María,
Todos los favores que he recibido de tu Hijo
los debo a tu intercesión.
Termina tu obra,
vela constantemente por mí para que sea fiel.
Obtenme las gracias que me son necesarias
para superar mi cobardí y los obstáculos que encuentre.
Me pongo en tus manos
porque Tú eres mi Madre
y me conducirás por el camino de la salvación.
Poco importa que tu Hijo permita sufrimientos y gozos en mi vida,
lo que deseo es cumplir su voluntad
en cualquier circunstancia y amarle sobre todas las cosas,
hasta mi muerte.
P.B. Noailles (Reglamento de vida , en San Sulpicio
julio 1819)
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