Autor: AdminWp

  • LA ALEGRÍA DE CELEBRAR

    Celebramos con alegría y gratitud el cumpleaños de nuestro Fundador (1793–1861
    Octubre es un mes de gran alegría porque celebramos el día del nacimiento de nuestro querido Fundador, Pedro Bienvenido Noailles, y es un momento apropiado para recordar con gratitud los importantes acontecimientos de su vida. nació en Burdeos el 27 de octubre de 1793, en plena Revolución Francesa. De joven, era optimista, entusiasta y apasionado; también era un soñador.  En 1816 ingresa en el seminario de Saint-Sulpice y tres años más tarde, el 5 de junio de 1819, es ordenado sacerdote. 
    En 1820 funda la Asociación de la Sagrada Familia de Burdeos, cuyos miembros, laicos o religiosos, están llamados a imitar las virtudes de la Sagrada Familia de Nazaret en todas sus actividades. 
    La Asociación se extendió y el padre Noailles fundó varias ramas para responder a las diferentes necesidades.  A su muerte, en 1861, dejó una Asociación numerosa y estructurada.
    En la actualidad, la Sagrada Familia está establecida en Europa, África, Asia y América, y cuenta entre sus miembros con: Asociados – laicos y sacerdotes, así como mujeres consagradas seglares, contemplativas y apostólicas; la llamamos cariñosamente ‘la Familia PBN’. Así se cumplió el «sueño del Buen Padre»: ‘Veía  a la Asociación como un árbol gigantesco, con flores y frutos de todas las estaciones, pájaros de todos los colores y países, cada uno con su canto particular, pero con una sola voz proclamando ‘¡Gloria a SOLO DIOS en Jesucristo por María y San José! José», resaltando así nuestra apertura a la INTERCULTURALIDAD como parte integrante de nuestro ser Sagrada Familia desde sus orígenes. Nos ha dejado como legado y tarea abrazar esta “hermosa diversidad como riqueza” para que podamos vivir nuestro carisma de Comunión.
    La imagen del árbol que nos describe nuestro Buen Padre nos remite a otro tema muy actual que toca la vida misma, la ‘Armonía Ecológica’ que tanto admiró y deseó profundamente para su querida Familia. Incluye el aprendizaje del arte de vivir en armonía con todos los seres creados.
    Con profunda gratitud, agradecemos a Dios el regalo de su vida para nuestra Familia Espiritual y para toda la humanidad. 
    Rubeni Pejerrey Campodónico
    Perú
     
     

  • «Dios camina con su pueblo»

    MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
    PARA LA 110ª JORNADA MONDIAL DEL MIGRANTE E DEL REFUGIADO 2024
    (Domingo, 29 de septiembre de 2024)
    «Dios camina con su pueblo»
    Queridos hermanos y hermanas:
    El 29 de octubre de 2023 finalizó la primera Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del
    Sínodo de los Obispos, que nos ha permitido profundizar en la sinodalidad como vocación
    originaria de la Iglesia. «La sinodalidad se presenta principalmente como camino conjunto del
    Pueblo de Dios y como fecundo diálogo de los carismas y ministerios, al servicio del
    acontecimiento del Reino» (Informe de Síntesis, Introducción).

    Poner el énfasis en la dimensión sinodal le permite a la Iglesia redescubrir su naturaleza
    itinerante, como pueblo de Dios en camino a través de la historia, peregrinante, diríamos
    “emigrante” hacia el Reino de los Cielos (cf. Lumen gentium, 49). La referencia al relato bíblico del
    Éxodo, que presenta al pueblo de Israel en su camino hacia la tierra prometida, resulta evocador:
    un largo viaje de la esclavitud a la libertad que prefigura el de la Iglesia hacia el encuentro final
    con el Señor.

    Análogamente, es posible ver en los emigrantes de nuestro tiempo, como en los de todas las
    épocas, una imagen viva del pueblo de Dios en camino hacia la patria eterna. Sus viajes de
    esperanza nos recuerdan que «nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente
    que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo» (Flp 3,20).
    Las dos imágenes ―la del éxodo bíblico y la de los migrantes― guardan ciertas similitudes. Al igual
    que el pueblo de Israel en tiempos de Moisés, los migrantes huyen a menudo de situaciones de
    opresión y abusos, de inseguridad y discriminación, de falta de proyectos de desarrollo. Y así
    como los hebreos en el desierto, también los emigrantes encuentran muchos obstáculos en su
    camino: son probados por la sed y el hambre; se agotan por el trabajo y la enfermedad; se ven
    tentados por la desesperación.

    Pero la realidad fundamental del éxodo, de cada éxodo, es que Dios precede y acompaña el
    caminar de su pueblo y de todos sus hijos en cualquier tiempo y lugar. La presencia de Dios en
    medio del pueblo es una certeza de la historia de la salvación: «el Señor, tu Dios, te acompaña, y
    él no te abandonará ni te dejará desamparado» (Dt 31,6). Para el pueblo que salió de Egipto, esta
    presencia se manifiesta de diferentes formas: la columna de nube y la de fuego muestran e
    iluminan el camino (cf. Ex 13,21); la Carpa del Encuentro, que custodia el arca de la alianza, hace
    tangible la cercanía de Dios (cf. Ex 33,7); el asta con la serpiente de bronce asegura la protección
    divina (cf. Nm 21,8-9); el maná y el agua son los dones de Dios para el pueblo hambriento y
    sediento (cf. Ex 16-17). La carpa es una forma de presencia particularmente grata al Señor.
    Durante el reinado de David, Dios se negó a ser encerrado en un templo para seguir habitando en
    una carpa y poder así caminar con su pueblo, y anduvo «de carpa en carpa y de morada en
    morada» (1 Cr 17,5).

    Muchos emigrantes experimentan a Dios como compañero de viaje, guía y ancla de salvación. Se
    encomiendan a Él antes de partir y a Él acuden en situaciones de necesidad. En Él buscan
    consuelo en los momentos de desesperación. Gracias a Él, hay buenos samaritanos en el
    camino. A Él, en la oración, confían sus esperanzas. Imaginemos cuántas biblias, evangelios,
    libros de oraciones y rosarios acompañan a los emigrantes en sus viajes a través de desiertos,
    ríos y mares, y de las fronteras de todos los continentes.

    Dios no sólo camina con su pueblo, sino también en su pueblo, en el sentido de que se identifica
    con los hombres y las mujeres en su caminar por la historia ―especialmente con los últimos, los
    pobres, los marginados―, como prolongación del misterio de la Encarnación.
    Por eso, el encuentro con el migrante, como con cada hermano y hermana necesitados, «es
    también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta
    hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y
    ayudemos» (Homilía de la Santa Misa para los participantes en el encuentro “Libres del miedo”,
    Sacrofano, 15 febrero 2019). El juicio final narrado por Mateo en el capítulo 25 de su Evangelio no
    deja lugar a dudas: «estaba de paso, y me alojaron» (v. 35); y de nuevo, «les aseguro que cada
    vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (v. 40). Por eso,
    cada encuentro, a lo largo del camino, es una oportunidad para encontrar al Señor; y es una
    oportunidad cargada de salvación, porque en la hermana o en el hermano que necesitan nuestra
    ayuda, está presente Jesús. En este sentido, los pobres nos salvan, porque nos permiten
    encontrarnos con el rostro del Señor (cf. Mensaje para la III Jornada Mundial de los Pobres, 17
    noviembre 2019).
    Queridos hermanos y hermanas, en esta Jornada dedicada a los migrantes y refugiados,
    unámonos en oración por todos aquellos que han tenido que abandonar su tierra en busca de
    condiciones de vida dignas. Sintámonos en camino junto con ellos, hagamos juntos “sínodo” y
    encomendémoslos a todos, así como a la próxima asamblea sinodal, «a la intercesión de la
    Bienaventurada Virgen María, signo de segura esperanza y de consuelo en el camino del Pueblo
    fiel de Dios» (Informe de Síntesis, Para proseguir el camino).
    OraciónDios, Padre todopoderoso,
    somos tu Iglesia peregrina
    que camina hacia el Reino de los Cielos.
    Cada uno de nosotros habita en su propia patria,
    pero como si fuéramos extranjeros.
    Toda región extranjera es nuestra patria,
    sin embargo, toda patria es para nosotros tierra extranjera.
    Vivimos aquí en la tierra,
    pero tenemos nuestra ciudadanía en el cielo.
    No permitas que nos constituyamos en amos
    de la porción del mundo
    que nos has dado como hogar temporal.
    Ayúdanos a no dejar nunca de caminar
    junto con nuestros hermanos y hermanas migrantes
    hacia la morada eterna que tú nos has preparado.
    Abre nuestros ojos y nuestro corazón
    para que cada encuentro con los necesitados
    se convierta también en un encuentro con Jesús,
    Hijo tuyo y Señor nuestro.
    Amén.

  • DIA DE LA FUNDACIÓN

    Desde su época de seminarista, el P. Noailles había concebido la idea de fundar una asociación abierta a todas las vocaciones. Empezó a realizar este deseo en la parroquia de Santa Eulalia, iniciando el Catecismo de la Perseverancia con laicos. En este rico terreno de compromiso laico, se enraizó la primera comunidad religiosa. Caroline Romain, Seconde Giraudet y Catherine Aimée Noailles se reunieron con el deseo de consagrarse por votos religiosos, vivir en comunidad y comprometerse en el servicio a los demás. Fundaron su comunidad la víspera del 27 de mayo de 1820, fiesta de la Santísima Trinidad, disponiendo solo de 80 francos para satisfacer sus necesidades básicas. Con el paso del tiempo, recibieron más miembros, se trasladaron a otros lugares y respondieron a muchas necesidades.
    El P. Noailles orientó espiritualmente a los miembros de esta primera comunidad  y redactó su Regla de Vida.  A medida que surgieron nuevas necesidades y aumentaron los ministerios, se organizaron en diferentes ramas. También se fundaron las Seculares Consagradas, los Sacerdotes y las Contemplativas.  Los Asociados Laicos, que habían estado presentes desde el principio, eran ya muy activos y fueron recibidos solemnemente en la Asociación. 
    Hay que recordar que lo que el P. Noailles quería fundar no era una congregación religiosa como tal, sino una Asociación abierta a todas las vocaciones. El Grupo Religioso Apostólico formaba parte de esa Asociación. Sin embargo, a medida que evolucionaba y se expandía numérica y geográficamente, la Asociación experimentó una tensión entre lo que pretendía el Fundador y lo que exigía la Iglesia. Hay tres momentos clave en los que esta tensión se dejó sentir con fuerza.
    España exigió que las congregaciones que trabajaban en España tenían que estar canónicamente aprobadas por Roma. Las Hermanas tuvieron que aceptarlo a pesar de que no se ajustaba del todo a la idea del P. Noailles. Sin embargo, esta aprobación hizo posible la supervivencia de la Sagrada Familia. Como consecuencia negativa, las otras vocaciones, dentro de la Familia, recibieron menos atención.
    Cuando la Iglesia llamó a los misioneros a trabajar en tierras lejanas, fueron las Religiosas quienes respondieron a esa petición. Como resultado, crecieron más rápidamente en las tierras de misión, mientras que otras vocaciones no fueron promovidas en los nuevos lugares.  No era fácil mantener la identidad de las Ramas.  Sin embargo, las diferentes vocaciones siguieron existiendo en Francia y en algunos otros países europeos, pero no recibieron la misma atención como parte de la misma Asociación.
    En 1957 se recibe una llamada de Roma para cambiar la estructura de la Congregación Religiosa dividiéndola en Provincias y Delegaciones. Una vez más, las responsables se enfrentaron, por un lado,  a la cuestión de la idea original del Fundador, por otro a las exigencias de la Iglesia. En el Capítulo General de 1957 se aceptó la nueva estructura.
    Estos tres momentos debilitaron a la Asociación como una sola Familia con cinco vocaciones diferentes. Sin embargo, los miembros se esforzaron por salvaguardar y vivir el espíritu de la Asociación.
    El momento de gracia fue el Concilio Vaticano II. que Invitó a todas las Congregaciones a volver a la inspiración fundacional original y a hacerla relevante en la actualidad. Nuestra congregación se tomó muy en serio esta invitación y trabajó duro para revivir la inspiración original, tanto en el espíritu como en las estructuras de la Asociación. Esto era importante para nosotras porque la propia estructura es parte integrante de nuestro carisma. Se hizo un gran esfuerzo para estudiar los escritos del Fundador, clasificarlos, traducirlos y presentarlos en formas fácilmente accesibles y legibles para todos. Mientras se desarrollaba este trabajo a nivel general, las distintas Provincias y Delegaciones comenzaron a promover todas las vocaciones de la Sagrada Familia. Fue un momento de búsqueda, discernimiento y esfuerzos incansables. Fue un viaje sin hoja de ruta.
    Después de tanto trabajo, volvieron a surgir dificultades. La Iglesia no tenía una estructura formal para tratar con asociaciones compuestas por diferentes vocaciones, por lo que no podía aprobar una Familia con cinco vocaciones. Se propusieron posibles alternativas. Tras otro proceso de discernimiento, la Familia optó por la estructura actual de un Instituto Religioso con dos vocaciones: Apostólicas y Contemplativas. Actualmente la Asociación cuenta también con el  Instituto Secular, los Sacerdotes Asociados y los Asociados laicos. Esta es la estructura canónica, pero en fidelidad a la intención original del Fundador vivimos como Una Familia con cinco vocaciones. Hoy el Consejo de Familia y su Comité Permanente ayudan a la Familia de Pedro Bienvenido Noailles a caminar juntos, viviendo su espíritu y su misión.
    En el Capítulo General del Instituto Religioso celebrado en 2021, nos planteamos una pregunta crucial, que mantuvimos presente a lo largo de la preparación y del propio proceso capitular.
    «¿Podemos seguir viviendo nuestro objetivo al comenzar nuestro tercer siglo?
    Creemos que sí, pero ¿cómo? En el propio Capítulo General nos hemos propuesto seis pasos audaces. Todo depende de cada uno de nosotros. ¿Estamos dispuestos a asumirlos y vivirlos con verdadero espíritu de transformación? ¿Estamos dispuestos a abandonar lo que debe abandonarse y a entregarnos desinteresadamente y sin miedo para transformarnos en algo nuevo? ¿Podemos vivir la especificidad de nuestra Vocación de Religiosas Consagradas, siendo conscientes de que somos miembros iguales de una Familia con cinco vocaciones? ¿Podemos ser conscientes de que somos Asociadas Apostólicas y Contemplativas en la Familia de Pedro Binvenido Noailles aunque nos llamemos Religiosas Consagradas según la exigencia canónica de la Iglesia?
    En el siglo XIX, el P. Noailles era considerado como un hombre que se adelantó a su tiempo y en el siglo XXI lo sigue siendo.. La Iglesia   no tiene las disposiciones del Derecho Canónico para aprobar el hermoso proyecto que concibió el P. Noailles, aunque en todas las etapas ha sido apreciado por la Iglesia.
    Winifreda Wasalathanthrige,
    Kitumba, Uganda

  • MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 61a JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

    “Llamados a sembrar la esperanza y a construir la paz”
    Queridos hermanos y hermanas:
    Cada año la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones nos invita a considerar el precioso don de la llamada que el Señor nos dirige a cada uno de nosotros, su pueblo fiel en camino, para que podamos ser partícipes de su proyecto de amor y encarnar la belleza del Evangelio en los diversos estados de vida. Escuchar la llamada divina, lejos de ser un deber impuesto desde afuera, incluso en nombre de un ideal religioso, es, en cambio, el modo más seguro que tenemos para alimentar el deseo de felicidad que llevamos dentro. Nuestra vida se realiza y llega a su plenitud cuando descubrimos quiénes somos, cuáles son nuestras cualidades, en qué ámbitos podemos hacerlas fructificar, qué camino podemos recorrer para convertirnos en signos e instrumentos de amor, de acogida, de belleza y de paz, en los contextos donde cada uno vive.
    Por eso, esta Jornada es siempre una hermosa ocasión para recordar con gratitud ante el Señor el compromiso fiel, cotidiano y a menudo escondido de aquellos que han abrazado una llamada que implica toda su vida. Pienso en las madres y en los padres que no anteponen sus propios intereses y no se dejan llevar por la corriente de un estilo superficial, sino que orientan su existencia, con amor y gratuidad, hacia el cuidado de las relaciones, abriéndose al don de la vida y poniéndose al servicio de los hijos y de su crecimiento. Pienso en los que llevan adelante su trabajo con entrega y espíritu de colaboración; en los que se comprometen, en diversos ámbitos y de distintas maneras, a construir un mundo más justo, una economía más solidaria, una política más equitativa, una sociedad más humana; en todos los hombres y las mujeres de buena voluntad que se desgastan por el bien común. Pienso en las personas consagradas, que ofrecen la propia existencia al Señor tanto en el silencio de la oración como en la acción apostólica, a veces en lugares de frontera y exclusión, sin escatimar energías, llevando adelante su carisma con creatividad y poniéndolo a disposición de aquellos que encuentran. Y pienso en quienes han acogido la llamada al sacerdocio ordenado y se dedican al anuncio del Evangelio, y ofrecen su propia vida, junto al Pan eucarístico, por los hermanos, sembrando esperanza y mostrando a todos la belleza del Reino de Dios.
    A los jóvenes, especialmente a cuantos se sienten alejados o que desconfían de la Iglesia, quisiera decirles: déjense fascinar por Jesús, plantéenle sus inquietudes fundamentales. A través de las páginas del Evangelio, déjense inquietar por su presencia que siempre nos pone beneficiosamente en crisis. Él respeta nuestra libertad, más que nadie; no se impone, sino que se propone. Denle cabida y encontrarán la felicidad en su seguimiento y, si se los pide, en la entrega total a Él.
    Un pueblo en camino
    La polifonía de los carismas y de las vocaciones, que la comunidad cristiana reconoce y acompaña, nos ayuda a comprender plenamente nuestra identidad como cristianos. Como pueblo de Dios que camina por los senderos del mundo, animados por el Espíritu Santo e insertados como piedras vivas en el Cuerpo de Cristo, cada uno de nosotros se descubre como miembro de una gran familia, hijo del Padre y hermano y hermana de sus semejantes. No somos islas encerradas en sí mismas, sino que somos partes del todo. Por eso, la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones lleva impreso el sello de la sinodalidad: muchos son los carismas y estamos llamados a escucharnos mutuamente y a caminar juntos para descubrirlos y para discernir a qué nos llama el Espíritu para el bien de todos.
    Además, en el presente momento histórico, el camino común nos conduce hacia el Año Jubilar del 2025. Caminamos como peregrinos de esperanza hacia el Año Santo para que, redescubriendo la propia vocación y poniendo en relación los diversos dones del Espíritu, seamos en el mundo portadores y testigos del anhelo de Jesús: que formemos una sola familia, unida en el amor de Dios y sólida en el vínculo de la caridad, del compartir y de la fraternidad.
    Esta Jornada está dedicada a la oración para invocar del Padre, en particular, el don de vocaciones santas para la edificación de su Reino: «Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha» (Lc 10,2). Y la oración —lo sabemos— se hace más con la escucha que con palabras dirigidas a Dios. El Señor habla a nuestro corazón y quiere encontrarlo disponible, sincero y generoso. Su Palabra se ha hecho carne en Jesucristo, que nos revela y nos comunica plenamente la voluntad del Padre. En este año 2024, dedicado precisamente a la oración en preparación al Jubileo, estamos llamados a redescubrir el don inestimable de poder dialogar con el Señor, de corazón a corazón, convirtiéndonos en peregrinos de esperanza, porque «la oración es la primera fuerza de la esperanza. Mientras tú rezas la esperanza crece y avanza. Yo diría que la oración abre la puerta a la esperanza. La esperanza está ahí, pero con mi oración le abro la puerta» (Catequesis, 20 mayo 2020).
    Peregrinos de esperanza y constructores de paz
    Pero, ¿qué significa ser peregrinos? Quien comienza una peregrinación procura ante todo tener clara la meta, que lleva siempre en el corazón y en la mente. Pero, al mismo tiempo, para alcanzar ese objetivo es necesario concentrarse en la etapa presente, y para afrontarla se necesita estar ligeros, deshacerse de cargas inútiles, llevar consigo lo esencial y luchar cada día para que el cansancio, el miedo, la incertidumbre y las tinieblas no obstaculicen el camino iniciado. De este modo, ser peregrinos significa volver a empezar cada día, recomenzar siempre, recuperar el entusiasmo y la fuerza para recorrer las diferentes etapas del itinerario que, a pesar del cansancio y las dificultades, abren siempre ante nosotros horizontes nuevos y panoramas desconocidos.
    El sentido de la peregrinación cristiana es precisamente este: nos ponemos en camino para descubrir el amor de Dios y, al mismo tiempo, para conocernos a nosotros mismos, a través de un viaje interior, siempre estimulado por la multiplicidad de las relaciones. Por lo tanto, somos peregrinos porque hemos sido llamados. Llamados a amar a Dios y a amarnos los unos a los otros. Así, nuestro caminar en esta tierra nunca se resuelve en un cansarse sin sentido o en un vagar sin rumbo; por el contrario, cada día, respondiendo a nuestra llamada, intentamos dar los pasos posibles hacia un mundo nuevo, donde se viva en paz, con justicia y amor. Somos peregrinos de esperanza porque tendemos hacia un futuro mejor y nos comprometemos en construirlo a lo largo del camino.
    Este es, en definitiva, el propósito de toda vocación: llegar a ser hombres y mujeres de esperanza. Como individuos y como comunidad, en la variedad de los carismas y de los ministerios, todos estamos llamados a “darle cuerpo y corazón” a la esperanza del Evangelio en un mundo marcado por desafíos epocales: el avance amenazador de una tercera guerra mundial a pedazos; las multitudes de migrantes que huyen de sus tierras en busca de un futuro mejor; el aumento constante del número de pobres; el peligro de comprometer de modo irreversible la salud de nuestro planeta. Y a todo eso se agregan las dificultades que encontramos cotidianamente y que, a veces, amenazan con dejarnos en la resignación o el abatimiento.
    En nuestro tiempo es, pues, decisivo que nosotros los cristianos cultivemos una mirada llena de esperanza, para poder trabajar de manera fructífera, respondiendo a la vocación que nos ha sido confiada, al servicio del Reino de Dios, Reino de amor, de justicia y de paz. Esta esperanza —nos asegura san Pablo— «no quedará defraudada» (Rm 5,5), porque se trata de la promesa que el Señor Jesús nos ha hecho de permanecer siempre con nosotros y de involucrarnos en la obra de redención que Él quiere realizar en el corazón de cada persona y en el “corazón” de la creación.
    Dicha esperanza encuentra su centro propulsor en la Resurrección de Cristo, que «entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276). Incluso el apóstol Pablo afirma que «en esperanza» nosotros «estamos salvados» (Rm 8,24). La redención realizada en la Pascua da esperanza, una esperanza cierta, segura, con la que podemos afrontar los desafíos del presente.
    Ser peregrinos de esperanza y constructores de paz significa, entonces, fundar la propia existencia en la roca de la resurrección de Cristo, sabiendo que cada compromiso contraído, en la vocación que hemos abrazado y llevamos adelante, no cae en saco roto. A pesar de los fracasos y los contratiempos, el bien que sembramos crece de manera silenciosa y nada puede separarnos de la meta conclusiva, que es el encuentro con Cristo y la alegría de vivir en fraternidad entre nosotros por toda la eternidad. Esta llamada final debemos anticiparla cada día, pues la relación de amor con Dios y con los hermanos y hermanas comienza a realizar desde ahora el proyecto de Dios, el sueño de la unidad, de la paz y de la fraternidad. ¡Que nadie se sienta excluido de esta llamada! Cada uno de nosotros, dentro de las propias posibilidades, en el específico estado de vida puede ser, con la ayuda del Espíritu Santo, sembrador de esperanza y de paz.
    La valentía de involucrarse
    Por todo esto les digo una vez más, como durante la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa: “Rise up! – ¡Levántense!”. Despertémonos del sueño, salgamos de la indiferencia, abramos las rejas de la prisión en la que tantas veces nos encerramos, para que cada uno de nosotros pueda descubrir la propia vocación en la Iglesia y en el mundo y se convierta en peregrino de esperanza y artífice de paz. Apasionémonos por la vida y comprometámonos en el cuidado amoroso de aquellos que están a nuestro lado y del ambiente donde vivimos. Se los repito: ¡tengan la valentía de involucrarse! Don Oreste Benzi, un infatigable apóstol de la caridad, siempre en favor de los últimos y de los indefensos, solía repetir que no hay nadie tan pobre que no tenga nada que dar, ni hay nadie tan rico que no tenga necesidad de algo que recibir.
    Levantémonos, por tanto, y pongámonos en camino como peregrinos de esperanza, para que, como hizo María con santa Isabel, también nosotros llevemos anuncios de alegría, generaremos vida nueva y seamos artesanos de fraternidad y de paz.
    Roma, San Juan de Letrán, 21 de abril de 2024, IV Domingo de Pascua.
     

  • La supervivencia de vivir…

    Pascal DJEUMEGUED – sacerdote asociado de Camerún, actualmente estudiando en Canadá.
    En los últimos días, he recibido muchas imágenes y un vídeo de la gente de Mora, Kourgui y Amchidé, donde trabajé como pastor. Me he mantenido en contacto con aquellos que tienen acceso a un teléfono Android para intercambiar información a través de WhatsApp. Las imágenes dan testimonio de la escasez de agua durante esta estación seca. Esta situación es cíclica y se repite cada año. Las condiciones a las que se enfrentan son extremadamente difíciles. Esta situación nos lleva a reflexionar sobre las consecuencias climáticas del Antropoceno. También fue una oportunidad para rezar por nuestro gobierno, pidiendo mayor justicia social y respeto por la dignidad humana.
    Comparto esta información con ustedes para que recen por nuestro país, que está al borde de la implosión, y por estas personas.
                       
     

  • Mensaje de Pascua – Ana María Alcalde, Superiora General

    Queridos todos,
    ¡Es Pascua! Jesús Resucitado está en medio de nosotros y nos dice: “Paz a vosotros… no temáis”.
    Más allá, o mejor, a través de todo lo que estamos viviendo actualmente como humanidad, el Resucitado es el fiador de que la vida siempre renace del amor entregado y permanece por siempre. La muerte no la puede detener.
    Solamente con ojos de Pascua alcanzaremos a ver la vida siempre renaciendo y como el discípulo, “ver y creer” que la vida se cuela por las rendijas de la fragilidad, del sufrimiento, del grito… de la solidaridad, de la compasión, de la reconciliación, de la inquebrantable esperanza…
    Jesús Resucitado vivo y viviente, todo lo abraza y reconcilia, derramando paz y nueva esperanza en y a través de insospechadas maneras de hacerse presente en cada persona en y todas las dimensiones de la realidad, invitándonos a nuevos comienzos. Nada puede detener la Vida y la fuerza del Amor que fluyen de las llagas luminosas del Crucificado-Resucitado.
    Esta es la razón de nuestra esperanza en un “cielo nuevo y una tierra nueva” (Ap. 21, 1-5) que vamos construyendo juntos, como colaboradores del Proyecto de Dios.
    Que la paz y la alegría de la Resurrección esté en cada uno de nosotros.
    ¡FELIZ PASCUA!

  • De la muerte a una Nueva Vida

    El paso entre la muerte y la nueva vida o resurrección necesita muy poco espacio.
    De semilla a planta…
    de oruga a mariposa …
    Del feto al ser humano …
    Del humanocentrismo al ecocentrismo …
    Del egoísmo a la conciencia planetaria… 
    De Jesús de Nazaret al Cristo Universal …
    Pero es un proceso por el cual el Universo se hizo más consciente con la aparición de la especie humana.  Este pequeño espacio es determinado por el contexto y el ser con el que se alimenta.
    El contexto de Jesús era el mismo que el de todos los demás judíos de su tiempo, pero su interpretación de las escrituras era diferente de la de los escribas y maestros de la ley. Las mentes estructuradas o cerradas no podían entender su mensaje de liberación o libertad desde dentro. Tocó la esencia misma de todo ser, las bendiciones originales, la bondad, el Amor, el yo divino en lo más profundo de su ser. Habló con fuerza y de todas las formas que pudo, de su experiencia interior de Dios, y dio testimonio de ello a través de su propia vida.
    “De la carne nace carne, del Espíritu nace espíritu. No te extrañes si te he dicho que hay que nacer de nuevo. El viento sopla hacia dónde quiere, oyes su rumor, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así sucede con el que nace del Espíritu.” (Jn 3,6-8)
    La elección consciente y libre de Jesús permitió que lo mataran, comunicando el mensaje del Espíritu que se cernía sobre el inicio mismo del Universo, como nos cuenta el primer relato del Génesis. Habiendo comprendido la coexistencia de la oscuridad y de la luz, su invitación era a vivir en la luz, donde uno puede verse a sí mismo como realmente es, no como otros lo dicen o como un falso yo lo representa. Es ahí donde se produce la transformación interior y los cambios exteriores.
    Como dice el célebre teólogo Karl Rahner: «La Pascua no trata sólo de la resurrección de un individuo, sino de toda la creación». La Pascua no sólo es significativa para nosotros, los seres humanos. La Pascua, por nuestra propia participación, se convierte en una realidad cotidiana para el planeta tierra.
    Hoy en día, en medio de las guerras, la destrucción de la casa común, la violencia, el consumismo y otras manifestaciones de ruptura, nosotros, los seres conscientes, intentamos traer armonía, amor, generosidad, paz y creatividad para una vida mejor. El espacio entre la muerte y la nueva vida exige perseverancia, libertad interior y contacto con la originalidad de la naturaleza humana.
    ¡Que nuestra celebración de la Pascua nos anime a cada uno de nosotros personalmente y a todos los seres colectivamente, a compartir nuestra naturaleza común para la vida!
    Jesmin FERNANDO
    Consejera General

  • «Tu Palabra es luz para mis pasos»

    Este año, 2024, ha sido declarado por el Papa Francisco año de la oración. La oración es el centro de nuestra vida cristiana. La oración también nos ayuda a conectarnos con el mundo entero, que atraviesa tremendas dificultades a causa de la guerra, la pobreza y la miseria.
    También nuestro Fundador quiso que la oración fuera la piedra angular de nuestra vida como Hermanas de la Sagrada Familia. Cumpliendo los deseos del Papa, todas nos unimos a este año de oración, junto con los laicos comprometidos en diferentes grupos.
    La Biblia es el centro de nuestra fe cristiana; por lo tanto los laicos, incluidos los jóvenes.nos esforzamos para que la Semana de la Biblia sea significativa.
    A continuación se describe cómo se celebró la Semana en la parroquia y en el colegio.
    El 28 de enero de 2024 se celebró la Semana de la Biblia en el Convento de San José, Kohat, con los niños cristianos de la escuela y la parroquia. Fue un gran acontecimiento, que requirió nuestros esfuerzos para inculcar en los niños el amor a  la Biblia. Todos apreciaron mucho el significado profundo de la palabra de Dios y su aplicación en la vida. La Biblia no es un libro cualquiera como los libros de texto, es una fuente de vida para todos.
    Los niños estaban bien preparados con instrucciones claras sobre la  Palabra de Dios. La sala donde tuvo lugar el acto estaba muy bien decorada de forma hermosa y significativa con lámparas encendidas, indicando que la Palabra de Dios es luz para el camino de nuestra vida. Cada niño llevaba una biblia con una lámpara encendida. Entraron solemnemente en la sala solemnemente, cantando el himno en urdu «Tu palabra es una luz para mi camino».
    La ceremonia comenzó con el encendido de la lámpara por la hermana Angelina, directora de la escuela. También dio una charla muy significativa y eficaz sobre la Palabra de Dios. Explicó las tres palabras importantes: fe, servicio y testimonio, porque son los valores fundamentales de nuestra vida cristiana:
    Fe: La fe es el fundamento de nuestra vida cristiana. Es confianza y fe en el único Dios, en su amado Hijo Jesús y en el Espíritu Santo. A través de la lectura de la Palabra de Dios, sabemos que Dios nos ama y tiene un plan para nosotros. Durante este año, se nos anima a profundizar  nuestra fe a través de la oración, la lectura de la Biblia, el rosario, la Misa dominical y los sacramentos.
    Servicio: Somos seguidores de Jesús. Toda la vida de Jesús fue para los demás hasta el último aliento.  El servicio es nuestra fe en acción, especialmente a través de nuestras buenas obras, sentimientos y relaciones humanas. Este aspecto está abierto también para las demás actividades de la iglesia. Vosotros, niños, ponedlo en práctica; ya participáis en el servicio como monaguillos, como  niños de la Sagrada Familia, como  grupo del Rosario de la Sagrada Familia, del coro de la iglesia y de las clases de catecismo. Hacedlo lo mejor que podáis con toda vuestra capacidad.
    Testimonio:  es lo que creemos, y se convierte en evidencia de fe a través de palabras, hechos y acciones. Éstas atraerán definitivamente a otros a confiar en Jesús y en sus enseñanzas. Durante el año de oración, ayudémonos a ser testigos de la fe viviendo como Cristo y compartiendo vuestra fe con los demás».
    También subrayó la necesidad de familiarizarnos con la Palabra de Dios para que nuestras vidas se transformen. Dado que estamos rodeados por una mayoría de musulmanes, nuestras vidas tienen que hablar profundamente de la Palabra de Dios. Debemos «predicar con el ejemplo».
    Al final de su discurso, los niños representaron un hermoso retablo sobre la Palabra de Dios.
    Este año también hemos organizado diferentes actividades con todas las clases para fortalecer la fe de nuestros hijos, ya que nos enfrentamos a muchos retos como cristianos. Creo que es nuestro deber más íntimo esforzarnos por ser signo y fermento a través de nuestra presencia para difundir la Palabra de Dios dondequiera que estemos.    
    Hermana Angelina Sohan
    Pakistán
                   

  • Algo único y especial…

    Todo el mundo tiene algo especial en su vida personal o familiar que aprecia y comparte con los demás.
    Como Gran Familia de PBN, tenemos algo único y especial que apreciar y cuidar de generación en generación. Jesús nos bendijo. ¡Qué privilegio! Somos un pueblo bendecido.
    Dios, caminó con el pueblo de Israel, lo protegió y lo guio enviando a los profetas. Contemplando la historia de nuestra Sagrada Familia, vemos cómo Dios guio a nuestro Fundador y a las Primeras Madres a través de sus luchas. El 3 de febrero de 1822 es un día especial y lleno de gracia parapara todos nosotros: Jesús se apareció y bendijo a nuestra Familia reunida para recibir la bendición.
    Nuestro Fundador tuvo que atender otras necesidades, y envió a uno de sus compañeros sacerdotes, el P. Delort, a exponer el Santísimo Sacramento en su nombre. El sacerdote, el monaguillo y las Hermanas fueron testigos de la aparición de Jesús en la custodia como un joven de rostro radiante que se inclinaba graciosamente bendiciendo la Familia naciente asegurándonos, de alguna manera, con este gesto, que Él siempre está con nosotros. Hoy, tenemos la gracia de vivir en esta Familia y experimentar las bendiciones del Señor en nuestras vidas personales y en la Familia que él fundó.
    Cada año, cuando celebramos nuestro Triduo (del 1 al 3 de febrero), recordamos tres aspectos importantes de nuestras vidas: la presencia de Jesús, sus bendiciones y sus palabras. La Bendición Milagrosa no es una historia exagerada, sino una experiencia real que llena de alegría a nuestra Gran Familia y a los que nos rodean
    Sor Marie Louis Françoise Peychaud, que no vio la aparición, sino que tenía los ojos cerrados en profunda oración, oyó estas palabras, que aún resuenan en nuestros corazones cuando celebramos la Bendición Milagrosa en nuestra época.
     
    “Yo soy el que soy
    Y no hay otro
    Los honores y la estima de las criaturas
    no son más que humo,
    y Yo soy el que soy,
    su amistad es como polvo,
    y Yo soy el que soy.
    Las riquezas los placeres
    no son más que barro
    y yo soy el que soy
    y no hay otro.”
    Dios es más grande que el poder, la fama, la riqueza… Él nos repite hoy: ‘Yo soy el que es, y no hay otro’. La Bendición Milagrosa transmite esperanza a nuestro mundo desesperanzado. Que las bendiciones de Jesús desborden como un río en las vidas de aquellos que sufren física, mental y espiritualmente cada día.
    GLORIA A SOLO DIOS!!!
    Mercy Rani Jebamalai
    Casa Generalicia, Roma
     

  • La fiesta de la Epifanía

    La palabra Epifanía significa «manifestación». Jesús, nació en el pesebre de Belén, se reveló a los pastores por medio de los ángeles y a los Magos que vinieron de Oriente para adorarlo y ofrecerle sus dones. La fiesta de la Epifanía nos habla del deseo de Dios de manifestarse a quienes lo buscan.
    ¿Qué significa para nosotros esta fiesta, la Epifanía?
    Los tres astrólogos, o los tres reyes, que descubrieron que algo diferente ocurría en el cielo, se atrevieron a seguir las estrellas, incluso estaban dispuestos a viajar a lugares desconocidos. Su viaje no fue fácil, pero su sed continua, su búsqueda decidida, los llevaron a su destino. Estos reyes representan a todos los pueblos de la tierra, y representan también nuestra búsqueda de Jesús.
    Esta fiesta no es sólo para los que buscan continuamente la presencia del Señor, sino también para aquellos que se esfuerzan y buscan al Señor en la vida diaria y en diversas circunstancias – cada uno de nosotros en las diferentes etapas de nuestro camino de fe. El Espíritu inspira y acompaña nuestro camino , conduciéndonos hacia Dios, el objetivo último de  nuestra búsqueda.
    El tema de nuestro 20º Capítulo General resuena en nuestros corazones: «¿Podemos seguir viviendo nuestra razón de ser al comenzar nuestro tercer siglo?».  Nos invita a reflexionar sobre la palabra de Dios: «Pasemos a la otra orilla» (Mc 4,35-41). Está relacionado con la fiesta de hoy y nos recuerda nuestra búsqueda y nuestro objetivo: vivir en esta Gran Familia «para reunir en una sola familia” a los hijos de Dios dispersos.
    Feliz fiesta
     
     
    Mercy Rani Jebamalai
    Casa Generalicia, Roma