Autor: AdminWp

  • MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2025

    “Caminemos juntos en la esperanza”
    Queridos hermanos y hermanas: Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3) [1].
    En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.
    Antes que nada, caminar. El lema del Jubileo, “Peregrinos de esperanza”, evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. No podemos recordar el éxodo bíblico sin pensar en tantos hermanos y hermanas que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos. Surge aquí una primera llamada a la conversión, porque todos somos peregrinos en la vida. Cada uno puede preguntarse: ¿cómo me dejo interpelar por esta condición? ¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort? ¿Busco caminos de liberación de las situaciones de pecado y falta de dignidad? Sería un buen ejercicio cuaresmal confrontarse con la realidad concreta de algún inmigrante o peregrino, dejando que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre. Este es un buen “examen” para el viandante.
    En segundo lugar, hagamos este viaje juntos. La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales [2]. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos [3]. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.
    En esta cuaresma, Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades. Preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos [4]. Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad.
    En tercer lugar, recorramos este camino juntos en la esperanza de una promesa. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), mensaje central del Jubileo [5], sea para nosotros el horizonte del camino cuaresmal hacia la victoria pascual. Como nos enseñó el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39)» [6]. Jesús, nuestro amor y nuestra esperanza, ha resucitado [7], y vive y reina glorioso. La muerte ha sido transformada en victoria y en esto radica la fe y la esperanza de los cristianos, en la resurrección de Cristo.
    Esta es, por tanto, la tercera llamada a la conversión: la de la esperanza, la de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna. Debemos preguntarnos: ¿poseo la convicción de que Dios perdona mis pecados, o me comporto como si pudiera salvarme solo? ¿Anhelo la salvación e invoco la ayuda de Dios para recibirla? ¿Vivo concretamente la esperanza que me ayuda a leer los acontecimientos de la historia y me impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás?  
    Hermanas y hermanos, gracias al amor de Dios en Jesucristo estamos protegidos por la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme [8]. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» ( 1 Tm 2,4) y espera estar un día en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. Así se expresaba santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo» ( Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3) [9].
    Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, interceda por nosotros y nos acompañe en el camino cuaresmal.
    Roma, San Juan de Letrán, 6 de febrero de 2025, memoria de los santos Pablo Miki y compañeros, mártires.

  • Una bendición extraordinaria para la Familia de PBN

    Bendecir es poner un poco de ti mismo en algo. Es santificar, cambiar algo o a alguien por tu presencia.  (Macrina Wiederkehr)
    El mes de febrero es siempre especial y memorable, a la espera de un acontecimiento tan cercano a la Familia PBN que se conmemora anualmente. Se trata del recuerdo de la Bendición Milagrosa – una bendición extraordinaria – que atestiguó la autenticidad de la Fundación de la Sagrada Familia de Burdeos. En esta ocasión tan especial, merece la pena recordar el acontecimiento del 3 de febrero de 1822, y examinar profunda e intensamente lo que entendemos por bendición.
    Todo lo que contribuye al bien o a la bondad de nuestras vidas es una bendición. Bendecir es llevar el toque de Dios, el toque del amor y la bondad, la curación y el perdón a los demás, tanto con nuestra presencia como con nuestras acciones genuinas. Las bendiciones son saludos, recordatorios y garantías de Dios, que dicen: «Me importas».
    Las bendiciones no siempre son inmediatas, o en el acto – sólo para hacernos «sentir bien». A veces vienen disfrazadas – en el dolor, la lucha y las dificultades de la parte no deseada o inaceptable de nuestras vidas. En las Escrituras, las bendiciones se daban con diversos fines: cuando se invocaban, la misericordia, la protección y el cuidado divinos; cuando se rezaba por alguien; cuando se pedía el favor de otra persona; cuando se bendecía para conceder felicidad y plenitud; para guardar y preservar; para mantener a salvo, y para aprobar y animar a otra persona. Siempre que Dios bendice, surge una vida desbordante y una bonanza en abundancia. Dios bendijo a Abraham y le prometió con una bendición sin fin que tendría una descendencia numerosa, símbolo de la abundancia de una nueva vida.
    En la vida de Jesús, aunque Él concedió y ofreció bendiciones, Jesús mismo se convirtió en LA BENDICIÓN. Su presencia, su fuerza, su curación, su valor, su vitalidad y su bondad engendran vida, de modo que su bendición es transformadora y tiene el poder de cambiar, de inspirar novedad. Pongámonos en contacto con nuestras experiencias espirituales personales, recordando las bendiciones derramadas sobre nosotros hoy y a lo largo de nuestra vida, bendiciones que nos han impactado y nos han urgido e impulsado a dar gracias.
    Cada bendición de cada momento agradable es un regalo de Dios. Dios nos permite mirar a ambos lados y ver sus poderosas y bondadosas manos actuando en nuestras vidas. Podemos deleitarnos en los momentos felices, pero también darnos cuenta al mismo tiempo de las instancias en las que fuimos liberados del temor de encontrarnos con circunstancias difíciles, porque a menudo encontramos el poder de Dios entretejido en esos momentos de maneras maravillosas. Hace 202 años, el Señor en la Eucaristía concedió a nuestro Fundador y a las Primeras Madres una bendición muy especial y significativa: ¡la bendición de la fundación de la Sagrada Familia como signo de su aprobación para seguir adelante!
    En este gran acontecimiento, Dios se acercó mucho a nosotros, y se presentó como el «Jesús de la Sagrada Familia», y sus bendiciones se convirtieron en nuestra fuente de fuerza, vitalidad y coraje para que sigamos adelante con esperanza.
    Al reflexionar sobre la Bendición, la gratitud es el primer sentimiento que brota del corazón. Esta actitud de reconocimiento es necesaria para valorar las grandes obras que Dios ha realizado en y a través de nuestro Venerable Fundador. Estos dos siglos de nuestra existencia se han transformado en una gran historia de esfuerzo y perseverancia para «Ser y Construir Familia en Comunión» en el espíritu de Sólo Dios, reavivando la llama de los Primeros Cristianos, que estaba cerca del corazón de nuestro Fundador tras las huellas de Jesús, María y José. Cuando reflexionamos sobre la vida de nuestro querido Fundador Pierre Bienvenu Noailles, captamos el profundo amor que sentía por Jesús Eucaristía y de ahí recibía fuerza, valor, luz y poder para vivir para Sólo Dios. Me conmovieron mucho sus palabras a las Hermanas después de la Bendición Milagrosa:
    «Nos bendijo…. Nos mostró su corazón. Nunca olvidéis que Jesús os mostró su corazón para que acudierais a Él en todas vuestras dificultades, tentaciones y momentos de desánimo. Sólo Él es el verdadero consolador; sólo Él es el consejero más seguro, la fuente de todo bien.» (PBN)
    Nuestro Fundador tenía una gran convicción y esperanza en el futuro de la Fundación de la Sagrada Familia. La misma esperanza continúa hoy en nuestro camino – como lo estamos en nuestro camino capitular – re-imaginando y reestructurando nuestra vida y misión con la Iglesia Sinodal con la llamada urgente a la transformación para abrir el camino a una renovación total desde dentro. Caminemos con la Iglesia dando gracias a Dios por el año jubilar 2025. Jubileo que nos llega como una invitación especial a profundizar nuestro amor a Jesús y a ensanchar nuestras mentes y corazones que incluirán conscientemente a todos aquellos a quienes Jesús más amó, sin discriminación alguna, celebrando la diversidad que está presente entre nosotros y la riqueza de nuestra interculturalidad, que es una bendición más allá de las palabras.
    Este año jubilar es tiempo de reconciliación y de redimir la vida perdida. Reflexionemos en nuestras comunidades sobre el tema: «Jubileo: peregrinos de esperanza». Vivimos en un mundo en rápido desarrollo en el que las relaciones se rompen, la esperanza se pierde y los valores se erosionan. La esperanza, el amor y la fe se entrelazan en nuestra peregrinación espiritual. Difundamos la Esperanza como difundimos el amor a nuestro alrededor, porque la Esperanza es un valor y una actitud fuertes e indispensables que nos ayudan a promover la justicia, a vivir en paz y a estar del lado de los pobres, demostrando que nuestra «Opción por los Pobres está en el corazón de nuestras Opciones Apostólicas», como dicen nuestras Constituciones. Para vivir y experimentar este precioso don de la esperanza, emprendamos un camino lleno de sentido que dinamice nuestra vida y misión para que sea posible «cruzar a la otra orilla». Tengamos esperanza. ¡Es hora de convertirnos en bendición y esperanza para nuestros pueblos!
    Hna. Jeya Mary Arockiam
    Responsable de Unidad, India

  • Nueva vida, nueva esperanza…

    Una vez más podemos celebramos el año nuevo. Este es un momento propicio para mirar atrás, descubrir cómo ha sido nuestro caminar junto a Dios y a nuestros hermanos, seguramente seguiremos con asuntos pendientes, acciones planificadas, pero no abordadas, sanos propósitos que no hemos cumplido, experiencias marcadas por el dolor y la perdida. También situaciones gozosas que nos han llenado el corazón y que nos descubren cada día la permanente presencia de Dios en nuestras vidas. Pero también es tiempo de mirar hacia el futuro de seguir soñando, y ponernos en las manos de Dios, Padre amoroso, para seguir apostando por la vida, para seguir profundizando en los valores de nuestro Carisma, como familia de Pedro Bienvenido Noailles, que nos hace enfrentarnos al mañana siempre esperanzados en seguir construyendo comunidades, en las que se viva el mismo espíritu de la Familia de Nazaret buscar a Solo Dios en todas las cosas.
    Pero este año que comenzamos es especial, y siguiendo una antigua tradición de la Iglesia, el Papa Francisco nos invita a celebra el Jubileo 2025 que renueva la tradición del pueblo judío y que se recoge el  libro del Levítico (25:10-13),  por la que cada 50 años, hoy cada 25 años, el pueblo de Israel debía celebrar un año de Jubileo, durante el cual se proclamaba la libertad de los esclavos, se devolvían las tierras a sus propietarios originales y se perdonaban las deudas. Este año estaba destinado a restablecer la justicia social y permitir  a la comunidad comenzar un camino nuevo.
    En nuestro presente, se trata desvestirnos de todo lo que no nos deja avanzar y recordar la misión que citando al profeta Isaías, el evangelio según san Lucas describe: «El Espíritu del Señor está sobre mí; porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18‑19; cfr. Is 61,1‑2). Estas palabras de Jesús se convirtieron también en acciones de liberación y de conversión en sus encuentros y relaciones cotidianas a las que se nos invita todos a vivir hoy.
    Una mirada a nuestro mundo nos permite trazar un escenario de dolor y de  necesidad de dar sentido a la vida, hay muchas grandes preguntas que necesitan una respuesta, el hambre, las guerras “sin sentido”, los desplazados, emigrantes, refugiados,  la violencia contra la mujer, la explotación infantil, el mundo detrás de las rejas,  un sinfín de situación que están cargadas de dolor y de vacío, pero que  también son una oportunidad de redención, liberación y conversión siempre que vivamos a la luz del Evangelio.
    Vivamos pues este Espíritu, caminemos desde la maravillosa experiencia de   reconciliación y la conversión, renovemos nuestra fe y acerquémonos de nuevo más al Dios de la vida. Y como familia adentrémonos en esta experiencia Jubilar centrados en la esencia de nuestro carisma, caminando desde nuestra diversidad y complementariedad, abiertos a dar respuesta a los retos de nuestro mundo hoy.
    Feliz año nuevo 2025
    Feliz año Jubilar
    Luis Jesús García-Lomas
    Asociado laico, España

  • Fiesta de la Sagrada Familia…

    Este tiempo de Navidad es particularmente precioso para nuestra Familia; nos regocijamos celebrando nuestra Fuente de inspiración y guía.
    En uno de sus sermones de Navidad, el Fundador nos dice: «Acercaos al Niño en el Pesebre, allí encontraréis vuestro modelo». Sabemos que la forma de contemplar a la Sagrada Familia que él nos propone no es sólo dejarnos conmover por las bellas imágenes del Pesebre, sino acompañar a la Sagrada Familia a lo largo de su itinerario vital, en Belén, Egipto, Nazaret y Jerusalén, e intentar modelar nuestra vida según su modelo. 
    Para los miembros de la Familia PBN, contemplar a la Sagrada Familia es penetrar en su corazón, en sus pensamientos, intentar ver el mundo, la vida, a través de sus ojos.
    Por eso, cuando celebramos la fiesta de la Sagrada Familia el último domingo de 2024, recordamos el camino recorrido durante el año pasado. Inmediatamente nos vienen a la mente los acontecimientos dolorosos, como las guerras, las catástrofes naturales, la violencia contra la Vida, las decisiones equivocadas, los objetivos no alcanzados, etc. También ha habido acontecimientos positivos y alegres: gestos de solidaridad, resistencia, resiliencia, superación, encuentros, nuevos pasos grandes y pequeños, etc.
    Dediquemos unos minutos a visitar a la Sagrada Familia y hablar con ellos de nuestra vida durante este año: ¿Cómo he vivido todo esto? ¿Qué actitudes y valores de la Sagrada Familia me han guiado durante este año?  Ante diferentes acontecimientos, alegres o tristes, ¿cómo reconozco la identidad de la Sagrada Familia en mis actitudes, así como en las respuestas de mi grupo o comunidad?
    «Oh Jesús, María y José, que nos habéis admitido en la Sagrada Familia y que deseáis que os imitemos, inundad nuestros corazones de amor y celo por la salvación de las almas y de caridad para amar a nuestros hermanos que sufren, pero, sobre todo, para amaros siempre» (Guía espiritual. 173).
    Hna Geni Dos Santos Camargo
    Consejera General, Roma

  • La alegría de celebrar la Navidad

    “El Verbo se hizo carne Y habitó entre nosotros” Jn. 1, 14.
    Navidad: “Es el día en que Jesús, María y José se encuentran en la tierra” PBN
    Navidad: Etimológicamente viene del latín Nativitas significa nacimiento. ¿Qué implica un nacimiento? Muchos movimientos externos e internos, antes y después en el entorno de este gran acontecimiento de la vida. Los creyentes cristianos conmemoramos el nacimiento de Jesucristo, cada año entorno a esta hermosa
    fecha. Todos volvemos a ilusionarnos, prepararnos para celebrar este hermoso suceso. Superando nuestras dificultades como las consecuencias de las guerras; así mismo “la Madre Tierra parece reclamar más cuidado con ella”, últimamente vemos lluvias e inundaciones en diferentes partes del mundo, por otro lado hay sequías extremas, incendios muriendo la vida, en lo posible seamos solidarias/os con las víctimas de estas situaciones ayudándolas, así también estamos viviendo la Navidad del Redentor.
    Dios Hijo llegó al mundo en la familia de María y José de Nazaret, según lo habían anunciado los profetas.  Dios  niño  viene  contra  toda  lógica
    humana, elije nacer en un lugar inadecuado, se hizo pobre… los que lo acogen con inmenso cariño e ilusión son María y José, destacando así la importancia, fortaleciendo la unidad y el rol de la familia para toda persona al inicio de la vida. La mayoría de la humanidad no lo esperaba, distraídos en sus propios intereses… ¿El contexto que había cuando nació Jesucristo ha cambiado hoy? Diría que no, las personas seguimos distraídas, individualistas, excluyentes, discriminando… buscando más las riquezas, poderes y placeres terrenales, indiferentes ante las necesidades de los/as demás. Un nacimiento implica compromiso responsable con el cuidado a la vida misma.
    “El Hijo de Dios vino a la tierra para formar una Familia Santa y quiso que los tres primeros miembros de esta familia sirviesen de modelo a aquellos que iban a pertenecer a ella. El mismo la constituyó en modelo de todos los cristianos cualquiera que fuese su condición “ G. E. # 38
    El Buen Padre nos hace una grandiosa invitación: “Acérquense hermanos/as, al Niño en el pesebre, allí encontramos nuestro modelo. Vengan los dichosos del mundo… Acérquense a la cuna ¿Qué ven en ella? A Jesucristo, la felicidad misma, haciendo suyos los sufrimientos del mundo; la grandeza misma hecho niño; que todo lo posee, pobre… allí está el camino a la salvación. G. E. # 86

    Acudamos con alegría, compromiso y gratitud a contemplar la Palabra de Dios hecha Hombre, vida misma, hecho niño frágil, vulnerable; lleno de paz, esperanza, ternura, luz que ilumina nuestra vida,… juntas/os podamos proclamar con mucha energía, unidas/os como una gran familia: ¡Gloria a SOLO Dios! renovados/as podamos desearnos de corazón que Dios Niño siga naciendo todos los días. ¡FELIZ NAVIDAD FAMILIA! .
    Hna Rubeni Pejerrey Campodónico
    Perú

  • Mensaje de Navidad – Hermana Ana María Alcalde, Superiora General

    La contemplación del MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN revela el sueño de Dios de encontrarse con todas sus criaturas.
    En Jesús, puso su morada en medio de nosotros y asumió nuestra condición humana como “uno de tantos”.
    A los ojos de la fe todos los signos son elocuentes: el pesebre, los pañales, la estrella, la gente sencilla que se acerca…
    Vayamos a Belén y con María, José, los pastores…  cautivados por este Niño frágil, contemplemos y adoremos en silencio.
    Que su Presencia reavive nuestro compromiso con su Proyecto de PAZ y COMUNION.
    Os deseo una NAVIDAD plena de Esperanza y un FELIZ AÑO 2025.
    ¡FELIZ DIA DE LA SAGRADA FAMILIA!

  • 18 de diciembre…

    La Constitución como camino hacia el futuro: ‘El camino no está ahí, hay que andarlo’
    El 18 de diciembre es un día especial para las Hermanas Apostólicas y Contemplativas de la Sagrada Familia de Burdeos. Ese día conmemoramos la aprobación de nuestras Constituciones por la Santa Sede.  Fue en 1851 cuando el Fundador redactó su última Regla General. Las Constituciones fueron aprobadas por primera vez el 18 de diciembre de 1903, revisadas y reformuladas en el Capítulo General de 1987 y aprobadas por la Santa Sede el 18 de diciembre de 1988. Las Constituciones no son sólo una guía para ser testigos en el contexto actual y seguir las huellas de la Sagrada Familia de Nazaret y de los primeros cristianos, sino también un prototipo del sueño y deseo del Fundador para todas sus hijas e hijos: caminar juntos como UNA familia con cinco vocaciones. 
    Una relectura de las Constituciones revela no sólo una serie de cánones, sino más bien cómo el Fundador re-conceptualizó un camino sinodal hace varios siglos, un itinerario en el que se camina juntos en la fe, escuchándose unos a otros y discerniendo la voluntad de Dios en un contexto particular.  Las Constituciones pintan el cuadro de una experiencia compartida de Dios: aunque proceden del pasado, preparan el camino para el viaje futuro hacia el descubrimiento del «Dios Otro» entre «los Otros». La experiencia compartida de Dios crea un sentimiento de pertenencia, uniendo a los miembros de todo el mundo sin tener en cuenta las diferencias y respetando la heterogeneidad cultural.  Esta ha sido la llamada de la Iglesia que ha elegido el camino sinodal. 
    Hoy, el Papa Francisco, al tiempo que enfatiza uno de los aspectos más importantes del Concilio Vaticano II, ha fijado el siguiente objetivo para toda la Iglesia, un camino sinodal para sí misma y su misión en el mundo contemporáneo.  Pide que se vuelva al modelo del «Pueblo de Dios» caminando juntos, con un nuevo modelo de gobierno, que comprometa al Pueblo de Dios en la escucha, el discernimiento y la participación en la toma de decisiones. El camino sinodal es continuo. Por una Iglesia sinodal: Comunión, participación y misión’ es el título de un camino iniciado en octubre de 2021.  Por tanto, este «camino sinodal» significa el discernimiento de la voluntad de Dios como comunidad cristiana.  Francisco afirma: «El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia para el tercer milenio1».  La dimensión misionera de la sinodalidad aparece de manera especial en la encíclica de Francisco, Fratelli Tutti (2021), en la que hace un llamamiento a la fraternidad universal; una Iglesia sinodal es «una Iglesia a la escucha», y toda praxis sinodal comienza por escuchar a la gente con el fin de formar un pueblo, una comunidad fraterna y misionera al servicio del bien común y del cuidado de la casa común.
    Por el Bautismo, estamos llamadas a participar plenamente en la vida y misión de la Iglesia.  Nosotras, como mujeres consagradas, nos hemos comprometido libremente a entregarnos totalmente a Dios y al pueblo de Dios; a seguir a Cristo y compartir su misión de salvación, instaurando el reino de Dios. Leer y discernir los «signos de los tiempos», como hizo nuestro Fundador escuchando a la gente que luchaba por la vida, exige encontrar la vocación dentro de la vocación.  Como vivimos en un mundo desgarrado por divisiones económicas, étnicas, religiosas, sociales y culturales, nosotras, miembros de la Sagrada Familia, estamos invitadas a construir la comunión allí donde nos encontremos y en todo lo que hagamos, ya que todos formamos parte del TODO. Es también una llamada a reconectarnos con nuestro propio ser, a través del cual estamos en interconexión con todo el Universo.
    El deseo del Fundador para la Familia fue expresado a través de las Constituciones y aprobado por la Santa Sede. En ellas escuchamos la voz de Dios, que nos llama a través del clamor de nuestro pueblo y de la Madre Tierra por una vida mejor. Mientras extendemos nuestra gratitud a nuestro Fundador, cuya visión es relevante incluso en el contexto actual, oigamos la invitación a caminar juntos con TODOS, compartiendo el sueño de que la comunión es posible.
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    [1] Francisco, Conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, 17 de octubre de 2015.
    Hna Rasika Pieris
    Colombo Province, Sri Lanka
     
     

  • Una gota de bondad, un océano de cambio…

    «Café en una mano, confianza en la otra». Esta frase expresa a la perfección el encanto del café. Es una bebida que inspira, da energía y conecta a las personas. Decidí explorar las razones por las que a la gente le encanta el café preguntando a algunos amigos. Sus respuestas fueron variadas, pero todas se centraron en los efectos positivos del café.
    Un amigo me dijo que el café le ayuda a superar el cansancio y a sentirse más concentrado y renovado. Otro que le gustaba el aroma y la cafeína del café, porque le ayuda a sentirse nuevo y bien. Para otro, el café ha sido un compañero constante desde la infancia y disfruta preparándolo para los demás.
    Reconozco sinceramente que no puedo expresar con palabras lo que me querían decir, pero sin duda puedo identificarme con ellos. Soy entusiasta del café, conozco la sensación de perder una parte de mi día cuando no tomo la taza de la mañana. Es como añorar a un compañero cercano. A veces, las experiencias de la vida nos hacen cuestionar nuestros encuentros con los demás. Podemos preguntarnos: «¿Por qué conocí a esta persona?» o «¿Por qué no la conocí antes?».  Sí, amigos, yo también tengo algo común con vosotros para compartir.
    En el año académico 2023-2024, hubo dos alumnos “héroes especiales”, Anmol Dahayat y Riyansh Gupta, que eran famosos por los ceros que tenían en los  exámenes. Para ayudarles a mejorar las notas , los nombré monitores de clase, busqué su ayuda, los elogié públicamente, les ofrecí oportunidades de participar en eventos escolares, destaqué sus logros y proporcioné comentarios positivos a sus padres. Se convirtieron en el centro de mi atención, recibiendo mi cariño, cuidado, preocupación y atención.
    El 25 de noviembre de 2023, la escuela secundaria Holy Cross Convent Senior Secondary School, organizó una «Fiesta escolar» para recaudar fondos para los pobres. Cada clase debía montar un número y, como profesora de la clase, seleccioné a un grupo de diez estudiantes, incluidos esos dos héroes Anmol Dahayat y Riyansh Gupta, para organizar un puesto de comida. La iniciativa y el trabajo duro de los estudiantes fueron encomiables, y los padres expresaron su agradecimiento. Nuestros esfuerzos fueron recompensados ​​con dos segundos premios: uno por disciplina y limpieza, y el otro por la importante recaudación de fondos en el nivel de enseñanza primaria. Esta experiencia tuvo un impacto positivo en todos los estudiantes, en particular en los dos estudiantes con dificultades. Ganaron confianza, mejoraron su rendimiento académico y fueron promovidos al siguiente grado. Estoy agradecida por la oportunidad y sobre todo a Dios por bendecirme con la calidad de ese café que acompañó a estos estudiantes en su camino de crecimiento y desarrollo.
    En agosto de 2024, un nuevo estudiante llamado Anirudh Kumar Sinha se unió a mi clase de cuarto grado. Aunque era de origen indio, había nacido y crecido en Etiopía. Anirudh se adaptó rápidamente a mi estilo de enseñanza y parecía contento.Como se unió a la clase tarde, procuré enseñarle a escribir en cursiva personalmente. Un día, Anirudh se me acercó y me preguntó: «Hermana, por favor no me malinterpretes, pero ¿por qué pareces tan enojada cuando entras al aula? En otros momentos eres más amable».
    Su honestidad me hizo reflexionar sobre mi propio comportamiento.  Le expliqué que a menudo usaba una máscara de ira temporal para manejar la clase. Aunque le extrañó, se quedó contento con mi explicación. Sin embargo, me obligó a preguntarme por qué sentía la necesidad de usar una máscara. ¿No podía sonreír y ser siempre amable? Su perspicaz pregunta me impulsó a examinarme y desde entonces entré en el aula con una actitud más positiva y simpática. Este niño de nueve años se convirtió en un “café de conciencia”. Le agradezco por abrirme los ojos a una nueva perspectiva.
    La vida nos brinda oportunidades para desarrollar las cualidades del café y ser “una taza de café” para los necesitados. Sí, seamos una fuente de amabilidad, consuelo e inspiración para los demás. Apreciemos también el café que otros traen a nuestras vidas, porque puede enriquecer nuestras experiencias y hacer que la vida sea más significativa.
    Hna Prince Elizabeth SAVARIYAR
    India
     
     

  • Nuestra Señora de Loreto

    ¿Quién es Nuestra Señora de Loreto? ¿Es sólo uno de los muchos nombres dados a María y cuál es el significado de este nombre?
    Debo confesar que todo lo que sabía sobre este título dado a María era sobre la casa que fue transportada en su totalidad por los ángeles, desde Nazaret a la ciudad de Loreto. Ya se trate de un mito o de la realidad, ¿a qué se debe la gran devoción, con miles de personas que siguen peregrinando anualmente a Loreto?
    ¿Por qué nuestro Fundador y varios Papas a lo largo de los siglos han sentido una gran devoción por Nuestra Señora de Loreto? El 24 de marzo de 1920, víspera de la fiesta de la Anunciación, el Papa Benedicto XV promulgó un decreto declarando a Nuestra Señora de Loreto patrona de los viajeros aéreos y de la aeronáutica. ¿Qué podemos aprender de la Virgen de Loreto y por qué es tan necesaria hoy su intercesión?
    Según la leyenda, la casa donde María vivió toda su vida y donde se le apareció el Arcángel Gabriel en Nazaret, es la misma que fue transportada por los ángeles el 10 de diciembre de 1291, para descansar finalmente en un pueblo de Italia llamado Loreto. Se cree que para proteger esta casa debido a su significado, fue milagrosamente reubicada finalmente en Loreto.
    Todo esto es un misterio sobre el que reflexionar… ¿tiene algún significado para la propia fe? A diferencia de la mayoría de las fiestas marianas, Nuestra Señora de Loreto no se refiere a una aparición o a un título mariano, sino a un edificio. En concreto, se refiere a la humilde casa en la que creció María y a los extraordinarios acontecimientos que allí tuvieron lugar.
    Lo importante es lo que podemos aprender de la Virgen de Loreto y por qué necesitamos hoy tan urgentemente su intercesión. El Papa Juan XXIII subrayó que «Loreto señalaba la vida de la Sagrada Familia como modelo y renovación de las familias y del mundo». (Tesis doctoral de Áine Hayde 2004) El Papa Juan Pablo II añadió a las letanías de Nuestra Señora, «Reina de las Familias».
    A lo largo de los siglos, Nuestra Señora de Loreto se ha convertido en un lugar para quienes necesitan consuelo, sanación y consuelo en tiempos de sufrimiento. Conocemos los retos a los que se enfrentan las familias hoy en día y especialmente nuestra familia de la Tierra, quizás ahora más que en ningún otro momento de la historia. Al igual que nuestro Fundador, Pedro Bienvenido Noailles, que bajo la inspiración de Nuestra Señora de Loreto tuvo la idea fundamental de formar una nueva sociedad en 1818 (Reglas Generales de 1844), nosotros también podemos pedir a Nuestra Señora de Loreto que interceda por nuestro mundo de hoy.
    Según nuestro Fundador, «rezar en Loreto era acercarse al misterio del amor de Dios manifestado en el seno de una familia muy favorecida» (P. Noailles y la Asociación de la Sagrada Familia). En esta Casa, lo sencillo, humilde y ordinario se convierte en extraordinario por el Fiat de María, la Encarnación (Lc 1,38). Dios toma forma humana (Juan 1:14) para que la humanidad pueda reconocer su divinidad y su interconexión con toda la vida. Ha habido alguna vez una historia de amor más grande que la de la efusión de amor de Dios, ¡dado sencillamente con tanta prodigalidad!
    En este tiempo de Adviento, al celebrar la fiesta de Nuestra Señora de Loreto, se nos invita a contemplar este gran amor y a la persona a través de la cual se hizo posible. María nos enseña a abrirnos a la Presencia, al abandono radical, para mostrar que Cristo vive en nosotros, por la fuerza del Espíritu Santo; que ha puesto su morada en nosotros como lo hizo en el seno de María y que también nosotros debemos dar a luz a Cristo allí donde estemos, especialmente en las situaciones que más lo necesitan.
     Este Amor encarnado no es para retenerlo, sino para darlo, para compartirlo generosamente y para permitirnos ser co-creadores de Comunión en nuestra dividida y sufriente comunidad de la Tierra, «Aprendemos a vivir ya no para nosotros mismos, sino para Dios Solo al servicio del Reino» (Artículo 9 de las Constituciones) – una invitación a vivir cada día con profunda conciencia, a involucrarnos plenamente con la vida, a abrirnos a la profunda unidad dentro de toda vida, a buscar la esencia sagrada en el corazón de todo, conectando toda vida en una sagrada red de comunión.  
    Hna. Cathy Murugan
    Sudáfrica
     
     
     
      
     

  • Peregrinos de la esperanza: una reflexión para el Adviento

     
    Al entrar en el tiempo de Adviento, nuestros corazones están turbados por las tragedias de nuestro tiempo. En efecto, los dramas de los emigrantes que perecen en el mar, el ascenso de la extrema derecha en nuestras democracias, caracterizada por el rechazo de la diversidad y del universalismo, así como los conflictos, las catástrofes naturales y la pobreza, sumen a muchos en la angustia. Como consecuencia, este contexto de miedo y vulnerabilidad lleva a algunos a pensar que «Dios está lejos» o que «la vida ya no tiene sentido». Sin embargo, el Adviento nos llama a la esperanza. Por eso se nos invita a plantearnos algunas preguntas esenciales: ¿cuándo volveremos a encontrar la seguridad? ¿Quién nos protegerá del mal? ¿Quién nos ayudará a renovar nuestras fuerzas para afrontar las transformaciones de este mundo?
    Una llamada a la esperanza
    Frente a estas incertidumbres, el Adviento nos invita a convertirnos en peregrinos de la esperanza. Como creyentes, tenemos la gracia de discernir destellos de esperanza en medio de la oscuridad. El Papa Francisco, en su bula para el Año Jubilar titulada Peregrinos de esperanza, nos exhorta precisamente a eso: «Debemos mantener encendida la llama de la esperanza y hacer todo lo posible para que todos encuentren la fuerza y la certeza de mirar al futuro con mente abierta, corazón confiado e inteligencia clarividente» (Vatican.va). Esta exhortación coincide también con el espíritu de fe del padre Pierre-Bienvenu Noailles, que escribió en una carta: «Bienaventuradas las almas que aprovechan las pruebas para amar y temer sólo a Dios… ¿Quién nos quitará a nuestro Dios? Y con Él, ¿por qué temer?» (Carta a Mme Machet, 4 de marzo de 1827). Estas palabras nos recuerdan que, incluso en la adversidad, la esperanza nos permite caminar con Dios.
    Con esta perspectiva, los textos de los domingos de Adviento C nos acompañan en este camino de esperanza.
    Para comenzar, el primer domingo nos invita al valor y a la fortaleza ante las dudas y los contratiempos, asegurándonos que Dios no nos abandonará.
    A continuación, el segundo domingo nos exhorta a no ceder a las preocupaciones, dándonos remedios para superar las pruebas, como la oración, el amor, la rectitud y el discernimiento vividos con alegría.
    Por otra parte, el tercer domingo se centra en la alegría, la verdadera alegría que proviene de saber que Dios actúa en nuestras vidas.
    Por último, el cuarto domingo nos llama a la esperanza, siguiendo el ejemplo de María e Isabel, que creyeron firmemente que «nada es imposible para Dios» (Lc 1,37). De hecho, su confianza total en el Señor les abrió las puertas de la salvación al acoger al Salvador, fuente de luz y de esperanza.
    Con este espíritu, nuestra responsabilidad como portadores de esperanza adquiere todo su sentido. Estamos llamados a traducir esta dinámica espiritual en acciones concretas al servicio de la misión de Dios.
    Nuestra responsabilidad como portadores de esperanza
    En el Consejo de Familia celebrado en Martillac en agosto de 2023, se identificaron tres prioridades para avanzar en comunión o sinodalidad. En primer lugar, profundizar y vivir la dimensión sinodal del carisma de la Sagrada Familia. En segundo lugar, necesitamos trabajar creativamente con los jóvenes. Por último, es crucial proteger la red de la vida reconociendo su valor sagrado. Estos compromisos reflejan nuestra responsabilidad colectiva en la misión de Dios hoy, haciendo del Adviento un «tiempo propicio» para la renovación y el compromiso.
    Primeramente, vivir la dimensión sinodal de nuestro carisma requiere una conversión interior, pasar del «yo» al «nosotros». En este sentido, implica oración sincera, escucha atenta y atención a las vulnerabilidades, al tiempo que se promueve la corresponsabilidad mediante un liderazgo participativo. Además, es imperativo mejorar la comunicación interna y externa, en particular a través de herramientas digitales, para construir una comunidad solidaria y activa.
    En segundo lugar, trabajar con los jóvenes requiere una sensibilidad especial para escucharles, entender su lenguaje y organizar iniciativas que les impliquen plenamente. Además, apoyarles en su vocación, ofreciéndoles al mismo tiempo un futuro inspirador a través de nuestro testimonio, refuerza esta misión.
    Por último, proteger la red de la vida significa respetar y preservar a cada ser conforme a la voluntad de Dios. Para ello es necesario que todos los miembros se comprometan a adoptar un estilo de vida responsable, ecológico y respetuoso de la dignidad humana. Para ello, es esencial educar y sensibilizar a las comunidades, inspirándose en particular en textos de la Iglesia como Laudato Si’, que llaman a una profunda conversión ecológica. Sin embargo, este enfoque requiere un cambio de mentalidad, que anime a todos a transformar su estilo de vida en una relación armoniosa consigo mismos, con los demás y con la naturaleza. En efecto, en un contexto lleno de desafíos, nuestra delegación puede verse confrontada a una diversidad de acciones que emprender, respondiendo al mismo tiempo a la necesidad crucial de promover esta transformación.
    Construir una comunión solidaria
    El Adviento nos invita a encarnar estos compromisos en nuestra vida personal, comunitaria y social. Como nos recordaba Pierre-Bienvenu Noailles: «Hablemos siempre favorablemente de quienes nos persiguen, devolvamos bien por mal… Pronto alcanzaremos nuestra meta» (Carta a Madame Machet, 13 de marzo de 1827). A través de nuestros actos de fe, solidaridad y comunión, podemos transformar nuestras comunidades en lugares de esperanza y de luz, respondiendo a la llamada de Dios al mundo.
    Padre Pascal DJEUMEGUED
    Sacerdote asociado, Camerún