acceso a los servicios médicos, el maltrato físico y los abusos sexuales son continuos.
    Efectos destructivos sobre las mujeres y los niños/as (a corto y a largo plazo):
    Salud: las mujeres y las niñas se exponen a frecuentes embarazos, mortalidad maternal, enfermedades de transmisión sexual y HIV/SIDA. Drogas y otras adicciones: unidas al deterioro físico y mental. Bienestar emocional amenazado: temor constante a la detención; aislamiento; falta de vida de familia y de sistemas de ayuda social; humillaciones y maltrato, que les provocan graves trastornos emocionales y psicológicos. Amenazas a la integridad física: por parte de traficantes sin escrúpulos, policías, servicios de aduanas, patronos y otras personas. El peso de la ley: en forma de detención, juicios en los tribunales, deportación forzosa. Absoluta dependencia económica: tienen que pagar a los traficantes lo que les piden por el viaje y la documentación.

    LAS CAUSAS DE ESTE TRÁFICO
    Analizando los aspectos de oferta y demanda, que favorecen el aumento del tráfico, podremos descubrir algunas de las causas de este fenómeno.
    Tales causas podrán después clasificarse, teniendo en cuenta los diferentes factores de la vida económica, sociocultural y política.
    ASPECTO ‘OFERTA’
    Factores socioculturales
    El analfabetismo y la falta de igualdad de oportunidades en la formación y en el empleo, así como la ausencia de una adecuada perspectiva de género (masculino/femenino) en la educación. El patriarcado, causa fundamental de la discriminación que sufren las mujeres y las niñas. El deterioro de los valores tradicionales de la familia y la búsqueda del consumismo favorece la venta de las mujeres y los/as niños/as. Discriminación racial, racismo y la intolerancia que se deriva de estas actitudes, hacen que las mujeres de esos grupos discriminados sean más vulnerables al tráfico. Los medios de comunicación y las nuevas tecnologías que, por la publicidad y comercialización del sexo, presentan el cuerpo femenino come puro objeto de satisfacción sexual.
    Factores económicos
    Desigualdades económicas dentro de los países y entre países y regiones, que son la cause fundamental del aumento en el tráfico de mujeres. Feminización de la pobreza: las mujeres constituyen el 70% de los pobres del mundo y deben mantener a sus familias mediante trabajos precarios en el sector de la economía sumergida. Globalización y su impacto diferencial sobre las mujeres, a través de la reconversión y transición económicas con sus recortes en los gastos sociales, que les afectan especialmente. Liberalismo económico que disminuye los controles, abre las fronteras entre países y facilita la circulación de las poblaciones y la emigración ilegal. Beneficios económicos que convierten este tráfico en un negocio sumamente lucrativo, ya que las mujeres son vendidas y revendidas varias veces. Por otra parte, es una actividad que implica un menor riesgo de ser descubierto, lo que atrae a los sindicatos del crimen. Caída de los regimenes comunistas en la Europa central y Europa del Este con las consiguientes dificultades que conlleva una economía en transición.
    Factores políticos
    Feminización de la emigración internacional, a medida que las mujeres entran en el mercado laaboral en el que existe una falta de regulación laboral para los emigrantes, lo que proporciona mayores oportunidades y canales para el tráfico.
    Conflictos civiles y militares que obligan a la gente a huir de sus países. De los 25 millones de refugiados que hay en el mundo, un 80% son mujeres y niños/as. Se convierten en una presa fácil en manos de los traficantes. Aumento del crimen internacional junto con la expansión de las redes de narcotraficantes, que actúan como mecanismos que favorecen otras formas de explotación. Debilidad de los sistemas de aplicación de la ley y de otras medidas para sancionar a los culpables. Corrupción en la policía, agentes de la ley, fuerzas de paz, funcionarios públicos.
    ASPECTO ‘DEMANDA’
    Factores socioculturales
    Las actitudes machistas y la manera de percibir a la mujer en la sociedad, así como la inferioridad de su situación socioeconómica. La pornografía cuya influencia provoca una demanda de sexo cada vez mayor. Va unida a la mayor facilidad de acceso a Internet, que es, a la vez el vehículo de difusión y el medio que permite a los traficantes convertir a las mujeres y niños/as en producto de mercado. El patriarcado,cuya consecuencia es la desigualdad en las relaciones entr hombres y mujeres, y la discriminación de la mujer.
    El consumismo, con la consiguiente ‘cosificación’ y comercialización del sexo, de manera que el cuerpo de la mujer se convierta en producto de consumo y objeto de placer sexual.
    Factores económicos
    La gran demanda que existe en el mercado laboral de mano de obra barata y no cualificada. El trabajo de las mujeres se sitúa, normalmente, en las esferas menos cualificadas del trabajo doméstico y del entretenimiento, así como en la economía sumergida.
    La expansión comercial de la industris del sexo y la demanda de sexo, que es cada vez mayor. Las mujeres y los niños/as son comercialzados de formas diversas prostitución, tráfico sexual, turismo sexual, ‘esposas a la carta’, clubs de ‘striptease’, bares de ‘topless’ y otras más. El aumento en la explotación sexual de los niños/as se debe, sobre todo, a que los clientes masculinos prefieren las mujeres y niñas más jóvenes por miedo a contraer infermedades e infecciones, especialmente el SIDA. El desarrollo de políticas nacionales de promoción del turismo y de formas de desarrollo económico y social que dependen de trabajadores emigrantes con carácter temporal.
    Factores políticos
    Las bases militares, tanto en el pasado como en el presente, han creado una gran infraestructura de prostitución. Relaciones políticas y económicas desiguales y de explotación, dictadas por los países del Norte y que provocan un deterioro de las condiciones de vida en los países del Sur. Políticas restrictivas para la emigración, con la consiguiente disminución de posibilidades de una emigración regular y legal.
    Comercio de armas y aumento de conflictos armados dentro de los países y entre diferentes países, aue favorecen la existencia de más personas desplazadas y refugiadas, susceptibles de caer en manos de los traficantes. Debilidad de los sistemas de aplicación de la ley y de otras medidas para sancionar a los culpables.
     

  • Misericordia

    Misericordia, rostro concreto de nuestra vocación de laicos Sagrada Familia
     
    Desde hace algún tiempo veníamos sintiendo en nuestro grupo de asociados laicos de Málaga que, además de los diferentes compromisos sociales y solidarios a nivel personal que tenemos cada uno, debíamos concretar alguna experiencia solidaria que como grupo concretara muchas de las reflexiones que hemos realizado a lo largo de estos años de camino juntos.
    Surgió la iniciativa de crear entre nosotros de manera voluntaria y permanente lo que hemos llamado un fondo social del grupo para atender diferentes realidades necesitadas de colaboración económica que puedan estar cercanas a cualquiera de nosotros. Cualquiera del grupo que conoce una situación de posible colaboración, la comparte y analizamos nuestra posibilidad real de participación en ella.
    Hasta este momento hemos colaborado en tres casos concretos. El primero, con una familia de nuestro barrio de La Victoria de Málaga necesitada de recursos y donde generosamente también colaboró el grupo de asociados laicos de Coín en cuanto les dimos a conocer la situación. Un segundo caso, el de un joven de 23 años de Almería enfermo de cáncer que inició una campaña de búsqueda de recursos para un tratamiento de protones que solo podía recibir en Suiza. Y el último caso, donde hasta el momento hemos podido colaborar, el de una familia con escasos recursos y con un hijo con una distrofia muscular que necesita sesiones de fisioterapia para poder ganar calidad de vida.
    Quizás haya sido casualidad concretar este compromiso social como grupo Sagrada Familia justo en el finalizado año jubilar de la misericordia que convocó el Papa Francisco, pero de lo que sí estamos convencidos es de que Dios nos sigue llamando desde nuestra vocación particular a seguir colaborando como grupo de laicos, con las realidades más sufrientes del lugar donde estamos viviendo y “construyendo así la sociedad nueva soñada por nuestro Fundador.” (Art. 64 de nuestros Estatutos).
     
    Cristina Castells, animadora del grupo de Málaga.