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  • Papa Francisco, Cuaresma 2014

     
    Cuaresma 2014: Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza
    (cfr. 2 Cor 8, 9)
    Queridos hermanos y hermanas:
    Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de San Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de San Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?
    La gracia de Cristo
    Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se «vació», para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama.
    La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).
    La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice San Pablo— «…para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica.
    ¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, San Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).
    ¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros.
    La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura.
    La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su «yugo llevadero», nos invita a enriquecernos con esta «rica pobreza» y «pobre riqueza» suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).
    Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.
    Nuestro testimonio
    Podríamos pensar que este «camino» de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.
    A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual.
    La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad.
    En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.
    No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente.
    Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.
    El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza!
    Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.
    Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza.
    La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.
    Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.
    Vaticano, 26 de diciembre de 2013
    Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir
    FRANCISCUS
     
     

  • Día Mundial de la Justicia Social

     

    «En nuestro empeño por crear el mundo que queremos, redoblemos nuestros esfuerzos para lograr un modelo de desarrollo más inclusivo, equitativo y sostenible, basado en el diálogo, la transparencia y la justicia social.»
    Mensaje del Secretario General en el Día Mundial de la Justicia Social
     

    La Asamblea General proclamó el 20 de febrero Día Mundial de la Justicia Social en 2007.
    La justicia social es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera, dentro y entre las naciones. Defendemos los principios de justicia social cuando promovemos la igualdad de género o los derechos de los pueblos indígenas y de los migrantes. Promovemos la justicia social cuando eliminamos las barreras que enfrentan las personas por motivos de género, edad, raza, etnia, religión, cultura o discapacidad. La celebración del Día Mundial de la Justicia Social debe apoyar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos.
     
     

  • UNA COMUNIDAD NUEVA EN PATU – REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

    La preocupación es buscar medios para ayudar a la gente a recoger el agua de lluvia. También es urgente  comenzar a trabajar con las jóvenes y las madres del pueblo. Nuestro aporte dependerá de las necesidades de la gente y de nuestra colaboración.
    En relación con el problema del agua, nuestra preocupación es que todos tengan acceso al agua potable para mejorar las condiciones de vida, la salud de los habitantes de Patu,   que los niños puedan ir a la escuela y que las mujeres se dediquen a otras actividades y no solo a emplear horas y horas para acarrear agua
    Al constatar estas dificultades hemos organizado una reunión de mujeres para invitarles a hacer huertas para que puedan variar su alimentación. Ahora queremos tener un terreno para trabajar con ellas.
    La lengua local es el Kiyombé, será necesario que la aprendamos para comunicar  con la gente fácilmente.
    Queremos vivir con la gente insertándonos en los diferentes grupos de la parroquia y analizando con ellos como podemos hacer las cosas mejor.
    Deseamos estar cerca de la gente, vivir con ellos y a partir de sus necesidades avanzar juntos.

     

  • LA BENDICIÓN MILAGROSA

    SIGNIFICADO DE LA BENDICIÓN
    MILAGROSA DEL 3 DE FEBRERO DE 1822 EN MI VIDA

    ¿Qué significa
    esta fecha para la Familia de Pedro Bienvenido Noailles? En ella recordamos…
    agradecemos… un don muy especial:
    El 3 de febrero
    de 1822, en la pobre Capilla de Loreto, se encontraba la semilla de lo que hoy
    es un gran árbol: unas hermanas, varias jóvenes huérfanas en peligro allí
    acogidas, algunos seglares…
    Era el momento
    de la Bendición Eucarística. Este pequeño grupo vivía una situación difícil, de
    pobreza e incertidumbre, ante la grandeza de su proyecto y la penuria de los medios
    a su alcance. Llegaron a preguntarse ¿…será un deseo de Dios… o un sueño
    irrealizable?…
    La respuesta
    fue, clara, sencilla, comunitaria. Jesús se hizo visible y Bendijo durante unos
    20 minutos a aquel grupo incipiente que albergaba un gran designio.  Todos lo vieron o sintieron su presencia.
    Aquella Bendición fue una respuesta clara, que sigue impulsando hoy la Misión
    que comenzó pobre y humildemente, pero con el dinamismo y la fortaleza que le
    ofreció  la Bendición Milagrosa. 
    Carmen Leach
     
    LA BENDICIÓN MILAGROSA
     
    Para mí, la conmemoración de la bendición milagrosa del 3 de febrero es un
    signo de la presencia de Cristo en mi vida. Me da fuerza para trabajar en
    comunión y colaboración con las otras vocaciones.
    Cada vez que participo en la Eucaristía, siento la necesidad de trabajar
    por la unidad, el amor y la caridad. Bajo el impulso del Espíritu Santo,
    intento vivir la comunión en mi familia, trabajar al servicio de los que
    sufren, de los marginados Trabajar por la integración de los jóvenes que se me
    han confiado.
    Para mí, como Asociado laico de la Sagrada Familia esta bendición es una
    gracia que me convierte en apóstol de Cristo en los diferentes medios de vida
    para extender y fortalecer la fe de los que me rodean.
    Leonard Mbembe
    Asociado laico. 

    TESTIMONIO … 
     
    El  milagro
    Eucarístico, para mi significa algo muy profundo, es una confirmación de que
    Jesús sigue presente entre nosotras, y que para percibir esa presencia callada
    es una condición necesaria, creer, es decir tener fe…y si de veras entramos
    en el silencio Él se nos comunica.
    Este
    acontecimiento me ha marcado en mi vida y me sostiene en los momentos difíciles
    que he vivido. Esa Bendición que han recibido las primeras hermanas, siento que
    se prolonga hasta hoy, y nos llega a todas como miembro de la Sagrada  Familia.
    Me siento
    bendecida también y es lo que muchas veces me sostiene. Es esta misma
    experiencia es lo que me ha llevado a buscar mi vocación en la vida
    contemplativa, y también he visto que desde la vida apostólica se puede vivir
    esa dimensión.
    Ciertamente me
    siento en deuda con Jesús por el hecho de no promocionar mas esta
    devoción y ahora que vamos a iniciar la celebración de los 50 años de presencia
    en Paraguay. 
    JUANITA – APOSTÓLICA
     
    TESTIMONIO

     
    En primer lugar, yo diría que la Bendición Milagrosa,
    forma parte intrínseca de mi vida, de mi vocación como contemplativa en la Sagrada Familia. En este sentido, por decirlo de alguna manera, esta Bendición configura toda mi
    vida y es respuesta a lo que expresaba nuestro Fundador: El Divino Maestro bendijo
    milagrosamente la
    Asociación desde su nacimiento, por eso, le debemos, a la
    vez, perpetuas acciones de gracias por un favor tan grande y continuas súplicas
    para que derrame las gracias que necesitan las diferentes Obras. Es natural que
    algunas Asociadas, bendecidas en la persona de nuestras fundadoras, representen
    a toda la Familia en el cumplimiento de este doble servicio, y esta es la misión que confiamos a
    las «contemplativas».
    Como contemplativas, prolongamos
    la memoria de esta Bendición en la
    Adoración ante el Santísimo Sacramento expuesto, a la que se
    sienten fuertemente atraídos los fieles.
    Hna. Contemplativa
     
    LA BENDICIÓN MILAGROSA
     
    Los Milagros de Jesús tiene la finalidad de afirmar y acrecentar la fe del
    pueblo. También los milagros eucarísticos que tiene lugar en todo el mundo han
    aumentado, en gran medida,  la fe de los
    cristianos. Las apariciones repetidas de Jesús a sus discípulos después de la
    resurrección son signos claros que demuestran la falta de fe de los
    discípulos.  Pero cuando tuvieron fe en
    él comenzaron a dar testimonio hasta sacrificar su vida. La
    transfiguración  de Jesús fue un anticipo
    de la gloria  que se convertiría en
    realidad después de su pasión,  muerte y
    resurrección.
    La curiosidad y ansiedad de ver un milagro está en nuestra naturaleza
    humana. Jesús exigió fe antes de realizar los milagros. Cada milagro constituye
    una llamada  a una fe más profunda.
    Para mí el milagro eucarístico es algo que sucede todos los días. Del pan
    se convierte en el Cuerpo de Cristo. Cada Misa que ofrezco acrecienta mi fe.
    Tal vez consideramos que esto es normal y tenemos la tentación de pedirle a
    Jesús milagros extraordinarios para creer en Él. La señal de Jonás mencionada
    por Jesús  deja claro que nos tenemos que
    romper y compartir con los demás como el Jesús en la Eucaristía. La Eucaristía
    nos llama a sufrir y a morir por los demás 
    para testimoniar nuestra fe. La Eucaristía nos llama a una vida de
    comunión con el sufrimiento y con los pobres. La Eucaristía nos llama a una
    vida de sacrificio. La bendición milagrosa es un recordarnos que somos signos
    de la vida de Cristo  oculto, enterrado
    en la cultura globalizada del mundo actual.
    P.
    Jacob Nicholas
     
    TESTIMONIO …  

    Lo vivo como un acto de
    fe.
    Me ratifica de manera
    muy positiva y satisfactoria el cumplimiento de la voluntad de Dios en la obra
    de nuestro Fundador 
    Bendecir significar
    bien decir. Partiendo de esta premisa, significa hablar bien de algo,
    alguien…. Se habla bien de las cosas buenas, y   sobre todo de lo
    que se AMA.
           Dios
    nos bendice. La bendición para mi es el reflejo de su AMOR. ¿Qué significa esto
    en mi vida? Es constatar cada día su AMOR, su presencia amorosa, saber que me
    bendice, que a pesar de todos mis fallos, el sigue bendiciéndome porque me ama
    incondicionalmente
    Me ayuda a confirmarme
    en mi opción vocacional Sagrada Familia al ver que Cristo se manifestó en sus
    comienzos como señal de aprobación de la obra que emprendía su Fundador. Doy
    gracias por ello y renuevo mi acto de fe en la presencia de Cristo en la
    Eucaristía.
     SECULARES

     

  • Paz…no violencia

    ¿Cómo
    utilizamos el poder del lenguaje para evitar conflictos y alcanzar
    soluciones pacíficas?
    Cuando hay
    un conflicto sea emocional o social, cambia nuestra manera de comunicarnos.
    Dejamos de escuchar al otro, negamos cualquier responsabilidad en el asunto,
    decimos que está bien o mal y nos dejamos llevar por los sentimientos…Podemos
    ser sinceros con nuestros sentimientos sin ofender a los demás, ciertamente por
    empatía,  más profundamente por la
    compasión entendida como el saber escuchar los sentimientos de los demás y
    saber expresar los nuestros sin causar perjuicios.(Tomado de la introducción al libro de
    Marshall B. Rosenberg “Comunicación no violenta”)
    En el día de la paz y la no violencia os ofrecemos
    la siguiente anécdota que confirma lo dicho anteriormente y nos ayuda a pensar.
    Cuando
    estudiaba Derecho en el Londres University un profesor de apellido Peters le
    tenía animadversión pero el alumno Gandhi nunca le bajó la cabeza y eran muy
    comunes sus encuentros:
    Un día
    el  profesor Peters estaba almorzando en el comedor de la Universidad y el
    alumno viene con su bandeja y se sienta al lado del profesor. El profesor,
    altanero, le dice:  “Señor Gandhi usted no entiende…Un puerco y un
    pájaro, no se sientan a comer juntos”. A lo que contesta Gandhi: -“Esté
    usted tranquilo profesor…yo me voy volando”,  y se cambia de mesa.
    El señor
    Peters verde de rabia, decide vengarse en el próximo examen, pero el alumno
    responde con brillantez a todas las preguntas. Entonces le hace la siguiente pregunta: «Señor
    Gandhi, Ud. está caminando por la calle y se encuentra con una bolsa, dentro de
    ella está la sabiduría y mucho dinero, ¿cuál de los dos se lleva?» Gandhi
    responde sin titubear: -«¡Claro que el dinero profesor!» 
    El profesor
    Peters sonriendo le dice:-«Yo, en su lugar, hubiera agarrado la sabiduría,
    ¿no le parece?» «Cada uno toma lo que no tiene, responde el
    alumno. «El profesor Peters, histérico ya, escribe en la hoja del
    examen: ¡Idiota! Y se la devuelve al joven Gandhi. Gandhi toma la hoja y
    se sienta. Al cabo de unos minutos se dirige al profesor y le dice:
    -«Señor Peters, usted me ha firmado la hoja pero no me puso la nota». 
    Una forma pacífica e inteligente y sincera de
    responder….

  • JORNADA MUNDIAL DEL EMIGRANTE Y DEL REFUGIADO

    JORNADA MUNDIAL DEL EMIGRANTE Y DEL REFUGIADO

    Según el último informe oficial de la UNHCR (Agencia de la ONU para los
    Refugiados – Acnur) más de 45 millones
    de personas en todo el mundo viven como refugiados o tuvieron que
    desplazarse de manera forzosa de su hogar. Una dramática cifra que lejos de
    disminuir, aumenta y se sitúa al nivel más alto desde el comienzo del siglo.
    Estos refugiados proceden sobre todo de Siria, Mali, Sudán y República
    Democrática del Congo. El principal motivo de desplazamiento sigue siendo la guerra.
     
    «Cada vez
    que guiñas un ojo, una nueva persona en el mundo se ha visto obligada a huir de
    su hogar, lo que se traduce en 23.000 nuevos desplazamientos al día», explicó el
    alto comisionado para los refugiados, Antonio Guterres, en una de sus
    comparecencias en Ginebra.
     
    Para esta 100ª Jornada Mundial, el Papa ha escrito el siguiente mensaje:
     
    MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL EMIGRANTE Y DEL REFUGIADO 2014

    «Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor»
     
    Queridos hermanos y hermanas:
     
    Nuestras sociedades están experimentando, como nunca
    antes había sucedido en la historia, procesos de mutua interdependencia e
    interacción a nivel global, que, si bien es verdad que comportan elementos
    problemáticos o negativos, tienen el objetivo de mejorar las condiciones de
    vida de la familia humana, no sólo en el aspecto económico, sino también en el
    político y cultural. Toda persona pertenece a la humanidad y comparte con la
    entera familia de los pueblos la esperanza de un futuro mejor. De esta constatación
    nace el tema que he elegido para la Jornada Mundial del Emigrante y del
    Refugiado de este año: Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor.
     
    Entre los resultados de los cambios modernos, el
    creciente fenómeno de la movilidad humana emerge como un “signo de los
    tiempos”; así lo ha definido el Papa Benedicto XVI (cf. Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2006). Si, por un lado, las migraciones ponen de manifiesto frecuentemente las
    carencias y lagunas de los estados y de la comunidad internacional, por otro,
    revelan también las aspiraciones de la humanidad de vivir la unidad en el
    respeto de las diferencias, la acogida y la hospitalidad que hacen posible la
    equitativa distribución de los bienes de la tierra, la tutela y la promoción de
    la dignidad y la centralidad de todo ser humano.
     
    Desde el punto de vista cristiano, también en los
    fenómenos migratorios, al igual que en otras realidades humanas, se verifica la
    tensión entre la belleza de la creación, marcada por la gracia y la redención,
    y el misterio del pecado. El rechazo, la discriminación y el tráfico de la
    explotación, el dolor y la muerte se contraponen a la solidaridad y la acogida,
    a los gestos de fraternidad y de comprensión. Despiertan una gran preocupación
    sobre todo las situaciones en las que la migración no es sólo forzada, sino que
    se realiza incluso a través de varias modalidades de trata de personas y de
    reducción a la esclavitud. El “trabajo esclavo” es hoy moneda corriente. Sin
    embargo, y a pesar de los problemas, los riesgos y las dificultades que se
    deben afrontar, lo que anima a tantos emigrantes y refugiados es el binomio
    confianza y esperanza; ellos llevan en el corazón el deseo de un futuro mejor,
    no sólo para ellos, sino también para sus familias y personas queridas.
     
    ¿Qué supone la creación de un “mundo mejor”? Esta
    expresión no alude ingenuamente a concepciones abstractas o a realidades
    inalcanzables, sino que orienta más bien a buscar un desarrollo auténtico e
    integral, a trabajar para que haya condiciones de vida dignas para todos, para
    que sea respetada, custodiada y cultivada la creación que Dios nos ha entregado.
    El venerable Pablo VI describía con estas palabras las aspiraciones de los
    hombres de hoy: «Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia
    subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las
    responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que
    ofenden su dignidad de hombres; ser más instruidos; en una palabra, hacer,
    conocer y tener más para ser más» (Cart. enc. Populorum progressio, 26 marzo 1967, 6).
     
    Nuestro corazón desea “algo más”, que no es
    simplemente un conocer más o tener más, sino que es sobre todo un ser más. No
    se puede reducir el desarrollo al mero crecimiento económico, obtenido con
    frecuencia sin tener en cuenta a las personas más débiles e indefensas. El
    mundo sólo puede mejorar si la atención primaria está dirigida a la persona, si
    la promoción de la persona es integral, en todas sus dimensiones, incluida la
    espiritual; si no se abandona a nadie, comprendidos los pobres, los enfermos,
    los presos, los necesitados, los forasteros (cf. Mt 25,31-46); si somos
    capaces de pasar de una cultura del rechazo a una cultura del encuentro y de la
    acogida.
     
    Emigrantes y refugiados no son peones sobre el tablero
    de la humanidad. Se trata de niños, mujeres y hombres que abandonan o son
    obligados a abandonar sus casas por muchas razones, que comparten el mismo
    deseo legítimo de conocer, de tener, pero sobre todo de ser “algo más”. Es
    impresionante el número de personas que emigra de un continente a otro, así como
    de aquellos que se desplazan dentro de sus propios países y de las propias
    zonas geográficas. Los flujos migratorios contemporáneos constituyen el más
    vasto movimiento de personas, incluso de pueblos, de todos los tiempos. La
    Iglesia, en camino con los emigrantes y los refugiados, se compromete a
    comprender las causas de las migraciones, pero también a trabajar para superar
    sus efectos negativos y valorizar los positivos en las comunidades de origen,
    tránsito y destino de los movimientos migratorios.
     
    Al mismo tiempo que animamos el progreso hacia un
    mundo mejor, no podemos dejar de denunciar por desgracia el escándalo de la
    pobreza en sus diversas dimensiones. Violencia, explotación, discriminación,
    marginación, planteamientos restrictivos de las libertades fundamentales, tanto
    de los individuos como de los colectivos, son algunos de los principales
    elementos de pobreza que se deben superar. Precisamente estos aspectos
    caracterizan muchas veces los movimientos migratorios, unen migración y
    pobreza. Para huir de situaciones de miseria o de persecución, buscando mejores
    posibilidades o salvar su vida, millones de personas comienzan un viaje
    migratorio y, mientras esperan cumplir sus expectativas, encuentran
    frecuentemente desconfianza, cerrazón y exclusión, y son golpeados por otras
    desventuras, con frecuencia muy graves y que hieren su dignidad humana.
     
    La realidad de las migraciones, con las dimensiones
    que alcanza en nuestra época de globalización, pide ser afrontada y gestionada
    de un modo nuevo, equitativo y eficaz, que exige en primer lugar una
    cooperación internacional y un espíritu de profunda solidaridad y compasión. Es
    importante la colaboración a varios niveles, con la adopción, por parte de
    todos, de los instrumentos normativos que tutelen y promuevan a la persona
    humana. El Papa Benedicto XVI trazó las coordenadas afirmando que: «Esta
    política hay que desarrollarla partiendo de una estrecha colaboración entre los
    países de procedencia y de destino de los emigrantes; ha de ir acompañada de
    adecuadas normativas internacionales capaces de armonizar los diversos
    ordenamientos legislativos, con vistas a salvaguardar las exigencias y los
    derechos de las personas y de las familias emigrantes, así como las de las
    sociedades de destino» (Cart. enc. Caritas in veritate, 19 junio 2009, 62). Trabajar juntos por
    un mundo mejor exige la ayuda recíproca entre los países, con disponibilidad y
    confianza, sin levantar barreras infranqueables. Una buena sinergia animará a
    los gobernantes a afrontar los desequilibrios socioeconómicos y la
    globalización sin reglas, que están entre las causas de las migraciones, en las
    que las personas no son tanto protagonistas como víctimas. Ningún país puede
    afrontar por sí solo las dificultades unidas a este fenómeno que, siendo tan
    amplio, afecta en este momento a todos los continentes en el doble movimiento
    de inmigración y emigración.
     
    Es importante subrayar además cómo esta colaboración
    comienza ya con el esfuerzo que cada país debería hacer para crear mejores
    condiciones económicas y sociales en su patria, de modo que la emigración no
    sea la única opción para quien busca paz, justicia, seguridad y pleno respeto
    de la dignidad humana. Crear oportunidades de trabajo en las economías locales,
    evitará también la separación de las familias y garantizará condiciones de
    estabilidad y serenidad para los individuos y las colectividades.
     
    Por último, mirando a la realidad de los emigrantes y
    refugiados, quisiera subrayar un tercer elemento en la construcción de un mundo
    mejor, y es el de la superación de los prejuicios y preconcepciones en la
    evaluación de las migraciones. De hecho, la llegada de emigrantes, de prófugos,
    de los que piden asilo o de refugiados, suscita en las poblaciones locales con
    frecuencia sospechas y hostilidad. Nace el miedo de que se produzcan
    convulsiones en la paz social, que se corra el riesgo de perder la identidad o
    cultura, que se alimente la competencia en el mercado laboral o, incluso, que
    se introduzcan nuevos factores de criminalidad. Los medios de comunicación
    social, en este campo, tienen un papel de gran responsabilidad: a ellos
    compete, en efecto, desenmascarar estereotipos y ofrecer informaciones
    correctas, en las que habrá que denunciar los errores de algunos, pero también
    describir la honestidad, rectitud y grandeza de ánimo de la mayoría. En esto se
    necesita por parte de todos un cambio de actitud hacia los inmigrantes y los
    refugiados, el paso de una actitud defensiva y recelosa, de desinterés o de
    marginación –que, al final, corresponde a la “cultura del rechazo”- a una
    actitud que ponga como fundamento la “cultura del encuentro”, la única capaz de
    construir un mundo más justo y fraterno, un mundo mejor. También los medios de
    comunicación están llamados a entrar en esta “conversión de las actitudes” y a
    favorecer este cambio de comportamiento hacia los emigrantes y refugiados.
     
    Pienso también en cómo la Sagrada Familia de Nazaret
    ha tenido que vivir la experiencia del rechazo al inicio de su camino: María
    «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un
    pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2,7). Es
    más, Jesús, María y José han experimentado lo que significa dejar su propia
    tierra y ser emigrantes: amenazados por el poder de Herodes, fueron obligados a
    huir y a refugiarse en Egipto (cf. Mt 2,13-14). Pero el corazón materno
    de María y el corazón atento de José, Custodio de la Sagrada Familia, han
    conservado siempre la confianza en que Dios nunca les abandonará. Que por su
    intercesión, esta misma certeza esté siempre firme en el corazón del emigrante
    y el refugiado.
     
    La Iglesia, respondiendo al mandato de Cristo «Id y
    haced discípulos a todos los pueblos», está llamada a ser el Pueblo de Dios que
    abraza a todos los pueblos, y lleva a todos los pueblos el anuncio del
    Evangelio, porque en el rostro de cada persona está impreso el rostro de
    Cristo. Aquí se encuentra la raíz más profunda de la dignidad del ser humano,
    que debe ser respetada y tutelada siempre. El fundamento de la dignidad de la
    persona no está en los criterios de eficiencia, de productividad, de clase
    social, de pertenencia a una etnia o grupo religioso, sino en el ser creados a
    imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26-27) y, más aún, en el ser hijos
    de Dios; cada ser humano es hijo de Dios. En él está impresa la imagen de
    Cristo. Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así
    podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no sólo un
    problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser
    acogidos, respetados y amados, una ocasión que la Providencia nos ofrece para
    contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más
    plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana
    más abierta, de acuerdo con el Evangelio. Las migraciones pueden dar lugar a
    posibilidades de nueva evangelización, a abrir espacios para que crezca una
    nueva humanidad, preanunciada en el misterio pascual, una humanidad para la
    cual cada tierra extranjera es patria y cada patria es tierra extranjera.
     
    Queridos emigrantes y refugiados. No perdáis la
    esperanza de que también para vosotros está reservado un futuro más seguro, que
    en vuestras sendas podáis encontrar una mano tendida, que podáis experimentar
    la solidaridad fraterna y el calor de la amistad. A todos vosotros y a aquellos
    que gastan sus vidas y sus energías a vuestro lado os aseguro mi oración y os
    imparto de corazón la Bendición Apostólica.
     
    Vaticano, 5 de agosto de 2013.
     
    FRANCISCO
     
     
     
     

  • SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

    SEMANA
    DE ORACION POR LA UNIDAD DE LOS CRSTIANOS
    18 a 25 de enero de 2014
    ¿Es que Cristo está dividido?
    (1
    Corintios 1, 1-17)
    INTRODUCCIÓN
    AL TEMA

    En
    el pasaje de la Escritura elegido para la reflexión de este año, Pablo comienza
    su epístola a los corintios con un encabezamiento impactante. Como si se
    tratara de la obertura de una ópera o del primer movimiento de una sinfonía, el
    pasaje toca temas que nos preparan para lo que sigue en la epístola. Hay tres movimientos en este texto. Los
    tres establecen una base sólida que a la vez nos interpela en nuestra reflexión
    como cristianos que vivimos y trabajamos juntos en las Iglesias y la sociedad
    de hoy.
    En el primer movimiento (1, 1-3), Pablo y su
    compañero cristiano Sóstenes se dirigen a una comunidad, más numerosa y muy
    activa, los cristianos de Corinto. Se refiere a los corintios como a la
    “Iglesia de Dios”, no solo como una porción local de la Iglesia, sino como una
    expresión plena de la Iglesia en esta parte del mundo. Pablo les recuerda que
    son un pueblo de “elegidos”, “consagrados”, no aislados por su
    cuenta, sino “junto con todos los que en
    cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor suyo y nuestro”. Esta última expresión también podría traducirse como “tanto en su lugar como en
    el nuestro”. Por eso, son auténticamente la Iglesia de Dios, pero muy
    conectados a todas las demás personas que invocan al Señor, tanto en su
    confesión como en su lugar. Seguidamente Pablo, como en todas sus cartas,
    extiende su habitual y potente saludo de la gracia y la paz de Dios. En el
    lenguaje de Pablo, “gracia” indica la
    bondad de Dios y los dones que nos concede en Cristo, y ha de despertar nuestra
    gratitud hacia Dios y nuestra generosidad hacia los otros. Su “paz” para nosotros en toda su plenitud
    y reciprocidad es comunión (koinonia) en Dios.
    ¿Dónde ves la gracia y la paz de Dios en
    tu Iglesia local, en tu comunidad más amplia y en tu país? ¿Cómo podrías ir más
    allá de una solicitud por tu comunidad inmediata para atender a la comunidad de
    todos los cristianos y del mundo?
    Cuando
    Pablo está a punto de empezar a exhortar a la comunidad de Corinto, comienza el segundo movimiento en nuestro texto
    (1, 4-9) dando gracias a Dios “que os ha
    otorgado su gracia mediante Jesucristo”. No se trata solo de una
    formalidad, sino de una verdadera alegría en los dones que Dios ha concedido a
    esta comunidad. Pasa entonces a reafirmarlos:
    “de tal manera se ha consolidado en vosotros el mensaje de Cristo, que de
    ningún don carecéis”. Les asegura que serán mantenidos firmes hasta el fin
    y que “Dios… cumple su palabra”.
    Dios nos llama a la comunión (koinonia) de su Hijo con todas sus
    implicaciones sociales y espirituales para nuestras Iglesias y nuestras gentes.
    En el tercer movimiento (1, 10-17) Pablo
    dirige duras palabras a los corintios por la forma en que han distorsionado el
    evangelio cristiano y han roto la unidad de la comunidad. “Yo pertenezco a Pablo, yo a Apolo, yo a Pedro”. Pablo tampoco
    alaba a aquellos que consideraban a Cristo como su líder, porque utilizaban el
    nombre de Cristo para separarse de los demás en la comunidad cristiana. No
    podemos invocar el nombre de Cristo para levantar muros a nuestro alrededor,
    porque su nombre crea comunión y unidad, no divisiones. “¿Es que Cristo está dividido?” Pablo no pone objeción a que se formen comunidades en torno a un fuerte
    liderazgo, pero cada comunidad debe encontrar su identidad fundamental en
    Cristo: “¿Ha sido crucificado Pablo por
    vosotros o habéis sido bautizados en su nombre?” Los de Cloe han visto que
    esto pasaba entre ellos y lo han sacado a la luz.
    En este estado de división
    llega la llamada de Pablo a unirse, a “recuperar
    la armonía pensando y sintiendo lo mismo”. Exhorta a sus lectores y a los
    residentes en Corinto a “desterrar cuanto
    signifique división”. ¿Cree Pablo que todos ellos deberían rezar y hacer
    las cosas del mismo modo? Creemos que no. Estos versículos no son una llamada a
    abandonar el liderazgo de Pablo, de Apolo o de Pedro. Enraizados en Cristo,
    estamos llamados a dar gracias por los dones de Dios que otros, fuera de
    nuestro grupo, aportan a la misión común de la Iglesia. Honrar los dones de los
    demás nos acerca en la fe y en la misión, y nos conduce hacia esa unidad por la
    que rezó Cristo, con respeto hacia una auténtica diversidad de adoración y de
    vida.
    Pablo
    destaca dos elementos centrales del discipulado cristiano en los que estamos
    intrínsecamente ligados a Cristo: el bautismo y la cruz de Cristo. No nos
    bautizaron en Pablo, y él no fue crucificado por nosotros; nuestra unidad es en
    Cristo y nuestra vida y nuestra salvación vienen de Él. A pesar de esto, todos
    participamos en un grupo o en otro, y nuestras Iglesias locales alimentan en
    nosotros la fe y nos ayudan a caminar como discípulos de Jesús. La conclusión
    del asunto, tanto para Pablo como para nosotros, no es solo nuestro sentido de
    pertenencia a una Iglesia particular, sino el propósito de proclamar la buena
    nueva, el evangelio al que hemos respondido con fe y alegría. Ahora debemos
    compartir este mensaje con el mundo. La conclusión de Pablo nos desafía a
    preguntarnos si tenemos una buena noticia en Cristo que transmitirnos unos a
    otros, o si llevamos división incluso en el nombre de Cristo y, en palabras de
    Pablo, vaciando la cruz de su poder.
    También
    oímos de ‘los de Cloe’. Bajo el liderazgo de Cloe este grupo identifica y pone
    nombre a conflictos y divisiones en la Iglesia de Corinto. Seguimos necesitando
    testimonios así, tanto de hombres como de mujeres, de todas nuestras Iglesias,
    y de su ministerio de reconciliación y unidad. Dar voz a estos testigos nos
    ayudará a hacer realidad la visión de Pablo de una comunidad “pensando y sintiendo lo mismo”.
    ¿Cómo podéis tú y tu Iglesia discernir
    el mismo pensar y sentir con otras Iglesias? ¿Qué misión común compartirás con
    otros cristianos para contribuir a hacer del mundo un lugar mejor para otros?

    Para concluir,
    cuando consideramos las muchas bendiciones y dones que Dios ha otorgado a
    nuestro país y a nuestras gentes, comenzamos a reconocer que debemos tratarnos
    con dignidad y respeto los unos a los otros, y también a la tierra de la que
    vivimos. Este reconocimiento nos ha llamado a la confesión y al arrepentimiento, y a buscar caminos nuevos y
    sostenibles de habitar la tierra. Ha despertado nuestras conciencias sobre cómo
    Dios nos ha bendecido a todos, y que ningún grupo puede decidir el modo de usar
    los recursos del país sin escuchar y sin integrar las voces de nuestros
    compatriotas.
    ORACIÓN => Desarrollo de la celebración
     
    En la
    columna de la izquierda de la página de acogida
    en el departamento “Oración y Reflexión”
    encontraréis la Celebración para iniciar la semana  y los textos bíblicos y oraciones para cada
    día de esta Semana de oración por la unión de los cristianos.

     

  • EL AÑO INTERNACIONAL DE LA AGRICULTURA FAMILIAR

    EL AÑO INTERNACIONAL DE LA
    AGRICULTURA FAMILIAR
    El Año Internacional de la Agricultura Familiar
    (AIAF) 2014 tiene como objetivo aumentar la visibilidad de la agricultura
    familiar y la agricultura a pequeña escala al centrar la atención mundial sobre
    su importante papel en la lucha por la erradicación del hambre y la pobreza, la
    seguridad alimentaria y la nutrición, para mejorar los medios de vida, la
    gestión de los recursos naturales, la protección del medio ambiente y lograr el
    desarrollo sostenible, en particular en zonas rurales.
    ¿POR QUÉ ES
    IMPORTANTE LA AGRICULTURA FAMILIAR?
    La agricultura familiar y a pequeña escala están
    ligadas de manera indisociable a la seguridad alimentaria mundial.
    La agricultura familiar rescata los alimentos
    tradicionales, contribuyendo a una dieta equilibrada, a la protección de
    la biodiversidad agrícola del mundo y al uso sostenible de los recursos
    naturales.
    La agricultura familiar representa una
    oportunidad para dinamizar las economías locales, especialmente cuando se
    combina con políticas específicas destinadas a la protección social y al
    bienestar de las comunidades.
     
    http://www.fao.org/family-farming-2014/home/es/

  • Epifanía significa manifestación

    Epifanía
    significa manifestación. Jesús se da a conocer a todos sin excepción más allá
    de culturas, religiones y  apariencias.
    Hoy se nos manifiesta como VIDA, aquí y ahora, en todos y a todos, en los
    acontecimientos más  triviales,  con tal que sepamos mirar en profundidad
    superando las apariencias.

    LA VIDA VERDADERA NO ESTÁ EN LA APARIENCIA
    En la línea 6 del
    metro de París un hombre bajo, anciano y desaliñado encuentra un sitio y se
    sienta torpemente. Lo veo aún encogido en su asiento. Respira cansancio y
    pobreza. Una vejez conmovedora, un ser frágil, que despierta ternura.
    Entre sus manos una bolsa, bien conocida por todos con las siglas de FNAC. (Es una empresa francesa especializada en la venta de
    artículos electrónicos, ordenadores, artículos fotográficos, libros, música y
    vídeo. Ofrece también ventas por Internet, siendo uno de los grupos pioneros en
    este formato en su país de origen.)
    FNAC – Paraíso conectado con el modernismo, paraíso de lo digital, donde
    cualquiera se pierde,menos los expertos, por falta de referencia y de
    vocabulario mal integrado, sin hablar de la avalancha de libros y música
    FNAC – productos que atraen al que los contempla  y que ostentan, con orgullo,  precios prohibitivos. Frecuentan este lugar
    gente culta, bien vestida, u ostentando una negligencia estudiada.
    Algo no encaja, la bolsa no casa con las manos que la sujetan. Pero después
    de todo puede ser una casualidad: simplemente cumple su función de bolsa
    encontrada, por fortuna, en cualquier lugar.
    El hombre inclinándose, saca un folleto. ¡Sorpresa! “El periscopio.”
    El  periscopio no es caro, 50 céntimos.
    Pero nos habla de cines, exposiciones, paseos guiados en París, restaurantes…y
    cosas de estos estilos.
    Perplejidad, asombro, introspección: Decía alguien, “tienen ojos y no ven…”
    Ojos ciegos, que se han fijado en la costumbre, como si una bonita apariencia
    significara, automáticamente inteligencia y cultura, como si el alma humana no
    pudiera escapar a los prejuicios de la sociedad, como si la amplitud del
    corazón fuera un dominio reservado…¡ojos que juzgan partiendo de un modelo
    preestablecido.! Conversión de la mirada, retorno al interior. No podríamos
    decir con Christian Bobin: “No veía a Dios ni a sus consejeros antes de pensar
    en apartar mis manos de delante de mi ojos.”
    Regalo de la vida, un hombre anciano sin
    apariencia.
    Pero la verdadera vida no está en la
    apariencia.
    Mundo invertido, derrota de las
    apariencias. 
    Michelle Biraben 
    Comunidad de Agulema
     
     

  • LA FRATERNIDAD, FUNDAMENTO Y CAMINO PARA LA PAZ

    MENSAJE DEL SANTO PADREFRANCISCOPARA LA CELEBRACIÓN DE LAXLVII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
    1 DE ENERO DE 2014
    LA FRATERNIDAD, FUNDAMENTO Y CAMINO PARA LA PAZ
     
    1. En este mi primer Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, quisiera desear a todos, a las personas y a
    los pueblos, una vida llena de alegría y de esperanza. El corazón de todo hombre y de toda mujer alberga en su interior el deseo de una vida plena, de la que forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita
    a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer.
    De hecho, la fraternidad es una dimensión esencial del hombre, que es un ser relacional. La viva conciencia
    de este carácter relacional nos lleva a ver y a tratar a cada persona como una verdadera hermana y un verdadero hermano; sin ella, es imposible la construcción de una sociedad justa, de una paz estable y duradera. Y es necesario
    recordar que normalmente la fraternidad se empieza a aprender en el seno de la familia, sobre todo gracias a las responsabilidades complementarias de cada uno de sus miembros, en particular del padre y de la madre. La familia
    es la fuente de toda fraternidad, y por eso es también el fundamento y el camino primordial para la paz, pues, por vocación, debería contagiar al mundo con su amor.
    El número cada vez mayor de interdependencias y de comunicaciones que se entrecruzan en nuestro planeta hace
    más palpable la conciencia de que todas las naciones de la tierra forman una unidad y comparten un destino común. En los dinamismos de la historia, a pesar de la diversidad de etnias, sociedades y culturas, vemos sembrada
    la vocación de formar una comunidad compuesta de hermanos que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros. Sin embargo, a menudo los hechos, en un mundo caracterizado por la “globalización de la indiferencia”,
    que poco a poco nos “habitúa” al sufrimiento del otro, cerrándonos en nosotros mismos, contradicen y desmienten esa vocación.
     
    En muchas partes del mundo, continuamente se lesionan gravemente los derechos humanos fundamentales, sobre
    todo el derecho a la vida y a la libertad religiosa. El trágico fenómeno de la trata de seres humanos, con cuya vida y desesperación especulan personas sin escrúpulos, representa un ejemplo inquietante. A las guerras hechas
    de enfrentamientos armados se suman otras guerras menos visibles, pero no menos crueles, que se combaten en el campo económico y financiero con medios igualmente destructivos de vidas, de familias, de empresas.
    Saber más… LA FRATERNIDAD, FUNDAMENTO Y CAMINO PARA LA PAZ