Autor: AdminWp

  • COMPARTIR SOLIDARIO DURANTE EL COVID – 19

    Perú es un país como otros de nuestra región con una economía neoliberal, por lo tanto con una socio economía llena de desigualdades extremas, como todos lo sabemos en este momento no somos ajenas a la pandemia producida por el Covid-19. El gobierno ha respondido a esta situación de la mejor manera que ha podido, pero nuestro país tan fraccionado económicamente, los requerimientos son inmensos y rebaza sus necesidades, los esfuerzo que se hace para responder adecuadamente, por parte del estado.   Así mismo Llevamos unos 59 días de confinamiento social, al 13 de mayo.
    Nuestra comunidad se encuentra ubicada en Lima Norte, en el distrito de San Martin de Porres que ocupa el 3er. Puesto de contagio, nuestros mercado que venden productos alimenticos entre otros, tiene el 50% de sus comerciantes contagiados después de unas pruebas rápidas que han hecho las autoridades de Salud, por tal motivo lo han cerrado, no hay atención al público; no es el único en esta situación. Esto no ha llegado así de pronto, ha venido dándose entre contagiado, hospitalizados graves y otros muertos producto de la pandemia.
    Frente a esta situación, nosotras comentamos las noticias y al enterarnos de varias personas que pasan hambre, llegamos a un acuerdo comunitario, compartir solidariamente con un grupo de estudiantes de una IE (Institución Educativa) estatal de este distrito, están pasando serias necesidades económicas, falta de trabajo, viviendas… víveres de primera necesidad, así como un kit de limpieza para compartir con las familias de los estudiantes mencionados.
    Además hemos obtenido la buena Pro de un proyecto presentado a la CONFER, para apoyar con alimentos y elementos de limpieza a familias que por ahora están desocupadas, migrantes pasando grandes necesidades… sabemos que no solucionaremos la situación, pero en algo menguaremos su precariedad.

    En nuestro ambiente espiritual,  templos cerrados, lo cual a dado paso a celebrar los sacramentos  y trasmitirla en diferentes medios sociales, escuchamos la Santa Misa por la Radio , celular, TV etc.  Nuestras oraciones comunitarias estan llenas de la vida de nuestro pueblo azotado por la pandemia. Cave mencionar la frase de nuestro Cardenal “Aislados socialmnete, pero unidas espiritualmente” con la Familia de Pedro Bienvenido y el Pueblo en general. Nos unimos y acompañamos el dolor de la enfermedad y la muerte en la oracion comunitaria y simultaneas  con nuestras familias, conocidos, compañeros de trabajo, de misión.
    Hnas.SFB – Comunidad Condevilla
    Lima – Peru.

  • Durante todo este “Tiempo” de confinamiento… Comunidad de Jaén – ESPAÑA

    “Tiempo” una palabra que utilizamos muy a la ligera y ahora cobra un nuevo sentido. Es un tiempo para mirar el interior de cada una y ver nuestras actitu-des, conductas y sentimientos que requieren una limpieza y sanar.
    Es un tiempo para resituarnos y recolocar como valor central al SER HU-MANO, por encima de la economía, las ideologías, la política. Hemos descu-bierto que la Vida y la Salud son importantes para todos. Derecho fundamen-tal que olvidamos fácilmente.
    Es tiempo de cooperar, volver a nuestras raíces solidarias, a tener más pre-sente la interdependencia… O vamos juntos o no saldremos nadie. Nos nece-sitamos unos a otros.
    Es un tiempo de ser responsables con nosotras mismas para el BIEN CO-MÚN, no hay excusas. Mi responsabilidad afecta a todo lo demás.
    Es tiempo de recuperar, revisar nuestras actitudes y nuestras relaciones co-munitarias. Tanto tiempo juntas saca lo mejor y lo peor, no tenemos que asus-tarnos… Hay que perdonar y agradecer.
    Es un tiempo de cuidar los detalles, esa llamada a personas que están solas, a saludar y reconocer a los vecinos cuando salimos a aplaudir a las 20h cada día, a familiares, hermanas/os de lejos, a amigos…
    Es tiempo para retomar lecturas, reflexiones, dedicar más tiempo a la oración. Somos apostólicas desde la contemplación
    Es tiempo de confianza y esperanza, si nosotras hemos cambiado en algo nuevo, seremos esa semilla que necesita nuestro alrededor y nuestra madre tierra.
    Es tiempo de flexibilidad, nos hemos tenido que adaptar a las videollamadas con los grupos de laicos de la Sagrada Familia para mantener los grupos vi-vos, con buenas reflexiones conjuntas sobre el momento y el futuro. Toda una riqueza.

    Por mi trabajo yo no he podido quedarme en casa todo el tiempo… Trabajo en la Comunidad Terapéutica de Proyecto Hombre – Jaén, con personas vulne-rables con problemas de adicción. Ellos sí han sido unos valientes y respon-sables quedándose desde el 9 de marzo en la comunidad, sin ver a sus fami-lias, hijos, parejas…, porque estaban concienciados de que todos teníamos que poner un grano de arena en la situación. Hemos podido palpar la capaci-dad de resistencia, la confianza, la responsabilidad, la creatividad para hacer más agradable el confinamiento, la esperanza, la gratitud, la solidaridad de personas, familiares, usuarios, agrupaciones religiosas que nos han donado material: mascarillas, desinfectantes, hidrogeles, alimentos… Es muy bonito ver tanta generosidad e implicación para facilitar las cosas.
    Ojalá que hayamos aprendido algo durante este tiempo… Yo he aprendido a cuidar mi mirada y mi oído, a sentirme parte responsable de un Todo mayor, a valorar los pequeños detalles y a confirmar que lo importante no son las cosas sino las personas y juntos lo conseguiremos.
    Me he llenado de alegría al ver al Señor resucitado en medio nuestro.
    Rosi García Rebollo. Comunidad de Jaén

  • el mes de mayo | la Virgen María

    Se aproxima el mes de mayo, en este mes, es tradición rezar el Rosario en casa, con la
    familia. Por eso, he pensado proponerles a todos que redescubramos la belleza de rezar el Rosario en casa durante el mes de mayo.
    – Francisco – 
    https://saintefamillebordeaux.org/v2/sites/main/files/Spanish_1.pdf

  • ¿Tanto bombardeo informativo nos impide ir a lo esencial?

    Dolors Massot | Abr 19, 2020

    Si perdemos la paz al llenarnos de mensajes cada día, hay algo que puede ayudarnos a ser dueños de nosotros mismos.
    La pandemia del coronavirus nos obliga, en muchos países a estar alerta. Para evitar el contagio masivo, numerosos gobiernos han decretado el estado de emergencia y obligan al confinamiento en nuestras casas.
    De la noche a la mañana, nos hemos encontrado entre cuatro paredes, sin poder salir al exterior salvo excepciones y con un peligro sanitario que nos hace estar en alerta.
    Hipnotizados ante la pantalla
    El número de muertes tan alto y tan sorprendente ha hecho que nos hayamos quedado pegados a la pantalla casi tanto como nos ocurrió el 11-S. Los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York crearon una sensación tan potente en nosotros que nos “hipnotizaron” ante la televisión.
    Ahora puede ocurrir algo similar: nada más levantarnos, conectamos con la radio o la televisión para conocer cómo está nuestro país, seguimos con los informativos, las ruedas de prensa de las autoridades, las tertulias políticas, los programas “magazine”…. El consumo de televisión y otras pantallas ha subido estratosféricamente desde que comenzó la pandemia.
    El coronavirus se ha apoderado de la comunicación.
    ¿Necesitamos tanta conexión?
    Con la restricción de nuestras actividades, el peligro de la pandemia y la necesidad de conocer la situación de nuestro entorno y cómo evoluciona la pandemia, puede ocurrir que nos encontremos continuamente pendientes de alguna pantalla.
    A la información se une la comunicación a través del whatsapp y las redes sociales. Hay un bombardeo que no distingue entre memes, información contrastada, bulos, “fakes”, rumores, humor, sentimientos, actividad laboral diferente, etc… Todo llama la atención y estamos atentos a todo “por si es de interés”.
    Angustia y desesperanza
    Aunque nos mueve el instinto de supervivencia, sin embargo, al cabo del día -o al cabo de unas semanas- hacemos balance y nos damos cuenta de que el cúmulo de mensajes de todo tipo nos genera estrés, nos fatiga la cabeza, nos hace perder el tiempo y -lo que es peor- nos lleva a la desesperanza.
    La vida se nos ha alterado y perdemos la paz
    Todo este conjunto de situaciones puede hacer que nuestras 24 horas sean trepidantes. Al final del día, vemos que hemos ido al galope, despejando balones y con el agua al cuello para llegar a todo. Pero por el camino, hemos perdido la paz. 
    ¿Saturados? Hay que retomar el control
    Prestar atención sin control a cualquier acontecimiento tiene su lado negativo. Nos puede llevar a la saturación, al cansancio y la desesperanza. Estamos llenos de datos pero perdemos las riendas de nuestra vida.
    Ir a lo esencial
    Para que esto no ocurra, vale la pena tener en cuenta una cuestión fundamental: ¿cuál es mi propósito de vida? 
    Hay que hacer un esfuerzo por enfocar mi pensamiento y poder reflexionar sobre mi razón de ser. Pongámoslo por escrito o grabémonoslo a fuego en el alma. Para eso tenemos una herramienta excelente: la inteligencia y la voluntad. Ellas están por encima del mero instinto de supervivencia y hay que ponerlas a trabajar.
    A partir de que hayamos recordado cuál es nuestro propósito de vida, podremos examinar si nuestra jornada va encaminada a ese objetivo o nos hemos despistado.
    El activismo es una forma de materialismo
    Tal vez en tiempos de cuarentena nos hayamos metido de lleno en la acción. A pesar de que el espacio es más restringido, es fácil caer en el activismo. Hacer, hacer y hacer, gestionar, cambiar, adecuar… todos son verbos de acción. Si nos quedamos en ese plano, el activismo es una forma clara de materialismo.
    Hay materialismo si hay consumismo. Y ahora tal vez no consumimos productos materiales pero sí consumimos en exceso ideas, información, entretenimiento, ocio… 
    Dar valor trascendente a nuestro día
    La situación cambiará radicalmente si a esa acción continua en nuestro día a día le damos a partir de ahora valor trascendente. ¿Cómo hacerlo? Sencillamente atendiendo a nuestra propia naturaleza humana, que tiene una dimensión espiritual.
    Cada hecho material puede lograr en nosotros un trazado espiritual: podemos conectar con Dios mientras teletrabajamos, ayudamos a los niños en las tareas escolares, cocinamos o limpiamos. La presencia de Dios puede ser un contínuo, porque Él está siempre pendiente de nosotros y porque podemos ofrecerle todo, nuestras 24 horas. “Dios anda entre los pucheros”, decía santa Teresa. Y hoy anda entre los papeles, los mails, el móvil, el microondas, las sábanas y los juguetes de los niños.
    Volveremos a la calma
    Que yo llene mi vida de comunicados, whatsapps, noticias y memes es moverme solo en el plano material, pero si ahí busco a Dios, también Él me ayudará a distinguir lo urgente de lo importante. No todo lo urgente y novedoso merecerá que le haga caso de inmediato. Bajaremos el ritmo de deseo de datos.
    Cuando dejamos entrar a Dios en nuestra vida, Él nos ayuda a encontrar la medida de las cosas: qué valor le tengo que dar a cada una de ellas, qué necesidad tengo de estar informado, cuándo detecto que la curiosidad o la superficialidad me pueden, cuándo me domina la vanidad en un selfie…
    Un parón para hablar con Dios
    En esta situación de cuarentena que fácilmente provoca la sobreinformación y la saturación, hacer un parón al día -o en varios momentos- para dedicarlos a la oración, nos ayudan a resetear, a retomar el volante y ajustar el rumbo de nuestra vida.
    La paz uno se la gana batallando, pero esa batalla puede ser tan pequeña como decidir claramente: “ahora apago la televisión” o “cierro el móvil por un rato”.
    Escuchar a Dios para ser dueños de nosotros mismos
    En ese momento, elevar la mente a Dios y hablar con Él, escucharle en nuestro interior, es algo sencillo pero muy grande que nos devuelve a un paisaje distinto: es lo que nos devuelve el equilibrio, la esperanza y la fortaleza para ser dueños de nosotros mismos también durante la cuarentena, aunque las circunstancias sean difíciles.

  • MALAWI – la prevención del COVID 19.

    MALAWI – Las hermanas y los sacerdotes de la parroquia de Benga, comprometidos en la prevención del COVID 19.
    Hoy, (14/04/2020) las hermanas y las jóvenes, con el apoyo de la parroquia, han empezado a embotellar 600 litros de hidralcohol que serán distribuidos a 600 familias y a centros médicos. También repartirán 5000 pastillas de labor y 30.000 mascarillas. Además de hojas informativas. Van a aprovechar esta crisis para intentar poner en marcha un pequeño proyecto para hacer jabones y productos de limpieza. 

  • Una madre de 12 hijos… Y esto es lo que hace el amor en tiempos del Covid-19

     
    Una familia numerosa en Bolivia ha hecho relucir la mejor cara del ser humano a través de la ayuda y solidaridad en medio de la pandemia del coronavirus
    Es madre, pero también padre, algo cada vez más frecuente en los hogares latinoamericanos ya desde hace varias décadas. La situación de Sandra Espinoza (36) conmueve no solo por todo lo que representa ser cabeza de familia, sino porque además de eso tiene 12 hijos.
    Sin embargo, esta madre boliviana, de la localidad de Santa Cruz, y su familia numerosa viven en situación de máxima vulnerabilidad, algo que se ha hecho más agudo tras la expansión de la pandemia del Covid-19 debido a la exhortación de confinamiento y larga cuarentena.
    Es que el coronavirus le impide a Sandra poder salir a trabajar, algo que termina derivando en serias dificultades a la hora de poder alimentar a su amplia familia.
    “Si no trabajo, mis hijos no comen. Yo hago de todo:  de 8:00 a 15:00 hago limpieza en un módulo educativo; el resto de la tarde me pongo a lavar ajeno, cuando me llaman y por las noches me voy a pelar pollos. Mientras tanto, mis hijos mayores cuidan a los más chicos”, expresaba Sandra.
    Debido al encierro obligatorio Sandra también es enfática a la hora de decir que no sale ni deja salir a sus hijos a la calle para que no contraigan la enfermedad.
    No obstante, en los últimos días la “suerte” de Sandra parece haber tenido un nuevo giro tras la difusión de su historia a través de medios locales como red Unitel y el propio El Deber.
    Y la respuesta de la gente no se hizo esperar pues debido a esto muchas personas se han contactado con ella para ayudarla ofreciéndole alimentación, así como ropa y otros recursos materiales. Incluso, hasta con colaboración de gente del exterior, prosigue El Deber.
    “La única ayuda que pude ir a recoger fue de una señora que vive en el barrio Toborochi; aunque queda lejitos, fui a pie. Con eso y con algunas verduras y fideo que me trajo un periodista he estado cocinando para mis hijos”, dijo la madre –abandonada por su marido hace nueve meses-, indica el medio boliviano.
    “He recibido muchas llamadas, hoy, por ejemplo, atendí como unas 10, pero todas estas personas viven lejos. También recibí llamadas de España, Chile e Italia, pero lamentablemente no tengo cuenta bancaria para que me depositen”, agregó esta madre cuyo caso de alguna manera ha despertado la mejor cara del ser humano y se ha transformado de alguna manera en símbolo de lo que puede hacer el amor en tiempos de coronavirus.

  • Mensaje Pascual – Ana Maria ALCALDE (Superior General)

     
    Queridos todos,
    Estamos celebrando una Semana Santa más intensa que nunca. El silencio que nos rodea nos invita a la interioridad para participar con más profundidad en el Misterio Pascual que celebramos.
    Este Jueves Santo no habrá lavatorio de los pies, pero Jesús pasará lavando los pies con bata de enfermero, médico, capellán… confortando, tomando de la mano a los que viven la soledad, la incertidumbre, el miedo…  en los hospitales, casas, residencias…
    Este Viernes Santo la pasión se está viviendo fuera de los templos y el viacrucis tiene otros itinerarios: hospitales, comunidades, residencias, cementerios…  No será memoria sino un viacrucis real. De dolor, angustia, soledad, lágrimas… aceptación y entrega de la vida.
    Este Sábado Santo habrá un silencio sobrecogedor ante nuestra vulnerabilidad e impotencia porque no fuimos capaces de proteger la vida, ni pudimos estar cerca de nuestras hermanas, de los seres queridos, vecinos, amigos… en su hora decisiva.

     
    Habrá una Vigilia Pascual donde no falte el fuego en la noche. Un fuego a escala mundial que queme nuestro antiguo estilo de vida para dar paso a otra forma de entendernos, de relacionarnos, de mirar, de cuidar, de amar … en solidaridad e interdependencia con toda la Creación.
    Un fuego que aliente la Esperanza. Que irradie luz sobre todos los sepulcros pues jamás la vida será vencida por la muerte. ¡Dios es el fiador!
    Jesús está vivo, él nos precede en Galilea. Allí le veremos.
    ¡FELIZ PASCUA! ¡ALELUYA!
    Ana María Alcalde
    (Texto inspirado en – Carlos Padilla Esteban, 08.04.2020)

  • Como un fuego que enciende otros fuegos

    Durante todo el año estamos celebrando el Bicentenario de nuestra Asociación, momentos hermosos, compartidos, que nos impulsan a vivir con más autenticidad y a seguir respondiendo a los retos que nos urgen. Esta vez os traemos dos preciosos testimonios, el primero desde Navalmoral de la Mata (Cáceres) y el segundo desde la comunidad de las Flores y los asociados de Málaga. También tenemos presente a Coín, cuya celebración se ha aplazado por el coronavirus.
    Desde Navalmoral de la Mata
    A las cinco de la tarde del día veinticinco de Enero del año 2020 se ha celebrado en Navalmoral de la Mata el doscientos aniversario de la fundación de la Sagrada Familia de Burdeos. La iglesia de Las Angustias acogió este evento con una solemne celebración de la Eucaristía presidida por el Señor D. José Luis Retana, obispo de la diócesis de Plasencia.
    Acompañó en la celebración nuestro muy querido sacerdote D. Félix Elez, y once sacerdotes más. La iglesia se llenó de fieles que quisieron acompañar a las religiosas en este evento tan especial. Fue emocionante ver cómo una buena parte del pueblo de Navalmoral de la Mata (Cáceres) estuvo allí para agradecer y reconocer la labor que nuestras queridas hermanas han realizado en este pueblo desde que llegaron a él el 23 de enero de 1928.
    Han sido unos momentos muy hermosos cargados de emotividad donde se ha podido constatar la importancia de compartir, con toda la comunidad religiosa de Navalmoral, la riqueza de nuestra espiritualidad.
    Es un camino de esperanza y apertura al pueblo de Dios, un dar a conocer los dones que atesora nuestra asociación, los que ha repartido al pueblo de Navalmoral y a la diócesis de Plasencia, y los que aún tiene que dar allí donde esté y donde aún quede algún miembro de ella.
    Una vez más tuvimos la suerte de estar reunidas cuatro de las cinco vocaciones; hermanas apostólicas, seculares, asociadas laicas y sacerdote asociado. Es todo un símbolo de esperanza que agradecemos al Espíritu que así lo quiere en este pequeño pueblo de la hermosa región de Extremadura en España.
    Loly Manchado y la Familia de Navalmoral
     
    Desde la comunidad de Las Flores
    La Familia sigue agradeciendo estos 200 años. En Las Flores los Asociados Laicos, las Hermanas de la Comunidad, el Colegio de El Monte, amigos, gente del Barrio, todos nos congregamos en la Parroquia de la Virgen de Flores, para dar gracias.
    El templo estaba lleno como muy pocas veces. La colaboración hizo posible este momento tan solemne y sencillo. Los Oblatos de María Inmaculada, que regentan la Parroquia, nos facilitaron todo. Y también hubo cordial colaboración entre los parroquianos, vecinos, amigos…
    En la celebración se sentía alegría, gozo, hubo mucha participación. Se decía: “Es precioso ver que habéis podido hacer algo tan hermoso de un modo tan sencillo…” Porque fue muy solemne y al mismo tiempo sencillo y cercano.
    El Padre Ismael OMI, que es actualmente el párroco, habló de la vida de la Sagrada Familia, que llegó a Málaga el 4 de abril de 1867. Agradeció su labor, su entrega sencilla, durante tantas generaciones, acudiendo allí donde era más necesario: enfermos, enseñanza, lugares menos favorecidos. Deseando siempre “extender y promover la fe, en todas las clases sociales”, como Pedro Bienvenido propuso, sin excluir a nadie, sin dejar de lado ninguna situación.
    Después de la ceremonia, compartir un ágape entre hermanos, nos ayudó a consolidar los sentimientos, deseos y esperanzas, vividos en nuestra celebración. Fue un momento entrañable de vida de familia y la ocasión de reforzar nuestro cariño y cercanía como Familia unida.
    Sentimos que el árbol de la Sagrada Familia en Málaga reverdece en esta celebración, renueva nuestro entusiasmo para seguir poniendo nuestro granito de arena de unidad en una sociedad, que nos necesita como Familia. Tener el valor de “Ser y hacer Familia” hoy y ahora con todas las circunstancias que nos rodean, es un Carisma importante para el mundo, en el momento actual de su historia.
    Este encuentro tan sencillo como solemne, es un Nuevo envío al mundo. Sigamos difundiendo comunión, amor… del modo como esté a nuestro alcance, creando siempre un ambiente de serenidad, mansedumbre, sencillez… familia.
    Y para caminar en nuestra vocación hoy, sentimos de nuevo la honda invitación que un día nos hiciera Pedro Bienvenido Noailles: “Id a Nazaret y contemplad”.
    La Familia de Málaga.

  • Testimonio de trabajo en La Soledad

    Jesús, María y José, que viven del trabajo de sus manos, en el amor del Padre y el servicio a los hermanos y hermanas, ofrecen la imagen de una familia humilde y laboriosa. En Nazaret el trabajo encuentra su dignidad. (Art. 203)

    Nuestra vida contemplativa está marcada por la oración y el trabajo. Cada hermana presta un servicio a la comunidad para el bien común y para lograr una vida equilibrada. Cuando entré en el Noviciado recibí el servicio de trabajar en el jardín. En ese momento, la mayor parte del trabajo consistía en quitar hierbas alrededor de la casa. Mientras esperaba que crecieran las hierbas, la Hermana Griet me iniciaba en la costura y la Hermana Teresa en la Sacristía. Un día fuimos al mercado a comprar las flores para la Capilla, vi que eran muy hermosas y muy caras. Empecé a cultivar flores cerca de la casa. Crecieron bien, pero no eran suficientes para todo el año. Pedí una franja de tierra del jardín para tener flores durante todo el año. Entre las flores crecieron unos vegetales que se comen en África. Nos los comimos: estaban deliciosos. Al año siguiente planté algunas verduras para la comunidad. La gente que pasaba quedaba admirada y yo les daba un poco para que las probaran.
    En 2018, puse un poco más de verduras diferentes: los que visitaron el huerto me propusieron venderlas. Como yo no tenía intención de vender, les di lo que deseaban y me pagaron lo que quisieron. Se lo contaron a sus amigos. Consultaron la ley francesa para ver si teníamos la obligación de declarar el huerto o de pagar impuestos: y vimos que no estamos sujetos a impuestos, y que  no era necesario declararlo.
     En 2019, todos los que querían verduras de las contemplativas (así las llaman) sugirieron que las dejara en la entrada de la Capilla, indicando los precios. Fijé en dos euros el kilo para toda clase de verduras. Después de comerlas, me pagaron entre 2 y 50 euros, diciéndome que nunca habían comido un BIO vegetal tan auténtico, y de este modo ganamos 1300 €. Este año 2020, ya han ordenado lo que desean: tomates, berenjenas, ensaladas, pimientos, calabacines, maíz, judías verdes, patatas, moniatos, guisantes, fréjoles, rábanos, pepinos y la lista crecerá dependiendo de quién venga a visitar el huerto.
     

    Trabajo dos horas por la mañana. Depende del clima: en invierno, mientras la tierra descansa, recojo estiércol. En verano, cuando hay una ola de calor, riego por la noche porque los días son más largos. De vez en cuando, las Hermanas jóvenes me ayudan, según sus posibilidades. En silencio y soledad, trabajo mientras rezo y rezo mientras trabajo. Así, la oración continua adquiere su significado. Esto me ayuda a ser solidaria con quienes trabajan o no tienen trabajo y a luchar contra el olvido de Dios, como nuestras constituciones nos invitan a hacer.
    Cualquier tarea, por sencilla que sea,  nos asocia a la obra creadora y redentora.  (Art. 204)
     
    Oración de la jardinera de La Soledad.
    Señor, te doy gracias porque creaste todo con sabiduría y amor. Gracias por la tierra que produce múltiples frutas, flores y vegetales, que alimentan a personas y animales. Te doy gracias por Pedro Bienvenido Noailles, nuestro querido Buen Padre, a quien inspiraste elegir la tierra de La Soledad para sus hijas del porvenir. Gracias por todas nuestras Madres que supieron cuidar y proteger este tesoro. Gracias por haberme llamado a vivir en esta tierra santa, como Hermana Contemplativa de la Sagrada Familia de Burdeos y por haberme concedido amar el trabajo de la tierra.
    Tú ya sabes, Señor, que la tierra no puede dar fruto si no está bien alimentada. Te pido que bendigas a Stéphane y a su familia: este trabajador del Domaine de La Solitude deja el burro y los caballos en el fondo de la viña. Bendice a estos animales que generosamente me dan mucho estiércol para alimentar el jardín: ¡De este modo estoy segura de que tendré una buena cosecha este año!
    Bendito seas, Señor, por las semillas de todo tipo, pero especialmente por las que voy a sembrar y plantar en este huerto que has bendecido. Te agradezco el deseo de compartir, los conocimientos que das a todas estas personas que preparan semillas para los agricultores. ¡Sin olvidar a aquellos que comparten sus experiencias y consejos sobre cómo  trabajar bien y tener una cosecha abundante!
    Te bendigo, Señor, por el agua que nos ayuda durante la ola de calor. Por todos aquellos que aprecian los cultivos y que vendrán a admirar y estimular a las plantas. Tú sabes que las plantas son como nosotros: necesitan cariño. Finalmente, te bendito Señor, por todos aquellos que comerán los frutos de este jardín. Que todo sea para tu mayor gloria. Amén.
    Hna. Odette UWIMANA – Contemplativa
                       Martillac La Solitud

  • La Sagrada Familia en… PINTO

    La Sagrada Familia busca continuamente adecuarse al inexorable y progresivo envejecimiento de las Hermanas. Desea asegurarse de que quienes han consagrado toda su vida al servicio de los otros, puedan afrontar la última etapa de su vida encarnando hasta el final lo esencial de esa llamada.
    Reconocemos que vamos envejeciendo, pero estamos aún lejos de tomar la decisión de asumir la propia existencia y comenzar a negociar los cambios que el paso de la edad va introduciendo en ella. Nos guste o no, entramos en una etapa diferente de las anteriores. Junto a evidentes pérdidas, se nos presentan nuevas oportunidades. Hemos de mentalizarnos poco a poco y hacernos a la idea suavemente de que va llegando la hora de entrar en una «tercera etapa». En esos momentos es cuando aparece en el horizonte «la Casa de Mayores”.
    Para nosotras, una casa dedicada al cuidado de las mayores es ante todo una comunidad, un espacio donde es posible mirar cara a cara a la vejez, unir las palabras «vejez» y «vida», aceptando que la vida es un todo y si la primera parte fue muy buena, ¿por qué vamos a dudar siquiera un momento de que la segunda mitad no será menos?
    Hoy nos acercamos a una de esas Casas de Mayores (hay cuatro en la Provincia) en Pinto.

    Pinto es una pequeña población abierta y alegre, con muchas zonas verdes, bloques de casas nuevos de poca altura, ciudad ideal para sus 60.000 habitantes. ¿Por La Sagrada Familia en… PINTO qué esta comunidad de mayores habita Pinto? Podríamos decir que las circunstancias lo propiciaron. Pero no solo eso, ya que Pinto es la tierra donde crecieron las raíces de la Obra de P.B. Noailles en España. Fue precisamente la madre Bonnat, designada por el Fundador para establecer la Sagrada Familia en este país, quien encontró este lugar cercano a Madrid para albergar a un grupo de huérfanas, un pequeño grupo que ella había recogido nada más llegar a la Capital, llevada por su predilección por las niñas abandonadas.
    Empieza pues en Pinto en pleno siglo XIX una Obra de la Sagrada Familia dedicada a huérfanas (1856) con muchas penurias y escasos recursos económicos; a lo largo de un siglo esta Obra pasará por sucesivas transformaciones. Sin contar los tres años de la guerra civil en que fue destinada a Hospital Militar, la Obra de Pinto ha sido Colegio de Huérfanas, Patronato durante 30 años, impartiendo Enseñanza Media, Magisterio y Secretariado; posteriormente el Colegio se abrió al pueblo, fue mixto e incluso Filial de Instituto. Cuando en los últimos años (1994) se inaugura la Enseñanza Secundaria Obligatoria y se instala en un pabellón de nueva construcción, sigue funcionando al cien por cien hasta que, como los demás Centros de la Sagrada Familia en España, pasa a la Fundación Educacional Santo Domingo.
    Si como constatamos, el Colegio ha pasado por diferentes etapas, los edificios donde se ha albergado han conocido también sucesivas transformaciones. La parte más antigua construida en el siglo XIX se cedió a la Administración de Pinto en los años 60 y ahora es la Casa de la Cultura del Municipio. La Capilla se donó al Obispado de Getafe llegando a ser la floreciente Parroquia de San José de la zona. Una vez renovada arquitectónicamente, sigue ofreciendo sus servicios a los feligreses.
    En cuanto al Colegio, actualmente cuenta además de con espaciosos y bien instalados campos de deporte, con dos pabellones de construcción reciente. Encontramos en los terrenos adyacentes una hermosa huerta con árboles frutales y jardín; es ahí donde se sitúa el edificio moderno y adaptado que alberga la Casa de Mayores. Las tres plantas dan cabida a 46 habitaciones individuales con servicio y ducha, incluyendo además dos comedores, dos Capillas y varias salas sin contar con las dependencias, instaladas con los últimos adelantos para facilitar el desarrollo de las actividades propias de una Residencia de estas características.
    El envejecimiento de las mismas cuidadoras religiosas ha obligado a la Provincia a buscar la colaboración de una empresa, AUSOLAN, con personal especializado en el cuidado de ancianos, así como en diversas atenciones complementarias (cocina, lavadero, limpieza). Las empleadas de esta empresa han pasado a formar parte del conjunto de la Obra, como si de una gran familia se tratara. Gracias a su dedicación y al trato profesional y delicado, muy valorado por la comunidad, se constata que las Hermanas están muy bien atendidas en todas sus necesidades y sobre todo siguen sonriendo en su vejez.
    Simultáneamente la Comunidad tiene sus espacios para los encuentros propiamente comunitarios de oración personal y compartida, reuniones comunitarias, preparación de la liturgia, etc. así como otros momentos de encuentros de fiesta, actividades lúdicas, etc. En esta época del año unas y otras preparan fiestas Navideñas y de Reyes donde se pone a prueba la imaginación y creatividad de todas. Normalmente, un grupo de Hermanas dedica un rato cada mañana a realizar mantitas de abrigo de punto destinadas a las personas necesitadas del entorno. Tampoco falta un tiempo diario reservado a la gimnasia adaptada de las residentes, ni tiempos dedicados a la lectura o a ver los programas de la TV que más pueden interesar a todas. Cada una puede escoger lo que más le guste o lo que está más acorde con sus capacidades y posibilidades actuales.
    Gracias al Colegio que ha mantenido durante cerca de dos siglos el Espíritu de la Sagrada Familia y a la semilla plantada no solo entre las alumnas, sus familias y personal educativo, sino en todo el pueblo de Pinto, se han entretejido unos lazos de afecto y colaboración que actualmente siguen vivos y propician una interrelación real entre el pueblo y la Comunidad traduciéndose en la participación conjunta en actividades religiosas, familiares o festivas, Dada la apertura de la casa, un grupo de mujeres dispone semanalmente de una de las salas para su oración y reflexión, además de participar en la Eucaristía diaria de la Comunidad y de numerosos encuentros informales donde comparten alegrías o problemas con las Hermanas. Por su parte, las Religiosas ofrecen sus servicios en la Parroquia, sea en el Consejo Parroquial o en la atención de Caritas, en el despacho parroquial, etc. Por otra parte, una Hermana de la Comunidad va como voluntaria semanalmente al Puente de la Esperanza en Madrid; ella colabora junto a otras religiosas de 13 Congregaciones, en la acogida de emigrantes haciendo participar a toda la Comunidad de su interés por las personas a las que atiende este Centro de Acogida.
    A lo largo de los días, las Hermanas en la Comunidad entran también en nuevas dinámicas de relación y acogida entre ellas, comprometidas en crear lazos fraternos que las sostienen y estimulan. Llegado el caso, recuerdan con agradecimiento las palabras del Fundador: «Queridas Hijas, vivid y morid en el seno de la Sagrada Familia prodigándoos mutuamente los afectuosos cuidados que se deben hermanas que se quieren » (Prefacio de P.B.N.).
    La Comunidad de Pinto